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miércoles, 4 de abril de 2018

Delirio de amor - Pascua con Santa Laura Montoya


¿Que es la Pascua si no los días gozosos en los que cantamos en victoria todos los cristianos? ¿Hay días más luminosos que cuando caminamos por el mundo testimoniando a Cristo resucitado, vencedor de la muerte y el pecado?  

Contemplando esta maravillosa verdad de nuestra fe nos podemos preguntar ¿Cómo vivían los santos el gozo de la Pascua del Señor? ¿No son los santos los grandes amigos de Jesús, los apóstoles que sin necesidad de ver al Señor resucitado la tarde del domingo de pascua lo predicaban con la misma intensidad y fe que aquellos que lo vieron?
Pues para iluminarnos en esta experiencia; Laura Montoya, la primera santa colombiana, abre la intimidad de su corazón, como una Magdalena de otros tiempos, para dar testimonio del encuentro con Jesús resucitado.

"Después de la Semana Santa de 1896, pasada en el campo, en completa soledad, comencé a sentir que ése, como fuego tan amargo, turbaba un poco mi razón. Me figuro así como la de los beodos a quienes el licor pone locos sin que se den cuenta. El sábado santo, después de aquellos días de recogimiento y meditación en un campo solitario y entre selvas que se llama la Amalia, salí a Fredonia y al día siguiente mi alma se desbordaba con los gozos de la resurrección, pero me había manejado bien en la comunión, pues había podido contenerme.
 
Estaba en la casa, cuando oí la música que anunciaba la procesión; me asomé a la puerta y al ver de lejos la imagen del Señor Resucitado ya no supe más de mí. ¡Ay! padre, cuánta vergüenza me da referir estas locuras, que sólo Jesús no más, debe conocer y que revelan yo no sé qué incontinencia del corazón y no sé qué más. Con el traje que tenía en la casa, sin mantilla y sin oír a los que me llamaban, salí a la carrera, me atravesé cantando recio toda la plaza en diagonal, para llegarme a la esquina por donde asomaba la procesión. Le canté esta estrofa:
 
¡Qué hermoso vuelves! ¿no ha sido un sueño
aquel horrible, sangriento leño,
aquellas horas de cruel dolor?
Yo era la causa de tu agonía,
y al contemplarla me consumía
remordimiento desgarrador.
 
Los duros hierros que te clavaron,
también el alma me atravesaban
también partían mi corazón;
también mis huesos se estremecieron
cuando los tuyos se desunieron,
con horrorosa dislocación.
 
Cuando llegué aquí me inundé en lágrimas y compadecida, una amiga, me tiró fuertemente de un brazo. Entonces advertí el corro que me hacían algunas señoras y mujercitas del campo y vi la manera como me había salido y supe que había cantado. ¡Dios mío! hubiera querido que la tierra me tragara, ¡que vergüenza y qué pecado me parecía esto!

La amiga que me contuvo me tranquilizaba dándome bromas con la cosa; pero yo no hubiera querido volver a recordar aquello, no por lo ridículo que aquello fue, sino por que se impusieran de mi interior. El amor, reverendo padre, tiene pudor y no le gusta que lo vean desnudo. ¿No es verdad? No fue ésta la única vez que fui vencida; pero las otras veces no tuve testigos o lo eran las discípulas de mucha confianza o una de mis compañeras de profesión que era como una hija. Sólo decían que cuando hablaba de Dios me enloquecía y respetaban la cosa. En estos casos es cuando una celda escondida hace falta." 
 
(Santa Laura Montoya - Autobiografia, Cap IX)

sábado, 1 de octubre de 2016

UNA ROSA DESHOJADA - Poesía de Santa Teresa del Niño Jesús, Doctora de la Iglesia.


Jesús, cuando te veo
que abandonas los brazos de tu Madre,
y tenido por ella, ensayas, vacilante,
por nuestra triste tierra
tus indecisos y primeros pasos,
yo quisiera ir delante
deshojando una rosa blanca y fresca,
y así tu piececito posaría
muy suave y dulcemente
sobre una flor.

