viernes, 16 de mayo de 2025

SANTA TERESITA VS EL ABOGADO DEL DIABLO: La santidad del pequeño camino es llamada a estrado para defenderse.

 

𝐃𝐞𝐫𝐞𝐜𝐡𝐚: Fotografía de Mons. Alexander Verde, promotor de la fe, “abogado del diablo” durante el proceso de beatificación y canonización de Santa Teresita.  𝐈𝐳𝐪𝐮𝐢𝐞𝐫𝐝𝐚: El tribunal designado por la diócesis de Bayeux/Lisieux para llevar adelante el proceso de beatificación y canonización de sor Teresa del niño Jesús y de la Santa Faz.
𝐃𝐞𝐫𝐞𝐜𝐡𝐚: Fotografía de Mons. Alexander Verde, promotor de la fe, “abogado del diablo” durante el proceso de beatificación y canonización de Santa Teresita.

𝐈𝐳𝐪𝐮𝐢𝐞𝐫𝐝𝐚: El tribunal designado por la diócesis de Bayeux/Lisieux para llevar adelante el proceso de beatificación y canonización de sor Teresa del niño Jesús y de la Santa Faz.

Desde 1587 y hasta 1983 existió una figura controvertida en los mecanismos de los procesos de canonización: el promotor de la fe (coloquialmente llamado “el abogado del diablo”). Este promotor era un clérigo preparado, al que la Santa Sede encargaba la desagradable pero necesaria tarea de buscar manchas, rayones negros y defectos lo suficientemente negativos como para poder detener o incluso tumbar un proceso de canonización; esto, para que en las audiencias de los tribunales eclesiásticos se diera paso a sanas y adecuadas discusiones que ayudaran a “pesar” la santidad de un futuro candidato a los altares, y de esta manera poder ofrecer a la Iglesia santos basados en personas reales, con luces y sombras, y no en idealismos piadosos, bellos pero falsos.

En el caso de Santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz (1873-1897), a quien la Iglesia ya ha ornado con múltiples y diversas glorias y honores desde su santificación, no hubo excepción. La Santa Sede escogió a monseñor Alexandre Verde para que, antes de subirla a los altares con la beatificación en 1923, pudiera presentar algunos argumentos que lograran detener esa fuerte emoción que por todas partes suscitaba el testimonio de la joven carmelita francesa, fallecida menos de veinte años atrás. Este trabajo no sería fácil para monseñor Verde porque, como se dijo —y tal vez a diferencia de otras causas—, la carmelita ya tenía cientos y miles de devotos alrededor del mundo, y entre todos se daba un clamor que casi se volvía exigencia ante Roma por canonizar a la joven monja que abrazaba a un Cristo envuelto en rosas. El promotor de la fe, entonces, debía convertirse en el villano de pocas entrañas que iba a servir de obstáculo y zancadilla para lograr coronar con la aureola a sor Teresa; en fin, un abogado del diablo.

La presentación de las “animadversiones” (objeciones al proceso) se dio en 1914, poco después de la apertura del proceso de canonización de sor Teresa del Niño Jesús (10 de junio). Monseñor Verde, que venía ofreciendo su servicio ante la Santa Sede como promotor de la fe desde 1902, dividió sus críticas en dos facciones: 1) objeciones contra los testimonios de la heroicidad de las virtudes de la Sierva de Dios, y 2) objeciones contra la forma en que se suscitó la apertura del proceso.

(Junto a cada una de las objeciones dirigidas por el Promotor a Teresita he decidido poner contestaciones sacadas de la “Historia de un Alma” para que de esta manera no se queden en simples acusaciones si no que se transforme en una conversación entre el Promotor y la santa.)

