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martes, 20 de octubre de 2015

HOMILÍA DE LA CANONIZACIÓN DE LOS SANTOS LUIS MARTIN Y CELIA GUERIN: (18 DE OCTUBRE DE 2015)

Tapiz de los santos esposos Martin en la fachada de la Basilica de San Pedro en Roma.
HOMILÍA DEL SANTO PADRE FRANCISCO

Plaza de San Pedro
XXIX Domingo del Tiempo Ordinario, 18 de octubre de 2015


 
Las lecturas bíblicas de hoy nos hablan del servicio y nos llaman a seguir a Jesús a través de la vía de la humildad y de la cruz.

El profeta Isaías describe la figura del Siervo de Yahveh (53,10-11) y su misión de salvación. Se trata de un personaje que no ostenta una genealogía ilustre, es despreciado, evitado de todos, acostumbrado al sufrimiento. Uno del que no se conocen empresas grandiosas, ni célebres discursos, pero que cumple el plan de Dios con su presencia humilde y silenciosa y con su propio sufrimiento. Su misión, en efecto, se realiza con el sufrimiento, que le ayuda a comprender a los que sufren, a llevar el peso de las culpas de los demás y a expiarlas. La marginación y el sufrimiento del Siervo del Señor hasta la muerte, es tan fecundo que llega a rescatar y salvar a las muchedumbres.

Jesús es el Siervo del Señor: su vida y su muerte, bajo la forma total del servicio (cf. Flp 2,7), son la fuente de nuestra salvación y de la reconciliación de la humanidad con Dios. El kerigma, corazón del Evangelio, anuncia que las profecías del Siervo del Señor se han cumplido con su muerte y resurrección. La narración de san Marcos describe la escena de Jesús con los discípulos Santiago y Juan, los cuales –sostenidos por su madre– querían sentarse a su derecha y a su izquierda en el reino de Dios (cf. Mc 10,37), reclamando puestos de honor, según su visión jerárquica del reino. El planteamiento con el que se mueven estaba todavía contaminado por sueños de realización terrena. Jesús entonces produce una primera «convulsión» en esas convicciones de los discípulos haciendo referencia a su camino en esta tierra: «El cáliz que yo voy a beber lo beberéis … pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, sino que es para quienes está reservado» (vv. 39-40). Con la imagen del cáliz, les da la posibilidad de asociarse completamente a su destino de sufrimiento, pero sin garantizarles los puestos de honor que ambicionaban. Su respuesta es una invitación a seguirlo por la vía del amor y el servicio, rechazando la tentación mundana de querer sobresalir y mandar sobre los demás.

Frente a los que luchan por alcanzar el poder y el éxito, para hacerse ver, frente a los que quieren ser reconocidos por sus propios meritos y trabajos, los discípulos están llamados a hacer lo contrario. Por eso les advierte: «Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor» (vv. 42-43). Con estas palabras señala que en la comunidad cristiana el modelo de autoridad es el servicio. El que sirve a los demás y vive sin honores ejerce la verdadera autoridad en la Iglesia. Jesús nos invita a cambiar de mentalidad y a pasar del afán del poder al gozo de desaparecer y servir; a erradicar el instinto de dominio sobre los demás y vivir la virtud de la humildad.
Reliquias de los 4 nuevos santos.


Y después de haber presentado un ejemplo de lo que hay que evitar, se ofrece a sí mismo como ideal de referencia. En la actitud del Maestro la comunidad encuentra la motivación para una nueva concepción de la vida: «Porque el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos» (v. 45).

En la tradición bíblica, el Hijo del hombre es el que recibe de Dios «poder, honor y reino» (Dn 7,14). Jesús da un nuevo sentido a esta imagen y señala que él tiene el poder en cuanto siervo, el honor en cuanto que se abaja, la autoridad real en cuanto que está disponible al don total de la vida. En efecto, con su pasión y muerte él conquista el último puesto, alcanza su mayor grandeza con el servicio, y la entrega como don a su Iglesia.