 La rosa deshojada,
¡oh mi Niño divino!,
es la más fiel imagen
del corazón que quiere a cada instante
por tu amor inmolarse enteramente.
Hay muchas rosas frescas
que gustan de brillar en tus altares
y se entregan a ti.
Mas yo anhelo otra cosa:
deshojarme...

La rosa en su esplendor
puede, mi Niño, embellecer tu fiesta.
A la rosa en deshoje se la olvida,
se la tira y arroja
al capricho del viento.
La rosa, deshojándose,
se entrega a cada instante
con ansia de no ser.
Como ella, quiero yo buscar mi dicha
dándome, mi Jesús, del todo a ti.

Se pasa sobre pétalos
de rosa deshojada,
y se pisan sin pena.
Y esos muertos despojos
son un simple ornamento,
dispuestos al azar,
sin arte y sin estudio,
lo comprendo...
Yo prodigué mi vida,
prodigué mi futuro
por tu amor, ¡oh Jesús!
A los ojos profanos de los hombres,
como rosa marchita para siempre
un día moriré...

Mas moriré por ti, ¡oh Niño mío,
hermosura suprema!
¡Oh suerte venturosa!
Deshojándome quiero demostrarte
mi amor, ¡oh, mi tesoro...!
A zaga de tus pasos infantiles,
escondida vivir quiero aquí abajo.
Y aun suavizar quisiera
tus últimas pisadas
camino del Calvario...

 (Teresa del Niño Jesús y la Santa Faz - 19 de mayo de 1897)

Poema recitado en francés por Grégory Turpin, del album "Therese, Vivre d'Amour":


lunes, 27 de junio de 2016

Venerable Rafael Almansa Riaño: El santo de Bogotá.

Venerable Siervo de Dios Rafael Manuel Almanza Riaño 
(*Bogotá, 2 de agosto de 1840 -  +Bogotá, 27 de junio de 1927).

Sacerdote franciscano. Hijo legítimo de Ambrosio Almanza y María del Rosario Riaño, nació el 2 de agosto de 1840 en la casa cural de la Iglesia de la Veracruz, templo del que su padre era sacristán, y fue bautizado al día siguiente en la Iglesia de las Nieves.

A los 15 años ingresó al noviciado en el Convento de San Francisco, sucediendo mientras adelantaba sus estudios la orden de exclaustración de los conventos religiosos dictada por Tomás Cipriano de Mosquera en 1861, por lo cual debió abandonar la vida claustral, refugiándose en un principio en Engativá y después en Pamplona (Norte de Santander) donde terminó sus estudios y se ordenó sacerdote el 27 de mayo de 1866, bajo el auspicio del obispo Bonifacio Toscano.

Inició su labor pastoral como coadjutor del párroco de Pamplona y después como párroco de San José de Cúcuta, donde salvó a los niños de una escuela, casi proféticamente, durante el terremoto que arrasó la ciudad en 1875, pues ese día había llevado a los infantes a dar un paseo a las afueras de la ciudad.

A raíz de esta catástrofe se destruyó su parroquia y fue trasladado a Bucaramanga, donde permaneció 6 años como coadjutor de la Iglesia de San Laureano.

En 1881 ingresó nuevamente a la Comunidad Franciscana, pues se había permitido de nuevo la vida monástica en el país.

Más tarde, regresó a Bogotá para la reunión del Capítulo Provincial de los franciscanos, allí fue nombrado capellán de la Iglesia de San Francisco y definidor provincial, en 1895 viajó a Roma para participar del Capítulo General de la Orden Franciscana, tiempo en el cual también visitó los monasterios franceses, conoce al Papa León XIII y al Cardenal Guiseppe Sarto, futuro papa San Pío X.