 

1)     Objeciones contra los testimonios sobre la heroicidad de las virtudes de la Sierva de Dios:

 


·       Una santidad que hace auto propaganda: Para Monseñor Verde era imposible no señalar la manera tan inescrupulosa en que tan pronto como la carmelita falleció, sus familiares empezaron a hacer esfuerzos considerables para difundir su vida. La difusión de la autobiografía por sí sola no siempre lograría la grandísima atracción que causó en todo el mundo si no fuera por el estilo en que fue escrita. La autora tuvo un especial talento para desarrollar el transcurso de su vida por escrito de una manera tan deleitable, amena, y cercana que casi parece “arreglada”, como si quien la escribió hubiera tenido la intención de que aquello fuera publicado y leído por cientos y miles en pro de la glorificación personal. Enmarca continuamente las gracias con que se ha sentido bendecida, las exalta y dibuja como dones particulares que dan validez a una doctrina espiritual armada en base a esas experiencias.

 

Teresita responde:

“A ti, Madre querida, a ti que eres doblemente mi madre, quiero confiar la historia de mi alma... El día que me pediste que lo hiciera, pensé que eso disiparía mi corazón al ocuparlo de sí mismo; pero después Jesús me hizo comprender que, obedeciendo con total sencillez, le agradaría. Además, sólo pretendo una cosa: comenzar a cantar lo que un día repetiré por toda la eternidad: «¡¡¡Las misericordias del Señor !!!»...

Antes de coger la pluma, me he arrodillado ante la imagen de María (la que tantas pruebas nos ha dado de las predilecciones maternales de la Reina del cielo por nuestra familia), y le he pedido que guíe ella mi mano para que no escriba ni una línea que no sea de su agrado. Luego, abriendo el Evangelio, mis ojos se encontraron con estas palabras: «Subió Jesús a una montaña y fue llamando a los que él quiso, y se fueron con él» (San Marcos, cap. II, v. 13). He ahí el misterio de mi vocación, de mi vida entera, y, sobre todo, el misterio de los privilegios que Jesús ha querido dispensar a mi alma... El no llama a los que son dignos, sino a los que él quiere, o, como dice san Pablo: «Tendré misericordia de quien quiera y me apiadaré de quien me plazca. No es, pues, cosa del que quiere o del que se afana, sino de Dios que es misericordioso» (Cta. a los Romanos, cap. IX, v. 15 y 16).”  -  (Introducción al Manuscrito A de la Historia de un Alma.) – “Si no vinieran en mi ayuda las propias palabras de Jesús, me sentiría tentada de pedirle disculpas y de dejar la pluma... Pero no, he de terminar por obediencia lo que comencé por obediencia…. No crea, Madre, que me pregunto por la utilidad que pueda tener mi humilde trabajo. Lo hago por obediencia, y eso me basta. Y si usted lo quemase ante mis ojos antes de leerlo, no lo sentiría lo más mínimo.” (Ms C, Cap 11)

 


·       ¿Soberbia disfrazada de humildad?: El Promotor ahora señala como un desvió la excesiva confianza en el camino espiritual que Teresa siguió e invitaba a seguir. ¿Cómo una monja tan joven, con apenas nueve años de vida religiosa y que jamás había tocado un aula de teología ni intercambiado ideas con expertos y sabios en la materia podía asegurar y enseñar cosas sobre el amor de Dios de las que ni un Pontífice se atrevía a hablar? ¿Era esto un arrojo místico o soberbia maquillada? Además, sus peticiones y anhelos ante Dios llegaban a rayar lo escandaloso y ridículo para el pensamiento religioso de la época: Querer conservar la presencia eucarística de Cristo en su alma como en un sagrario por el espacio entre cada comunión (Hay que recordar que en aquella época la comunión diaria no era algo del todo común ni siquiera en los monasterios de vida contemplativa), pedir que su cuerpo glorificado pudiera llevar como insignia las llagas de la pasión del Señor, pedir que se le dejase trabajar desde el cielo por la salvación de las almas hasta el fin del mundo… ¿Quién era ella para pedir tal cosa? Prometer derramar milagros como rosas desde el cielo cuando aún ni se tenía seguridad de la propia salvación... ¿Cómo confiar en el juicio espiritual de una religiosa que no gozó de un continuo y esmerado acompañamiento espiritual con un sacerdote que la acompañara en medio de sus ideas y pensamientos? La misma Teresa llega a exponer en su biografía que no sintió la necesidad de un ministro ordenado como director espiritual porque tenía a Jesús mismo para guiarla desde adentro… ¿No era esto soberbia espiritual, pensar que su opinión sola era suficiente para llegar a Dios? El promotor añade entonces algunos testimonios respecto a su poco acompañamiento espiritual: (El primero [el Padre Pichon] apenas lo escucha y debe partir hacia Canadá, desde donde le escribe unas líneas una vez al año. Otro [el Padre Blinio], asombrado por la audacia de sus aspiraciones a una conducta eminente, le dice que es un orgullo querer igualar e incluso superar a Santa Teresa. Otro [el Padre Alexis] finalmente, en 1891, le asegura que no ofende a Dios y que puede seguir con seguridad su vida de confianza y abandono. Desde ese momento, quedó en paz» (Summ.  p. 238 § 1 [PO p. 164]).