Hay una incompatibilidad entre el modo de concebir el poder según los criterios mundanos y el servicio humilde que debería caracterizar a la autoridad según la enseñanza y el ejemplo de Jesús. Incompatibilidad entre las ambiciones, el carrerismo y el seguimiento de Cristo; incompatibilidad entre los honores, el éxito, la fama, los triunfos terrenos y la lógica de Cristo crucificado. En cambio, sí que hay compatibilidad entre Jesús «acostumbrado a sufrir» y nuestro sufrimiento. Nos lo recuerda la Carta a los Hebreos, que presenta a Cristo como el sumo sacerdote que comparte totalmente nuestra condición humana, menos el pecado: «No tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino que ha sido probado en todo, como nosotros, menos en el pecado» (4,15). Jesús realiza esencialmente un sacerdocio de misericordia y de compasión. Ha experimentado directamente nuestras dificultades, conoce desde dentro nuestra condición humana; el no tener pecado no le impide entender a los pecadores. Su gloria no está en la ambición o la sed de dominio, sino en el amor a los hombres, en asumir y compartir su debilidad y ofrecerles la gracia que restaura, en acompañar con ternura infinita, acompañar su atormentado camino.

Cada uno de nosotros, en cuanto bautizado, participa del sacerdocio de Cristo; los fieles laicos del sacerdocio común, los sacerdotes del sacerdocio ministerial. Así, todos podemos recibir la caridad que brota de su Corazón abierto, tanto por nosotros como por los demás: llegando a ser «canales» de su amor, de su compasión, especialmente con los que sufren, los que están angustiados, los que han perdido la esperanza o están solos.

Los santos proclamados hoy sirvieron siempre a los hermanos con humildad y caridad extraordinaria, imitando así al divino Maestro. San Vicente Grossi fue un párroco celoso, preocupado por las necesidades de su gente, especialmente por la fragilidad de los jóvenes. Distribuyó a todos con ardor el pan de la Palabra y fue buen samaritano para los más necesitados.

Santa María de la Purísima, sacando de la fuente de la oración y de la contemplación, vivió personalmente con gran humildad el servicio a los últimos, con una dedicación particular hacia los hijos de los pobres y enfermos.

Los santos esposos Luis Martin y María Azelia Guérin vivieron el servicio cristiano en la familia, construyendo cada día un ambiente lleno de fe y de amor; y en este clima brotaron las vocaciones de las hijas, entre ellas santa Teresa del Niño Jesús.

El testimonio luminoso de estos nuevos santos nos estimulan a perseverar en el camino del servicio alegre a los hermanos, confiando en la ayuda de Dios y en la protección materna de María. Ahora, desde el cielo, velan sobre nosotros y nos sostienen con su poderosa intercesión.

Al final de la ceremonia el Santo Padre es saludado por cientos de peregrinos franceses que asistieron a la ceremonia de Canonización.

domingo, 17 de mayo de 2015

HOMILÍA DE LA CANONIZACIÓN DE SANTA TERESITA DEL NIÑO JESÚS Y LA SANTA FAZ POR S.S PIO XI: (17 DE MAYO DE 1925)

Derecha: El Papa Pio XI, que hasta hoy es uno de los mas grandes devotos que ha tenido la "florecilla de Lisieux". Izquierda: Ceremonia de Canonización pintada por Sor Genoveva de la Santa Faz (Celina) en base a una fotografia real.


HOMILÍA DEL SANTO PADRE PIO XI

Basilica Vaticana, 17 de mayo de 1925.


Venerables hermanos, amados hijos:

“Sea bendito Dios, Padre de Nuestro Señor Jesucristo, Padre misericordioso y Dios de toda consolación” que en medio de las innumerables preocupaciones de nuestro ministerio apostólico, nos ha concedido la alegría de inscribir como nuestra primera santa a aquella virgen que en un primer momento, después del inicio nuestro pontificado, elevamos al honor de los beatos. Se trata de aquella que fue como un niño en el espíritu: de aquella infancia que no es posible separarla de la grandeza de su alma pero cuya gloria, de acuerdo con las mismas promesas de Jesucristo, es absolutamente digna de ser consagrada en la Jerusalén celestial como en la Iglesia militante.