En 1898, por diferencias con el visitador extraordinario, sacerdote Pedro A. Mas, el padre Almanza Riaño dejó de pertenecer jurídicamente a la Orden Franciscana, no obstante, el Arzobispo de Bogotá, Monseñor Bernardo Herrera Restrepo, lo nombró capellán de la Iglesia de San Diego, que aun siendo franciscana, había sido entregada a la Arquidiócesis por el padre Mas, pues éste consideraba que “ése no era ministerio para franciscanos”.
Iglesia de San Diego - Bogotá D.C


El padre Almanza continuó aquella parroquia por casi 30 años, tiempo durante el cual creció su fama de santidad y tuvieron lugar algunos sucesos interpretados como verdaderos milagros en vida por la comunidad bogotana de todas las clases sociales, entre los cuales el más famoso que se relata es el de la Virgen del Campo.

Se trata de una talla encontrada bajo un puente ubicado a la entrada de la iglesia, sobre el cual se decía que en las noches aparecía un halo misterioso, y que una vez desmontado salió en una sola pieza, develando así la imagen intacta en sus colores de Nuestra Señora del Campo, patrona de la Arquidiócesis de Bogotá, a la cual se le construyó un camerino en la pequeña ermita que celosamente vigiló el padre Almanza. 
Varios testimonios acerca de su fama de santidad fueron recogidos durante la celebración de sus bodas de oro sacerdotales (1916) y su fallecimiento (1927), aquí compartimos solo algúnos: 

"Siempre disponible y dispuesto a prodigar servicios, ayudas, consejos, y a toda hora recibiendo con afable bondad a cuantos buscaron la amistad y colaboración del sacerdote.
En él encontraban siempre los pobres y los ricos, los pequeños y los grandes, los creyentes y los incredulos, justos y pecadores, un corazón que les comprendia y que les animaba, y una mano que les bendecía y les perdonaba. El sacerdote del Altísimo, el rico capitalista, el periodista y el escritor, el humilde obrero, la sencilla sirvienta, el adolescente, la dama de la sociedad, el menesteroso, acudían a él y eran recibidos y muy comprendidos; ayudados y bien dirigidos." (Mr. Rafael Carrasquilla)

"Ni pensar que él condescendiera jamás con el error o con el vicio. Arrancaba de las almas las malas costumbres y los vicios, y se notaba que en su tímido pensamiento jamás anidaban el orgullo, la vanidad y los deseos mundanos. Ha sido siempre un verdadero maestro de humilad." (Marco Fidel Suarez - Presidente de Colombia 1918 - 1921)

Fotografía del Padre Almansa que refleja el semblante humilde que admiro a todos los capitalinos.
"Ya anciano, su rebosante mansedumbre y su maravillosa dulzura, fruto de su bondad y de la misericordia de su corazón, le infundían un encanto admirable. Amigo de todos, pero sus preferidos eran los pobres, los pecadores, los que estaban pasando situaciones difíciles y los sacerdotes que necesitaran de su perdón y de su animación. En su casa cada persona se sentía como en su propia casa, y el recuerdo de las tardes pasadas en su amigable compañia tan llena de calma y de serenidad, quedaba grabado gratamente para siempre en el ánimo." (A. Gómez Restrepo)

"Ningún sacerdote bogotano vestía tan pobre como el Padre Almansa, pero ninguno era tan amado y venerado por la gente, como él. Su túnica envejecida y remendada lo presentaba como un verdadero pobre de espíritu, de esos que según el evangelio, poseerán el reino de los cielos. Pobre de bienes terrenales, pero riquísimo en cualidades espirituales. Era pobre, era humilde, era silencioso, pero en santidad era el mejor de todos." (Armando Solano)

"El Padre Almansa fue la humildad en persona y la sencillez. En su retiro y recogimiento ha brillado más por su modestia y por su proverbial amabilidad que si hubiera ocupado los puestos más brillantes y vistosos. Su amplitud de corazón le llevaba a juzgar las acciones de los demás con gran bondad y mucha comprensión. Por su modestia y su carácter benévolo logró influir notablemente en la sociedad bogotana. Su simplicidad, mansedumbre y sencillez lo presentaban como un especial imitador de Jesucristo." (Eduardo Castillo)

La noche de su deceso, el 28 de junio de 1927 a las 8:30 de la noche las campanas de la Iglesia de San Diego comenzaron a tocar en toque de difunto, y un gran clamor popular recorrió la ciudad diciendo: “murió el santo, murió el santo”. La noticia estremeció a la pequeña Bogotá de ese entonces, y hasta los bohemios y alcohólicos lloraron la muerte del padre, pues este era al único que se atrevían a confesar sus pecados.