Teresita responde (En cuanto a la acusación de que ella no considera importante la dirección espiritual): “Viendo de cerca a estas almas inocentes, comprendí la desgracia que supone el no formarlas bien desde su mismo despertar, cuando se asemejan a la cera blanda sobre la que se puede dejar grabada la huella de las virtudes, pero también la huella del mal...

Comprendí lo que dice Jesús en el Evangelio: «Mejor sería ser arrojado al mar que escandalizar a uno solo de estos pequeños». ¡Cuántas almas llegarían a la santidad si fuesen bien dirigidas...!

Sé muy bien que Dios no tiene necesidad de nadie para realizar su obra. Pero así como permite a un hábil jardinero cultivar plantas delicadas y le da para ello los conocimientos necesarios, reservándose para sí la misión de fecundarlas, de la misma manera quiere Jesús ser ayudado en su divino cultivo de las almas.” (Ms A, Cap 5) – “El Padre me dijo también estas palabras que se me grabaron dulcemente en el corazón: «Hija mía, que Nuestro Señor sea siempre tu superior y tu maestra de novicias».” (Ms A, Cap 7)

(En cuanto a sus deseos, anhelos y peticiones escandalosas ante Dios): “Me portaba con él como un niño que piensa que todo le está permitido y mira como suyos los tesoros de su padre.” (Ms A, Cap 6) - “Hermana querida, me pedías que te escribiera mi sueño y «mi doctrinita», como tú la llamas... Lo he hecho en las páginas que siguen; pero tan mal, que me parece imposible que consigas entender nada. Tal vez mis expresiones te parezcan exageradas... Perdóname, eso se debe a mi estilo demasiado confuso. Te aseguro que en mi pobre alma no hay exageración alguna: en ella todo es sereno y reposado...”  - “Y perdóname, Jesús mío, si digo desatinos al querer expresarte mis deseos, mis esperanzas que rayan el infinito, ¡¡¡perdóname y cura mi alma dándole lo que espera...!!!” -  Jesús, no puedo ir más allá en mi petición, temería verme aplastada bajo el peso de mis audaces deseos... La excusa que tengo es que soy una niña, y los niños no piensan en el alcance de sus palabras. Sin embargo sus padres, cuando ocupan un trono y poseen inmensos tesoros, no dudan en satisfacer los deseos de esos pequeñuelos a los que aman tanto como a sí mismos; por complacerles, hacen locuras y hasta se vuelven débiles... Pues bien, yo soy la HIJA de la Iglesia, y la Iglesia es Reina, pues es tu Esposa, oh, divino Rey de reyes...” – “Jesús, déjame que te diga, en el exceso de mi gratitud, déjame, sí, que te diga que tu amor llega hasta la locura... ¿Cómo quieres que, ante esa locura, mi corazón no se lance hacia ti? ¿Cómo va a conocer límites mi confianza...? “– “¿Pero hay de verdad puro amor en mi corazón...? Mis inmensos deseos ¿no serán un sueño, una locura...? ¡Ay!, si así fuera, dame luz tú, Jesús. Tú sabes que busco la verdad... Si mis deseos son temerarios, hazlos tú desaparecer, pues estos deseos son para mí el mayor de los martirios...” (Ms B, Cap 9)