De igual manera, agradecemos a Dios porque hoy se nos permite, como Vicario de su Unigénito, de repetir e inculcar en todos ustedes, desde esta Cátedra de la verdad y durante este solemne rito, un recordatorio muy saludable de las enseñanzas del divino Maestro. Después de que los discípulos le interrogaron sobre quién era el mayor en el reino de los cielos, Él, “llamando a un niño lo puso en medio de ellos” y pronuncio aquellas memorables palabras: “En verdad os digo, que si no os convertís y os hacéis como niños, no entraran en el reino de los cielos”.  (Mateo 18: 2)


Teresa, la nueva santa, habiendo vivamente absorbido esta doctrina evangélica, la traduce a la práctica de la vida cotidiana; de hecho, con la palabra y con el ejemplo enseñó a las novicias de su monasterio esta vía de la infancia espiritual, y a todos que por medio de sus escritos, escritos que, se han difundido por todo el mundo y que después de leer se siguen leyendo una y otra vez por el máximo beneficio y alegría que dan al alma. De hecho, esta joven que floreció en el claustro del Carmelo, y que agrego a su nombre el del Niño Jesús, volvió sobre si misma su imagen; entonces hay que decir que cualquier persona que venera a Teresa, venera y alaba el divino ejemplo que ella copio en sí.


Hoy en día, por lo tanto, esperamos que en la mente de los fieles pueda venir el deseo de practicar esta infancia espiritual, que consiste en esto: que todo lo que el niño piensa y hace por naturaleza, nosotros lo hagamos en ejercicio de la virtud. Los niños pequeños no están perturbados por los pecados e cegados por las pasiones y disfrutan de la paz en la posesión de su inocencia (y sin ningún medio de engaño o hipocresía expresan sinceramente sus pensamientos y obras, de forma que se muestran como realmente son), por lo que Teresa mostraba una naturaleza más angélica que humana, y conquisto la simplicidad del niño, según la ley de la verdad y la justicia.


La Doncella de Lisieux tenía siempre presente en la memoria la invitación y las promesas de su Esposo divino: “Quien sea pequeño (Prov. 9:4), venga a mí. Sera llevado a mi pecho y os acariciare sobre mis rodillas como lo hace una madre, así os consolare” (Is. 64: 12-13), por lo que Teresa es consciente de su debilidad, se encomendó a la divina providencia a fin de que, apoyándose únicamente en su ayuda, podría lograr la perfecta santidad de la vida, incluso cuando experimentaba dificultades, y de una absoluta abdicación, pero gozosa, de su propia voluntad.


Siendo así, no debemos sorprendernos de que esta santa hermana se haya realizado tal como lo ha dicho Cristo: “Quien se haga como este niño será el mayor en el reino de los cielos” (Mateo 18:4). La benevolencia divina la ha enriquecido con el don de una casi singular. Después de haber recibido en gran medida la verdadera doctrina de la fe de la enseñanza del catecismo, la ascesis del libro dorado de la Imitación de Cristo y de los volúmenes místicos de su padre San Juan de la Cruz, también alimentan su mente y su corazón con asiduidad la lectura de las Sagradas Escrituras, el Espíritu de la verdad le comunico y manifestó lo que suele esconder a los “sabios y orgullosos” y revela a “los más pequeños”; de hecho, ella – según el testimonio de nuestro predecesor- estaba dotada de tanta ciencia de las cosas celestiales que puede señalar a otros el camino cierto de la salvación. Y a partir de esto que ofrece una rica participación de la luz y de la divina gracia encendió en Teresa un incendio tan grande de caridad que, portándola continuamente fuera del cuerpo, al final la consumió, tanto que, poco antes de salir de esta vida, ella podía decir con franqueza “No le he dado a Dios otra cosa que amor”. Resulta claro que por esta ardiente caridad, en la joven de Lisieux existía el propósito y el empeño “Trabajar por amor de Jesús, solo para complacerlo, para consolar su santísimo corazón y para promover la salvación eterna de las almas, que Cristo amó para siempre” que ella había comenzado a hacer, y obtiene  al momento de entrar en la patria celestial y se comprende ahora, fácilmente, con aquella mística lluvia de rosas, que por concesión divina, ella había prometido aún en vida y que ya ha derramado sobre la tierra y sigue derramando.