Durante la preparación de su cadáver para ser expuesto y su velorio, la muchedumbre repartió en trozos la ropa que el padre usó en vida para la veneración en casa, a la vez que ponían en sus manos todo tipo de imágenes religiosas.

Crónicas de la época cuentan que era tanta la concurrencia a sus honras fúnebres que una persona podía demorar hasta cinco horas para llegar al sitio donde se exponía su cadáver.

Al padre Almanza se le reconoce la tarea de evangelizar en una de las zonas más complicadas de la ciudad, pues su parroquia se hallaba ubicada entre el pecado, el crimen, la enfermedad y la muerte, pues los edificios colindantes eran el Panóptico Nacional, el Hospicio Psiquiátrico, el cementerio Central y un barrio de bohemios y prostitutas.

El Concejo de Bogotá, por medio del Acuerdo Municipal No.72 de 1927, decidió levantar un monumento en mármol en el lugar donde reposan sus restos mortales.
 


Abierto el proceso para su beatificación por parte del Señor Cardenal Pedro Rubiano Sáenz (en sus dos elementos medulares de la heroicidad de las virtudes y la comprobación de un milagro atribuido al Siervo de Dios), y terminada su fase canónica diocesana, el mismo fue llevado a Roma en 1996 por el Postulador de la Causa en Bogotá, Monseñor Alvaro Fandiño Franky. Hoy el proceso, estimulado por el Señor Cardenal Rubén Salazar Gómez, prosigue su curso en la Congregación para la Causa de los Santos.

Las virtudes heroicas del Siervo de Dios Rafael Almansa Riaño fueron promulgadas por el Papa Francisco el 10 de mayo de 2016, convirtiendose así en Venerable, y se da paso al milagro necesario para su beatificación.

Oración para pedir la beatificación

Del Venerable, P. Rafael Manuel Almansa Riaño
 
¡Oh señor, fuente de todo Don perfecto y de 
toda santidad, que quieres y alientas siempre 
la santidad de tus hijos: te pedimos devotamente 
que la pronta exaltación al honor de los altares de 
tu hijo sacerdote, El Padre Almansa, estimule la santidad 
de nuestra vida y nos alcance su intercesión ante tí, que 
con tu hijo y el espíritu santo vives y reinas por 
los siglos de los siglos. 
Amén.


(Con la aprobación dada el 23 marzo de 1996 por el Arzobispo de Bogotá, Señor Cardenal Pedro Rubiano Sáenz).


Las personas interesadas en obtener mayores informaciones, o que hayan recibido gracias por su intercesión pueden dirigirse a:

 Monseñor Alvaro Fandiño Franky
Curia Arzobispal  - Carrera 7ª. No. 10 – 20
Teléfono: 350 55 11  Bogotá – D.C.

Urna con los restos del Venerable Rafael Almansa en la Iglesia de San Diego en Bogotá D.C (Colombia)
 
Estampilla que emitió el Banco de la Republica en homenaje del Venerable en 1958.
Pintura de la panoramica de la Iglesia de San Diego en tiempos del Padre Almansa.

Bibliografía:
-www.vanguardia.com - "Virtudes heroicas" del Padre Almansa, primer paso para su beatificación.
- El padre Almansa, el sacerdote más popular de Bogotá, Apostolado Bíblico Católico, 2010. 
-www.arquibogota.org.co/causas de canonización/Rafael Almansa Riaño 

martes, 29 de diciembre de 2015

LA PAJARERA DEL NIÑO JESÚS - Poesia de Santa Teresa del Niño Jesús, Doctora de la Iglesia.

Derecha: Santa Teresita fotografeada en el patio de su monasterio en julio de 1896. Izquierda: Estatua del Niño Jesús, en uno de los corredores del monasterio, al que Teresa le tenia mucha devoción.