 


·       Una santidad demasiado escondida para ser verificada: Monseñor Verde continua ahora apuntando al hecho que después de haberse tomado los juramentos y los testimonios de quienes conocieron y vivieron junto a la Sierva de Dios, la mayoría concuerda en que la podían describir como una religiosa sencilla y servicial pero nada fuera de lo extraordinario. Sus hermanas de sangre parecen querer convencer a los demás en como Teresa era casi un ángel en carne mortal pero para el resto de la comunidad no hay luz sobrenatural, ni plumas caídas por donde ella caminaba, ningún gesto sobrecogedor que hiciera reverenciarla, ningún milagro o hecho sobrenatural que delatara su santidad escondida. Hasta el día de su muerte fue solo una más de entre varias, nada especial. Aparentemente las únicas fuentes de la santidad admirable de Teresa son sus hermanas de sangre y el texto de la propia Sierva de Dios. Incluso cuando se le preguntó a su antigua priora (la madre María de Gonzaga) sobre la posibilidad de la canonización para sor Teresa, ella río y respondió “tendrían que canonizar también al resto de mis hijas”. En su monasterio, algunas hermanas (que curiosamente ya habían muerto o habían abandonado el monasterio y a las que no se pudo llamar de nuevo ante el tribunal) llegaron a decir que la veían como una niña mimada que nunca había sabido lo que era trabajar duro o sufrir y eso las llevaba a dudar de una santidad en ella que la pudiera llevar a los altares. Aun así Monseñor Verde reconoce que en sus últimos años la madre María de Gonzaga había cambiado su parecer ante la santidad de Teresa después de que llegaran noticias de los milagros que se estaban consiguiendo por su intercesión.

Teresita responde: “Comprendí en qué consistía la verdadera gloria. Aquel cuyo reino no es de este mundo me hizo ver que la verdadera sabiduría consiste en «querer ser ignorada y tenida en nada», en «cifrar la propia alegría en el desprecio de sí mismo». Sí, yo quería que «mi rostro», como el de Jesús, «estuviera verdaderamente escondido, y que nadie en la tierra me reconociese». Tenía sed de sufrir y de ser olvidada...” (Ms A, Cap 7)

“Sí, lo se: cuando soy caritativa, es únicamente Jesús quien actúa en mí. Cuanto más unida estoy a él, más amo a todas mis hermanas. Cuando quiero hacer que crezca en mí ese amor, y sobre todo cuando el demonio intenta poner ante los ojos de mi alma los defectos de tal o cual hermana que me cae menos simpática, me apresuro a buscar sus virtudes y sus buenos deseos, pienso que si la he visto caer una vez, puede haber conseguido un gran número de victorias que oculta por humildad, y que incluso lo que a mí me parece una falta puede muy bien ser, debido a la recta intención, un acto de virtud. Y no me cuesta convencerme de ello, pues yo misma viví un día una experiencia que me demostró que no debemos juzgar a los demás...

Fue durante la recreación. La portera tocó dos campanadas, había que abrir la puerta de clausura a unos obreros para que metieran unos árboles destinados al belén. La recreación no estaba animada, pues faltaba usted, Madre querida. Así que pensé que me gustaría mucho que me mandasen como tercera; y justo la madre subpriora me dijo que fuese yo a prestar ese servicio, o bien la hermana que estaba a mi lado. Inmediatamente comencé a desatarme el delantal, pero muy despacio para que mi compañera pudiese quitarse el suyo antes que yo, pues pensaba darle un gusto dejándola hacer de tercera. La hermana que suplía a la procuradora nos miraba riendo, y, al ver que yo me había levantado la última, me dijo: Ya sabía yo que no eras tú quien iba a ganarse una perla para tu corona, ibas demasiado despacio... Toda la comunidad, a no dudarlo, pensó que yo había actuado siguiendo mi impulso natural. Pero es increíble el bien que una cosa tan insignificante hizo a mi alma y lo comprensiva que me volvió ante las debilidades de las demás. Eso mismo me impide también tener vanidad cuando me juzgan favorablemente, pues razono así: Si mis pequeños actos de virtud los toman por imperfecciones, lo mismo pueden engañarse tomando por virtud lo que sólo es imperfección. Entonces digo con san Pablo: Para mí, lo de menos es que me pida cuentas un tribunal humano; ni siquiera yo me pido cuentas. Mi juez es el Señor. Por eso, para que el juicio del Señor me sea favorable, o, mejor, simplemente para no ser juzgada, quiero tener siempre pensamientos caritativos, pues Jesús nos dijo: No juzguéis, y no os juzgarán.” (Ms C, Cap 10)