Por lo tanto, venerables hermanos y amados hijos, deseo firmemente que todos los cristianos  sean dignos de participar en esta  gran efusión de gracias, patrocinada por la Pequeña Teresa;  Pero deseamos mucho más fervientemente  que todos los fieles que la miran con diligencia, se comporten como niños, porque si no son tales, como dice Cristo, serán excluidos del reino de los cielos. Si todo descubrieran este camino de la infancia espiritual, todo el mundo verá lo fácil que es conseguir aquella corrección de la sociedad humana que hemos propuesto desde  temprano en nuestro pontificado y especialmente iniciando este Jubileo Máximo.


Así que hacemos nuestra la oración con la que la nueva  Santa Teresa del Niño Jesús, terminó su preciosa autobiografía: "Te rogamos, oh buen Jesús, que resguardes el gran número de las pequeñas almas y elige en la tierra una legión de víctimas, que sean dignos de tu amor”. Que así sea.


Traducción: Jhonatan Alarcón.


Galeria de Imagenes

Alegoria de la Canonización "mistica" de Santa Teresita pintada por Sor María del Espiritu Santo (del Carmelo de Lisieux) en 1925.


Diseño del tapiz utilizado para la Canonización de Santa Teresita, pintado por Sor Genoveva de la Santa Faz (Celina), Sor María del Espiritu Santo y Pascal Blanchard en 1924.
Rara fotografia de la Canonización de Santa Teresa en 1925.

Panoramica de la Basilica de San Pedro iluminda con cirios por la Canonización de Teresa de Lisieux en 1925.

Diseño del tapiz que colgó en la fachada de la Basilica de San Pedro durante la beatificación (29 de abril de 1923) y la Canonización (17 de mayo de 1925) de Teresa de Lisieux.















Proseción en lisieux, con las reliquias de Santa Teresita, en julio de 1925. Dos meses después de su Canonización.

martes, 12 de mayo de 2015

HOMILÍA DE LA CANONIZACIÓN DE SANTA LAURA MONTOYA - 12 DE MAYO DE 2013.

 
HOMILÍA DEL SANTO PADRE FRANCISCO


Plaza de San Pedro VII Domingo de Pascua, 12 de mayo de 2013


Queridos hermanos y hermanas:

En este séptimo domingo del Tiempo Pascual, nos reunimos con alegría para celebrar una fiesta de la santidad. Damos gracias a Dios que ha hecho resplandecer su gloria, la gloria del Amor, en los Mártires de Otranto, la Madre Laura Montoya y la Madre María Guadalupe García Zavala. Saludo a todos los que habéis venido a esta fiesta —de Italia, Colombia, México y otros países— y os lo agradezco. Miremos a los nuevos santos a la luz de la Palabra de Dios que ha sido proclamada. Una palabra que nos invita a la fidelidad a Cristo, incluso hasta el martirio; nos ha llamado a la urgencia y la hermosura de llevar a Cristo y su Evangelio a todos; y nos ha hablado del testimonio de la caridad, sin la cual, incluso el martirio y la misión pierden su sabor cristiano.

1. Los Hechos de los Apóstoles, cuando hablan del diácono Esteban, el protomártir, insisten en decir que él era un hombre «lleno del Espíritu Santo» (6,5; 7,55). ¿Qué significa esto? Significa que estaba lleno del amor de Dios, que toda su persona, su vida, estaba animada por el Espíritu de Cristo resucitado hasta el punto de seguir a Jesús con fidelidad total, hasta hasta la entrega de sí mismo.

Hoy la Iglesia propone a nuestra veneración una multitud de mártires, que en 1480 fueron llamados juntos al supremo testimonio del Evangelio. Casi 800 personas, supervivientes del asedio y la invasión de Otranto, fueron decapitadas en las afueras de la ciudad. No quisieron renegar de la propia fe y murieron confesando a Cristo resucitado. ¿Dónde encontraron la fuerza para permanecer fieles? Precisamente en la fe, que nos hace ver más allá de los límites de nuestra mirada humana, más allá de la vida terrena; hace que contemplemos «los cielos abiertos» –como dice san Esteban – y a Cristo vivo a la derecha del Padre. Queridos amigos, conservemos la fe que hemos recibido y que es nuestro verdadero tesoro, renovemos nuestra fidelidad al Señor, incluso en medio de los obstáculos y las incomprensiones. Dios no dejará que nos falten las fuerzas ni la serenidad. Mientras veneramos a los Mártires de Otranto, pidamos a Dios que sostenga a tantos cristianos que, precisamente en estos tiempos, ahora, y en tantas partes del mundo, todavía sufren violencia, y les dé el valor de ser fieles y de responder al mal con el bien.