Para los desterrados de la tierra
Dios creó los graciosos pajarillos.
Ellos van gorjeando su plegaria
por bosques, valles, montes y laderas.

Los traviesos y alegres rapazuelos,
tras de escoger algunos preferidos,
los cazan y aprisionan
en lindas jaulas de doradas rejas.

¡Oh Jesús, hermanito!,
tú abandonaste el cielo por nosotros,
pero sabes muy bien que es el Carmelo
Niño divino, tu bella pajarera.

Amamos nuestra jaula,
sin ser ella dorada.
Nunca de su prisión escaparemos
ni a la llanura azul ni al bosque oscuro.

Jesús, los bosques de este mundo
no pueden contentarnos.
En la profunda soledad queremos
cantar para ti solo.

Es tu blanca manita
la que orienta y atrae nuestro vuelo.
¡Qué bellos son, oh Niño, tus encantos!
En tu sonrisa quedan,
cautivos de su luz, los pajarillos.

Aquí el alma sencilla, pura y cándida
halla el motivo exacto de su amor.
Aquí la blanca y tímida paloma
no teme ya el ataque del buitre carnicero.

En alas de una cálida plegaria
el corazón se eleva como alondra ligera,
como alondra que sube cantando
y sube altísima.

Se escucha aquí el gorjeo
del reyezuelo y del pinzón alegre.
Niño Jesús, tus pajarillos cantan,
en su jaula, tu santo y dulce nombre.

Vive siempre cantando el pajarillo,
su pan no le preocupa,
ni siembra ni recoge,
y un granito de mijo le contenta.

Y como al pajarillo,
en nuestra pajarera
todo, Divino Niño, nos viene de tu mano.
Sólo una cosa es necesaria, una,
y esta cosa es amarte.

Por eso, con los puros espíritus del cielo
contamos noche y día tus glorias y alabanzas.
Y sabemos con cuánto amor los ángeles
nos miran a nosotras,
tus pobres pajarillos del Carmelo.

Para enjugar las lágrimas
que te hacen derramar los pecadores,
tus pajarillos cantarán tus gracias,
y el dulce canto de tus avecillas
te atraerá corazones.

Un día, lejos de la triste tierra,
al escuchar tu voz y tu llamada,
desde tu pajarera
tus pajarillos volarán al cielo.

Y allí, con las falanges
de pequeños y alegres querubines,
eternamente, Niño,
cantaremos tus glorias.

(Teresa del Niño Jesús y la Santa Faz - Navidad de 1896)


Teresa fotografiada con su Niño Jesús el 20 de abril de 1895.  
 "Oh pequeño niño, mi único tesoro, tú te me muestras todo radiante de Amor. Yo me abandono a Tí. Oh Jesús, mi pequeño hermano, no quiero otra alegría que la de agradarte. Mi pequeño Rey, imprime en mi las virtudes de tu infancia" (S.Teresita del Niño Jesús).

miércoles, 4 de noviembre de 2015

SOLO JESÚS - Poesia de Santa Teresa del Niño Jesús, Doctora de la Iglesia

 
Mi corazón ardiente quiere darse sin tregua,
siente necesidad de mostrar su ternura.
Mas ¿quién comprenderá
mi amor, qué corazón
querrá corresponderme?
En vano espero y pido
que nadie pague con amor mi amor.
Sólo tú, mi Jesús,
eres capaz de contentar mi alma.
Nada puede encantarme aquí en la tierra,
no se halla aquí la verdadera dicha.
¡Mi única paz, mi amor, mi sola dicha
eres tú, mi Señor!

Tú supiste crear un corazón de madre,
por eso encuentro en ti
al más tierno y amable de los padres.
¡Oh, Jesús, mi único amor, Verbo eterno!,
tu corazón es para mí más dulce
que el corazón más dulce de una madre.
A cada instante y paso
me sigues en mis pasos y me guardas.
Cuando te llamo, acudes prontamente.
Y si, tal vez, parece que te escondes,
tú mismo vienes en mi ayuda luego
para poder buscarte.