 


·       Una enseñanza muy infantil para ser llamada doctrina: Para concluir sus criticas contra Teresa, el Promotor de la Fe exponía que después de que sus escritos fueran presentados en otros conventos carmelitanos y diversos seminarios y casas religiosas, aunque la mayoría quedaban muy entusiasmados con su lectura, para otro pocos las enseñanzas de sor Teresa se veían como demasiado dulces, empalagosas e infantiles para venir de una hija de la grande y viril Santa Teresa de Jesús. Él había recogido algunos testimonios de religiosos y sacerdotes que al leerla no habían encontrado algo realmente heroico en su relato biográfico, una religiosa carmelita de otro monasterio francés pareció encontrar ridícula la actitud de la Sierva de Dios que sentía devoción en ver su reflejo en los calices sagrados mientras tuvo el oficio de sacristana o sus formas de venerar la infancia de Jesús vistiendo o decorando una imagen de su convento. Algunos señalaron que fue una imprudencia de la priora el haber permitido que una religiosa tan joven y sentimental se diera el trabajo de relatar con tanto detalle pasajes de su infancia y adolescencia, tan aparentemente insignificantes para la teología mística que el Carmelo tenía por tradición, y aun más equivocado el publicar esos relatos tiernos como un gran testimonio y enviarlo a todos cuantos lo pidieran. No correspondía al rigor y seriedad de las carmelitas descalzas semejante declaración de ternura y sensibilidad excesiva.

Teresita responde: (Diferencia entre infancia espiritual e inmadurez psicológica) “Un mes después de la partida de nuestra santa Madre, se declaró la gripe en la comunidad. Sólo otras dos hermanas y yo quedamos en pie. Nunca podré expresar todo lo que vi, y lo que me pareció la vida y todo lo que es pasajero...

El día en que cumplí 19 años, lo festejamos con una muerte, a la que pronto siguieron otras dos. En esa época, yo estaba sola en la sacristía, por estar muy gravemente enferma mi primera de oficio. Yo tenía que preparar los entierros, abrir las rejas del coro para la misa, etc. Dios me dio muchas gracias de fortaleza en aquellos momentos. Ahora me pregunto cómo pude hacer todo lo que hice sin sentir miedo. La muerte reinaba por doquier. Las más enfermas eran cuidadas por las que apenas se tenían en pie. En cuanto una hermana exhalaba su último suspiro, había que dejarla sola.

Una mañana, al levantarme, tuve el presentimiento de que sor Magdalena se había muerto. El claustro estaba a oscuras y nadie salía de su celda. Por fin, me decidí [79vº] a entrar en la celda de la hermana Magdalena, que tenía la puerta abierta. Y la vi, vestida y acostada en su jergón. No sentí el menor miedo. Al ver que no tenía cirio, se lo fui a buscar, y también una corona de rosas. La noche en que murió la madre subpriora, yo estaba sola con la enfermera. Es imposible imaginar el triste estado de la comunidad en aquellos días. Sólo las que quedaban de pie pueden hacerse una idea.” (Ms B, Cap 8)

(Pero defiende y exalta su identificación con los niños – El niño lleva ventaja ante Dios)