2. La segunda idea la podemos extraer de las palabras de Jesús que hemos escuchado en el Evangelio: «Ruego por los que creerán en mí por la palabra de ellos, para que sean uno, como
tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también lo sean en nosotros» (Jn 17,20). Santa Laura Montoya fue instrumento de evangelización primero como maestra y después como madre espiritual de los indígenas, a los que infundió esperanza, acogiéndolos con ese amor aprendido de Dios, y llevándolos a Él con una eficaz pedagogía que respetaba su cultura y no se contraponía a ella. En su obra de evangelización Madre Laura se hizo verdaderamente toda a todos, según la expresión de san Pablo (cf. 1 Co 9,22). También hoy sus hijas espirituales viven y llevan el Evangelio a los lugares más recónditos y necesitados, como una especie de vanguardia de la Iglesia.

Tapiz de la Canonización.
Esta primera santa nacida en la hermosa tierra colombiana nos enseña a ser generosos con Dios, a no vivir la fe solitariamente —como si fuera posible vivir la fe aisladamente—, sino a comunicarla, a irradiar la alegría del Evangelio con la palabra y el testimonio de vida allá donde nos encontremos. En cualquier lugar donde estemos, irradiar esa vida del Evangelio. Nos enseña a ver el rostro de Jesús reflejado en el otro, a vencer la indiferencia y el individualismo, que corroe las comunidades cristianas y corroe nuestro propio corazón, y nos enseña a acoger a todos sin prejuicios, sin discriminación, sin reticencia, con auténtico amor, dándoles lo mejor de nosotros mismos y, sobre todo, compartiendo con ellos lo más valioso que tenemos, que no son nuestras obras o nuestras organizaciones, no. Lo más valioso que tenemos es Cristo y su Evangelio.

3. Por último, una tercera idea. En el Evangelio de hoy, Jesús reza al Padre con estas palabras: «Les he dado a conocer y les daré a conocer tu nombre, para que el amor que me tenías esté en ellos y yo en ellos» (Jn 17,26). La fidelidad hasta la muerte de los mártires, la proclamación del Evangelio a todos se enraízan, tienen su raíz, en el amor de Dios, que ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo (cf. Rm 5,5), y en el testimonio que hemos de dar de este amor en nuestra vida diaria. Santa Guadalupe García Zavala lo sabía bien. Renunciando a una vida cómoda —cuánto daño hace la vida cómoda, el bienestar; el aburguesamiento del corazón nos paraliza— y, renunciando a una vida cómoda para seguir la llamada de Jesús, enseñaba a amar la pobreza, para poder amar más a los pobres y los enfermos. Madre Lupita se arrodillaba en el suelo del hospital ante los enfermos y ante los abandonados para servirles con ternura y compasión. Y esto se llama «tocar la carne de Cristo». Los pobres, los abandonados, los enfermos, los marginados son la carne de Cristo. Y Madre Lupita tocaba la carne de Cristo y nos enseñaba esta conducta: no avergonzarnos, no tener miedo, no tener repugnancia a tocar la carne de Cristo. Madre Lupita había entendido qué significa eso de «tocar la carne de Cristo». También hoy sus hijas espirituales buscan reflejar el amor de Dios en las obras de caridad, sin ahorrar sacrificios y afrontando con mansedumbre, con constancia apostólica (hypomonē), soportando con valentía cualquier obstáculo.

Esta nueva santa mexicana nos invita a amar como Jesús nos ha amado, y esto conlleva no encerrarse en uno mismo, en los propios problemas, en las propias ideas, en los propios intereses, en ese pequeño mundito que nos hace tanto daño, sino salir e ir al encuentro de quien tiene necesidad de atención, compresión y ayuda, para llevarle la cálida cercanía del amor de Dios, a través de gestos concretos de delicadeza, de afecto sincero y de amor.