En ti solo, Jesús, mi afición pongo,
corro a tus brazos, a esconderme en ellos.
Como un niño pequeño quiero amarte,
como un bravo soldado luchar quiero.
Como un niño, te colmo de caricias,
y de mi apostolado en la palestra
como un guerrero a combatir me lanzo...

Tu corazón divino,
que guarda y que devuelve la inocencia,
no es capaz de frustrar mis esperanzas.
En ti, Señor, reposan mis deseos:
después de este destierro,
al cielo a verte iré.
Cuando la tempestad se alza en mi alma,
levanto a ti mis ojos,
y en tu tierna mirada compasiva
yo leo tu respuesta:
"¡Hija mía, por ti creé los cielos!"

Yo sé que mis suspiros y mis lágrimas
ante ti están y te encantan, mi Señor.
Los serafines forman en el cielo
tu corte, y sin embargo
tú vienes a buscar mi pobre amor...
Quieres mi corazón, aquí lo tienes,
te entrego enteros todos mis deseos.
Y por ti, ¡oh mi Rey y Esposo mío!,
a los que amo seguiré yo amando.

(Teresa del Niño Jesús y la Santa Faz - 15 de Agosto de 1896)


 Poema Musicalizado por Natasha St-Pier y Grégory Turpin en el album "Vivre d'amour":

 


martes, 20 de octubre de 2015

HOMILÍA DE LA CANONIZACIÓN DE LOS SANTOS LUIS MARTIN Y CELIA GUERIN: (18 DE OCTUBRE DE 2015)

Tapiz de los santos esposos Martin en la fachada de la Basilica de San Pedro en Roma.
HOMILÍA DEL SANTO PADRE FRANCISCO

Plaza de San Pedro
XXIX Domingo del Tiempo Ordinario, 18 de octubre de 2015


 
Las lecturas bíblicas de hoy nos hablan del servicio y nos llaman a seguir a Jesús a través de la vía de la humildad y de la cruz.

El profeta Isaías describe la figura del Siervo de Yahveh (53,10-11) y su misión de salvación. Se trata de un personaje que no ostenta una genealogía ilustre, es despreciado, evitado de todos, acostumbrado al sufrimiento. Uno del que no se conocen empresas grandiosas, ni célebres discursos, pero que cumple el plan de Dios con su presencia humilde y silenciosa y con su propio sufrimiento. Su misión, en efecto, se realiza con el sufrimiento, que le ayuda a comprender a los que sufren, a llevar el peso de las culpas de los demás y a expiarlas. La marginación y el sufrimiento del Siervo del Señor hasta la muerte, es tan fecundo que llega a rescatar y salvar a las muchedumbres.

Jesús es el Siervo del Señor: su vida y su muerte, bajo la forma total del servicio (cf. Flp 2,7), son la fuente de nuestra salvación y de la reconciliación de la humanidad con Dios. El kerigma, corazón del Evangelio, anuncia que las profecías del Siervo del Señor se han cumplido con su muerte y resurrección. La narración de san Marcos describe la escena de Jesús con los discípulos Santiago y Juan, los cuales –sostenidos por su madre– querían sentarse a su derecha y a su izquierda en el reino de Dios (cf. Mc 10,37), reclamando puestos de honor, según su visión jerárquica del reino. El planteamiento con el que se mueven estaba todavía contaminado por sueños de realización terrena. Jesús entonces produce una primera «convulsión» en esas convicciones de los discípulos haciendo referencia a su camino en esta tierra: «El cáliz que yo voy a beber lo beberéis … pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, sino que es para quienes está reservado» (vv. 39-40). Con la imagen del cáliz, les da la posibilidad de asociarse completamente a su destino de sufrimiento, pero sin garantizarles los puestos de honor que ambicionaban. Su respuesta es una invitación a seguirlo por la vía del amor y el servicio, rechazando la tentación mundana de querer sobresalir y mandar sobre los demás.