“Madre querida, ya ve que yo soy un alma muy pequeña que no puede ofrecer a Dios más que cosas muy pequeñas.” (Ms C, Cap 11) . “Comprendí también que el amor de Nuestro Señor se revela lo mismo en el alma más sencilla que no opone resistencia alguna a su gracia, que en el alma más sublime. Y es que, siendo propio del amor el abajarse, si todas las almas se parecieran a las de los santos doctores que han iluminado a la Iglesia con la luz de su doctrina, parecería que Dios no tendría que abajarse demasiado al venir a sus corazones. Pero él ha creado al niño, que no sabe nada y que sólo deja oír débiles gemidos; y ha creado al pobre salvaje, que sólo tiene para guiarse la ley natural. ¡Y también a sus corazones quiere él descender! Estas son sus flores de los campos, cuya sencillez le fascina...” (Ms A, Cap 1) – “Si, a pesar de mi pequeñez quisiera iluminar a las almas como los profetas y como los doctores.” (Ms B, Cap 9) - “Y entonces fui, adivinando que había encontrado lo que buscaba. Y queriendo saber, Dios mío, lo que harías con el que pequeñito que responda a tu llamada, continué mi búsqueda, y he aquí lo que encontré: Como una madre acaricia a su hijo, así os consolaré yo; os llevaré en mis brazos y sobre mis rodillas os meceré. Nunca palabras más tiernas ni más melodiosas alegraron mi alma ¡El ascensor que ha de elevarme hasta el cielo son tus brazos, Jesús! Y para eso, no necesito crecer; al contrario, tengo que seguir siendo pequeña, tengo que empequeñecerme más y más.” (Ms C, Cap 10) – “Cuando pienso que le estoy escribiendo pormenorizadamente tantas cosas que usted conoce tan bien como yo, no puedo evitar la risa. En fin, Madre querida, no hago más que obedecerla. Y si ahora no le encuentra el menor interés a leer estas páginas, quizás le sirvan de distracción en los días de su vejez y la ayuden también a avivar el fuego del amor, y así no habré perdido el tiempo... Pero me divierto hablando como un niño.” (Ms C, Cap 11)

 


2)     Objeciones contra la forma en que se suscitó la apertura del proceso.

 


·       Objeción respecto a las intenciones muy obvias de los familiares por iniciar el proceso:  Mons. Verde discutía la desmesurada intervención de las hermanas de sangre de la Sierva de Dios en el proceso, su criterio aparentemente nublado por motivos personales y la práctica de citar a la candidata en textos oficiales como si de un personaje de renombre constatado se tratase, además de la evidencia de un inadecuado apego sentimental expresado sin continencia en los testimonios y citando directamente la autobiografía de la candidata ([Sor Francisca-Thérèse / Leonie Martin] admite ingenuamente: «Leer la Historia de un alma también me sirvió para preparar mi testimonio»). Juntamente se señala la falta de espontaneidad que acompañó la apertura de la causa, ya que en la opinión del Promotor de la Fe, había formas de verificar que entre las hermanas los testimonios fueron preparados (más no arreglados) y finalmente la carencia de testimonios de religiosas no tan apegadas sentimentalmente a sor Teresa debido a que ya han muerto o no están en el convento.

 

·       Objeción de poco control previo en cuanto a las diversas traducciones del texto autobiográfico a diversos idiomas antes de que se estableciera el proceso de canonización: El Promotor señaló una falta notable en los antecedentes del proceso de sor Teresa, ya que los traductores que sirvieron para traducir a otras lenguas los escritos de sor Teresa del niño Jesús (otro de los motivos de la arrolladora fama de santidad que llegaba a varios lugares del mundo) fueron designados por el tribunal diocesano de Bayeux/Lisieux para la  causa de canonización, cuando las normas del derecho (implementadas por el papa Inocencio XI) estipulaban que los traductores debían ser elegidos por el cardenal ponente (cabeza de la congregación/dicasterio para los santos designado por el Papa). Esto puede parecer una falta menor pero en realidad es un tema delicado ya que debe ser una autoridad en la Iglesia quien de garantía de que las traducciones que se leen por todo el mundo no solo sean fieles al texto original, sino que sean acordes a la fe católica que profesó la Sierva de Dios.