Fidelidad a Jesucristo y a su Evangelio, para anunciarlo con la palabra y con la vida, dando testimonio del amor de Dios con nuestro amor, con nuestra caridad hacia todos: los santos que hemos proclamado hoy son ejemplos luminosos de esto, y esto nos ofrecen sus enseñanzas, pero también cuestionan nuestra vida de cristianos: ¿Cómo es mi fidelidad al Señor? Llevemos con nosotros esta pregunta para pensarla durante la jornada: ¿Cómo es mi fidelidad a Cristo? ¿Soy capaz de «hacer ver» mi fe con respeto, pero también con valentía? ¿Estoy atento a los otros? ¿Me percato del que padece necesidad? ¿Veo a los demás como hermanos y hermanas a los que debo amar? Por intercesión de la Santísima Virgen María y de los nuevos santos, pidamos que el Señor colme nuestra vida con la alegría de su amor. Así sea.

Panoramica de la ceremonia de Canonización - 12/mayo/2013

lunes, 2 de marzo de 2015

LUIS MARTIN Y CELIA GUERIN SERÁN CANONIZADOS EN OCTUBRE DE 2015!!!

El anuncio de la Fecha:


Esta mañana el Papa Francisco presidió un Consistorio ordinario Público para la canonización de cuatro beatos, entre ellos Louis Martin y Zelie Guérin, padres de Santa Teresa de Lisieux, también conocida como Santa Teresita del Niño Jesús. El Santo Padre decretó que sean inscritos en el libro de los santos el 18 de octubre... La canonización de los padres de Santa Teresita de Lisieux y de los otros beatos tendrá lugar en pleno Sínodo Ordinario de la Familia, que se celebrará del 4 al 25 de octubre.

Precisamente, el Sínodo lleva como tema principal “La vocación y la misión de la familia en la Iglesia y el mundo contemporáneo”.

De hecho, en la Asamblea General Extraordinaria del Sínodo de los Obispos que se celebró en Roma del 5 al 19 de octubre de 2014 sobre el tema “Los desafíos pastorales sobre la familia en el contexto de la evangelización”, estuvieron presentes las reliquias de Santa Teresita del Niño Jesús y las de sus padres, para que inspirasen los trabajos de reflexión. (Aciprensa.com - 27 de junio de 2015)

La aprobación del Milagro:


El santo padre Francisco ha recibido esta mañana al cardenal Angelo Amato, prefecto de la Congregación de la Causa de los Santos. De este modo ha promulgado el decreto que atribuye un milagro a la intercesión de los padres de santa Teresita del Niño Jesús, Louis y Zélie Martin. Por lo tanto, el matrimonio será proclamado santo. (Zenit.org - 18 de marzo de 2015)


Palabras del Señor Cardenal Angelo Amato, Prefecto para la Congregación de las Causas de los Santos:


El Cardenal Angelo Amato, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, anunció que los padres de Santa Teresita de Lisieux, Louis y Zelie Martin, serán canonizados en octubre de este año, mes en el que se realizará el Sínodo de la Familia en el Vaticano.

El anuncio del Cardenal Amato se da solo algunos días luego que el Obispo de Bayeux-Lisieux (Francia) informara su intención de abrir la causa de beatificación de la hermana “difícil” de Santa Teresa de Lisieux, Leonia Martin, la tercera de los nueve hijos del matrimonio de Louis y Zelie.

“Gracias a Dios en octubre se canonizarán a dos cónyuges, los padres de Santa Teresa de Lisieux”, dijo el Cardenal Amato durante en un reciente encuentro organizado por la Librería Editora Vaticana para hablar sobre el tema “¿Para qué sirven los santos?”, resaltando la importancia de la santidad de la familia, tema del Sínodo que reunirá a cardenales, obispos y expertos de todo el mundo para reflexionar sobre el tema de la familia.