Frente a los que luchan por alcanzar el poder y el éxito, para hacerse ver, frente a los que quieren ser reconocidos por sus propios meritos y trabajos, los discípulos están llamados a hacer lo contrario. Por eso les advierte: «Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor» (vv. 42-43). Con estas palabras señala que en la comunidad cristiana el modelo de autoridad es el servicio. El que sirve a los demás y vive sin honores ejerce la verdadera autoridad en la Iglesia. Jesús nos invita a cambiar de mentalidad y a pasar del afán del poder al gozo de desaparecer y servir; a erradicar el instinto de dominio sobre los demás y vivir la virtud de la humildad.
Reliquias de los 4 nuevos santos.


Y después de haber presentado un ejemplo de lo que hay que evitar, se ofrece a sí mismo como ideal de referencia. En la actitud del Maestro la comunidad encuentra la motivación para una nueva concepción de la vida: «Porque el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos» (v. 45).

En la tradición bíblica, el Hijo del hombre es el que recibe de Dios «poder, honor y reino» (Dn 7,14). Jesús da un nuevo sentido a esta imagen y señala que él tiene el poder en cuanto siervo, el honor en cuanto que se abaja, la autoridad real en cuanto que está disponible al don total de la vida. En efecto, con su pasión y muerte él conquista el último puesto, alcanza su mayor grandeza con el servicio, y la entrega como don a su Iglesia.

Hay una incompatibilidad entre el modo de concebir el poder según los criterios mundanos y el servicio humilde que debería caracterizar a la autoridad según la enseñanza y el ejemplo de Jesús. Incompatibilidad entre las ambiciones, el carrerismo y el seguimiento de Cristo; incompatibilidad entre los honores, el éxito, la fama, los triunfos terrenos y la lógica de Cristo crucificado. En cambio, sí que hay compatibilidad entre Jesús «acostumbrado a sufrir» y nuestro sufrimiento. Nos lo recuerda la Carta a los Hebreos, que presenta a Cristo como el sumo sacerdote que comparte totalmente nuestra condición humana, menos el pecado: «No tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino que ha sido probado en todo, como nosotros, menos en el pecado» (4,15). Jesús realiza esencialmente un sacerdocio de misericordia y de compasión. Ha experimentado directamente nuestras dificultades, conoce desde dentro nuestra condición humana; el no tener pecado no le impide entender a los pecadores. Su gloria no está en la ambición o la sed de dominio, sino en el amor a los hombres, en asumir y compartir su debilidad y ofrecerles la gracia que restaura, en acompañar con ternura infinita, acompañar su atormentado camino.

Cada uno de nosotros, en cuanto bautizado, participa del sacerdocio de Cristo; los fieles laicos del sacerdocio común, los sacerdotes del sacerdocio ministerial. Así, todos podemos recibir la caridad que brota de su Corazón abierto, tanto por nosotros como por los demás: llegando a ser «canales» de su amor, de su compasión, especialmente con los que sufren, los que están angustiados, los que han perdido la esperanza o están solos.

Los santos proclamados hoy sirvieron siempre a los hermanos con humildad y caridad extraordinaria, imitando así al divino Maestro. San Vicente Grossi fue un párroco celoso, preocupado por las necesidades de su gente, especialmente por la fragilidad de los jóvenes. Distribuyó a todos con ardor el pan de la Palabra y fue buen samaritano para los más necesitados.

Santa María de la Purísima, sacando de la fuente de la oración y de la contemplación, vivió personalmente con gran humildad el servicio a los últimos, con una dedicación particular hacia los hijos de los pobres y enfermos.

Los santos esposos Luis Martin y María Azelia Guérin vivieron el servicio cristiano en la familia, construyendo cada día un ambiente lleno de fe y de amor; y en este clima brotaron las vocaciones de las hijas, entre ellas santa Teresa del Niño Jesús.

El testimonio luminoso de estos nuevos santos nos estimulan a perseverar en el camino del servicio alegre a los hermanos, confiando en la ayuda de Dios y en la protección materna de María. Ahora, desde el cielo, velan sobre nosotros y nos sostienen con su poderosa intercesión.

Al final de la ceremonia el Santo Padre es saludado por cientos de peregrinos franceses que asistieron a la ceremonia de Canonización.