 

·       Objeción por las numerosas indulgencias que obtuvo el texto (Historia de un alma): Se presentó también critica a las indulgencias dadas a las diversas ediciones y traducciones de los escritos de sor Teresa por parte de cabezas eclesiásticas (monseñores y obispos de variados lugares de Europa) y que pudo llevar a una conclusión apresurada a muchos fieles en cuanto a la heroicidad de las virtudes de la escritora, casi que respaldada por las iglesias diocesanas, solo a la espera de la canonización del obispo de Roma. Aunque se entiende que esto no es algo que sea responsabilidad directa del tribunal del proceso de canonización en Bayeux/Lisieux, sino que corresponde a la carencia de prudencia de varios ministros.

 

·       Objeción de excesivo sentimentalismo que se interpreta como voluntad divina en la difusión de los textos autobiográficos de la Sierva de Dios: Mons. Verde menciona que se atribuye a Dios el hecho de que el libro (Historia de un Alma) se difundiera tan rápidamente y con tanto fervor, y no al talento de la escritora por presentarse así misma de forma tan arreglada y convencedora, lo cual es una percepción personal del Promotor pero que él juzga debe ser tenida en cuenta.

 

 

·       Objeción de exceso de propaganda en torno a la vida e imagen de la candidata: Finalmente Mons. Verde reporta la forma casi fanática en que se trataba de extender la devoción a la religiosa carmelita en variados y diversos lugares, en formas que no se hace ni siquiera con vidas e imágenes de otros santos ya canonizados. Por ejemplo, hace manifiesto las críticas al Carmelo de Lisieux por parte de otros monasterios carmelitas por los esfuerzos exagerados en torno a una de sus religiosas difuntas ya que aunque la tradición en los monasterios del Carmelo es que, luego de la muerte de una de sus religiosas se comparta un pequeño billete con los apuntes más significativos de su vida y sus virtudes en la comunidad, pero en el caso de sor Teresa se procedió a compartir un libro escrito por la misma hermana fallecida con los detalles más mínimos de su vida (!). Junto a esto el Promotor añade una parte de los testimonio recogido de la Madre Inés de Jesús (Paulina Martin) respecto a labor de difusión de sor Teresa en su tiempo como priora, y que en su opinión ilustra el esfuerzo desmesurado que se llevaba adelante desde dentro del monasterio por difundir la devoción a la Sierva de Dios: «Para dar una visión general de la contabilidad de los libros, imágenes, recuerdos y correspondencia relacionados con la Sierva de Dios, diré que desde la publicación de la Historia de un Alma hasta hoy, el número total de ejemplares impresos de la Vida de Sor Teresita del Niño Jesús asciende a 62.815 para la vida completa y 80.000 para la vida abreviada. El número total de ejemplares vendidos es de 45.715 para la edición completa y 56.405 para la edición abreviada. En cuanto a imágenes y recuerdos, nos piden cada vez más. En 12 meses, es decir, de julio de 1909 a julio de 1910, nos pidieron 183.348 imágenes y 36.612 recuerdos». (A esto el tribunal no dio demasiado peso ya que incluso para ellos era lógico que el monasterio desde donde se inició la apertura de la causa fuera el mismo que se encargara de esparcir el material para promover la devoción a la Sierva de Dios).

 



Las conclusiones:

Inicialmente, para el Promotor de la fe, la santidad de Teresa era algo real y reverenciable, pero no hasta el punto de llevarla a los altares y allí era donde debía trazarse una línea bien gruesa y clara sobre lo que es una santidad admirable pero escondida como la de miles y la santidad que la Iglesia debe tomar en sus manos para llevar a los altares y promover a todo el mundo. Su santidad estaba demasiado escondida en Dios como para hacer de ella una heroína de la fe ya que nadie que la haya conocido en persona pudo notar esa santidad que luego el mundo celebraría. La mayoría de las personas que nunca la reconocieron como santa cambiaron de opinión luego de recibir gracias o escuchar testimonios de otras personas recibiendo gracias de la joven religiosa, pero para el Promotor, la presencia de milagros no es una prueba de la santidad de alguien en sí misma, ya que Dios puede servirse de canales sencillos para obrar entre los hombres y recompensar su fe, según su voluntad. La carmelita puede ser un canal por el que Dios actúa pero no certifica que en su voluntad quiera verla canonizada. Ya que, de nuevo, no hay santidad verificable en testigos que pueda ser sostenida.