“Los santos no solo son los sacerdotes y las religiosas, sino también los laicos”, aseguró el Purpurado refiriéndose al matrimonio francés.
Louis y Zelie fueron beatificados el 19 de octubre de 2008 por el entonces Papa Benedicto XVI y su canonización sería la primera en la historia de este tipo.
Su camino a los altares ha superado en el tiempo a los cónyuges Luigi y Maria Beltrame Quattrochi, beatificados también simultáneamente en octubre del año 2001.

Louis y Zelie Martin son los padres Santa Teresita del Niño Jesús, Patrona de las misiones y una de las santas más queridas por el Papa Francisco, proclamada Doctora de la Iglesia por el Papa San Juan Pablo II en 1997.

Casados en 1858, Louis y Zelie tuvieron nueve niños, de los cuales cuatro murieron en la infancia y cinco siguieron la vida religiosa.

(Aciprensa.com - 2 de marzo de 2015)

Recamara donde nació Santa Teresa del Niño Jesús y murió Santa Celia Guerin, hoy, Santuario de la Familia Martin en  Alençon - Francia.


Click aqui si deseas saber todo lo relacionado con el milagro que llevará a los altares a los beatos esposos Martín.

Click aquí si deseas saber lo relacionado con la apertura de la causa de beatificación de Leonie Martin, la tercera hija de los beatos Luis Martín y Celia Guerin y hermana de Santa Teresa del Niño Jesús.

Click aquí para visitar la pagina oficial del Santuario de los Beatos Martín en Alençon - Francia. (Versión en Español)

sábado, 26 de abril de 2014

CANONIZACIÓN DE JUAN XXIII Y JUAN PABLO II.... Gloria para la Iglesia Universal.


ROMA, 24 Abr. 14 / 11:25 am .- La ceremonia de canonización de Juan Pablo II y Juan XXIII, que se celebrará el próximo domingo a partir de las 10:00 horas (hora local) en la Plaza de San Pedro del Vaticano, seguirá un rito simplificado y contará con las reliquias de sangre y piel de Juan Pablo II y Juan XXIII, respectivamente.
La misa en latín estará precedida por la coronilla de la Divina Misericordia, que se recita empleando el Rosario, y por cantos interpretados por los coros de Roma, Bérgamo, Cracovia y el coro oficial de la Capilla Sixtina.
El acto comienza con el canto de la Letanía de los Santos y, a continuación, el Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, el Cardenal Angelo Amato, hace tres peticiones al Pontífice para que inscriba a los beatos –en este caso, Juan Pablo II y Juan XXIII– en el libro de los Santos. Primero lo pide con "gran fuerza", una vez más con "mayor fuerza" y, por último, con "grandísima fuerza".
A continuación, el Santo Padre ejercerá toda su autoridad como cabeza de la Iglesia universal a través de una oración: "En honor de la Santísima Trinidad, por la exaltación de la fe católica y el incremento de la vida cristiana, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo y de los santos apóstoles Pedro y Pablo, después de haber reflexionado largamente e invocado la ayuda divina y escuchando el parecer de muchos de nuestros hermanos obispos, declaramos santos a Juan XXIII y a Juan Pablo II".
Francisco continuará diciendo que les inscriben en el libro de los Santos y que establecen que sean venerados por toda la Iglesia. Y concluirá: "En nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo".
Después, se llevarán hasta el altar los relicarios que contienen las reliquias de los santos, una ampolla de sangre en el caso de Juan Pablo II y un pedazo de piel desprendido durante la exhumación, en el caso de Juan XXIII. Concretamente, la reliquia de Roncalli la portarán familiares del santo, entre ellos, su sobrino, mientras que la del Papa Wojtyla será portada por personas cercanas a él, quizá por aquellas sobre las que obró el milagro.
Tras la procesión, el Cardenal Amato mostrará su agradecimiento al Papa Francisco por la canonización, se cantará el Gloria y se escucharán las lecturas correspondientes al segundo domingo de Pascua. Además, debido a la solemnidad de la celebración, el Evangelio será cantado en latín y griego.
También se leerán cinco peticiones, la primera de ellas en español –para que la belleza de la vida nueva resplandezca siempre en la Iglesia y que todos los hombres reconozcan en ella a Jesús resucitado y vivo–. A esta le seguirán los ruegos en árabe, inglés, chino y francés, en los que se cita a los hombres de la cultura, de la ciencia y del gobierno.
Además, en la plegaria eucarística se escuchará por primera vez los nombres de los papas como San Juan Pablo II y San Juan XXIII. La ceremonia durará aproximadamente dos horas y concluirá con el Regina Caeli, oración mariana típica del tiempo de Pascua.
Las imágenes de los futuros santos que se colocarán durante la ceremonia serán las mismas que se utilizaron para la beatificación. Los días que se asignarán para la veneración serán el 11 de octubre para Juan XXIII y el 22 de octubre para Juan Pablo II.

( Fuente: Aciprensa.com)

domingo, 23 de febrero de 2014

Luis Martin y Celia Guerin, CERCA DE LA CANONIZACIÓN!!!

Un posible milagro atribuido presuntamente a los padres de Santa Teresita del Niño Jesús, los beatos Louis Martín y Zélie Guerin, podría llevar a los esposos franceses a la canonización.
La historia de la curación milagrosa de una niña recién nacida de Valencia, España, quien nació prematura y presentó diversas complicaciones al nacer, entre ellas una hemorragia cerebral grave, hace ahora parte el documental "Milagro de fe y de vida en Valencia", que presentó recientemente el Servicio Audiovisual Diocesano del Arzobispado de Valencia, con el que la jurisdicción eclesial española busca promover el milagro que podría impulsar la canonización de los beatos padres de Santa Teresita.

Padres Santa Tersita.jpg
Tal como notició la agencia AVAN -medio de comunicación de la Archidiócesis de Valencia-, el trabajo audiovisual, de 16 minutos de duración, muestra imágenes inéditas de la ciudad de Lisieux, Francia, así como la apertura y la clausura de la fase diocesana del proceso canónico para el presunto milagro, eventos que han tenido lugar en la Archidiócesis de Valencia. 


El milagro
El documental narra cómo ocurrió el nacimiento de Carmen -la niña que se curó milagrosamente- el 15 de octubre de 2008. La pequeña, quien nació prematura presentó una hemorragia cerebral y varias complicaciones pulmonares y en el corazón. El dictamen de los médicos era "esperar lo peor".
"Fueron días de gran sufrimiento, Carmen seguía muy grave, los antibióticos no tenían ningún efecto, los médicos la atendieron con todos los medios posibles, pero pareció que no se podía hacer nada más. Todo el mundo pensaba ya cómo prepararse para el funeral", se relata en el reportaje.
Con la esperanza que su bebé se podría recuperar, el padre de la niña, con gran fe, decidió correr al Monasterio de las Carmelitas Descalzas de Serra para orar, en principio, a Santa Teresita del Niño Jesús, ya que la pequeña Carmen había nacido en el día de la santa. Pocos días después la Priora del Convento, la hermana María Asunción Marco, les dijo a los padres de la niña que se encomendaran a los esposos Louis Martín y Zélie Guerin -padres de Teresita- quien estaban recién beatificados y el milagro aprobado y atribuido a su mediación había ocurrido con un niño italiano que tenía una malformación pulmonar.

Los padres de Carmen, así como los familiares y amigos de la niña, comenzaron una cadena de oración, y muy pronto la pequeña comenzó a presentar signos de recuperación. Hoy, a sus 5 años, Carmen goza de perfecta salud.
El proceso Diocesano y la Santa Sede
La historia llega a oídos del Postulador de la Causa de Canonización de los esposos Martín, y la Archidiócesis de Sevilla abre la causa diocesana para el estudio del presunto milagro.
El proceso sobre la curación "científicamente inexplicable" ya ha sido remetido a la Santa Sede, que luego de un estudio minucioso podría determinar el milagro que elevaría a los altares a los padres de Santa Teresita del Niño Jesús.

(Fuente: http://es.gaudiumpress.org )


Extracto de la Ceremonia de Beatificación de Luis Martín y Celia Guérin:



Últimas Noticias: Los Beatos Luis Martin y Celia Guerin seran canonizados en octubre de 2015 durante la clausura del Sinodo de la Familia.  Lee toda la información aquí.