El Promotor firmó su caso con todas sus diversas objeciones en torno a Teresa y su proceso el 8 de abril de 1914. Si bien trató de hacer un trabajo inquisitivo bien incisivo en contra de Teresa, tal y como su oficio lo requería, no se opuso a la continuación del proceso luego de que sus objeciones y criticas fueran contestadas y superadas por el abogado defensor de la causa. Posteriormente y ya convertido en secretario de la Sagrada Congregación de Ritos, Monseñor Verde, en 1921, se adhirió a la opinión del nuevo Papa, Benedicto XV, según el cual «la difusión universal de la Historia de un Alma» atestiguaba una santidad indudable. Siguió con verdadero interés las etapas sucesivas del proceso y firmó los documentos oficiales a favor de la canonización, lo cual confirmó que aunque en su momento, y por el oficio que la Iglesia le había encargado, se había presentado como un enemigo de la pequeña santa, en su interior reconocía la veracidad de la santidad de sor Teresa del niño Jesús y del inmenso bien que un testimonio y doctrina como la de ella podía llegar a hacer por todo el mundo.

 

Autor: Jhonatan Alarcón, 2025.

 

(Este texto fue elaborado completamente en base a la información proveída por la pagina web de los archivos del Carmelo de Lisieux, información que fue luego arreglada y resumida para ser presentada en este texto - https://archives.carmeldelisieux.fr/naissance-dune-sainte/les-proces-la-sainte-de-therese/lavocat-du-diable/ )

 

viernes, 14 de febrero de 2025

Nuestra Señora de la Misericordia de Pellevoisin - Contexto, apariciones y actualidad

 

PELLEVOISIN: “YO SOY LA TODA MISERICORDIOSA”
(14 de Febrero - Último domingo de Agosto)


  • Contexto histórico: Estelle Faguette, vida y ambiente.

Estelle Faguette retratada
durante la época de las apariciones.

La vidente, Estelle Faguette nació en Saint-Memmie (provincia de Champagne-Ardenne – Francia) en el seno de una familia cristiana pobre, el 12 de septiembre de 1843. Sus padres cultivaban la tierra y luchaban para sacar adelante a sus hijos.

Estelle fue a la escuela dirigida por religiosas. Era una niña sencilla, seria y dotada de buen juicio. Amaba a la Santísima Virgen y mostraba gran compasión por los desdichados hasta el punto de que hubiera dado con mucho gusto todo lo que tenía a la mano por socorrer a los necesitados con los que se encontraba.

Después de su primera comunión, hecha piadosamente en la iglesia de Notre-Dame de Châlons-sur-Marne, Estelle partió con sus padres hacia París. Allí fue recibida como “hija de María” en Saint-Thomas-d'Aquin. Luego, a los 18 años, queriendo entregarse al Señor y a los pobres, entró entre las monjas del Hôtel-Dieu. La novicia se dedicó con todo su corazón al servicio de los enfermos, pero su mala salud la obligó, con gran pesar, a abandonar el hospital.

Estelle, casi recuperada, emprendió jornadas de costura para ganarse la vida, luego aceptó un trabajo como niñera de la condesa de la Rochefoucauld. Cada año, cuando llega la primavera, la joven doncella sigue a sus amos al castillo de Poiriers, en Pellevoisin, donde pasan los meses de verano.

Estelle, trabajando como niñera
para los condes de Rochefoucauld.

Pero a medida que pasaba el tiempo, la salud de Estelle empeoró cada vez más. La tuberculosis llegó a sus pulmones y devastó todo su cuerpo. Madame de la Rochefoucauld rodea a su sirvienta con los mejores cuidados. A pesar de todo, la situación se vuelve muy grave. Una gran tristeza embarga a la pobre Estelle. Ella entiende que los médicos no pueden curarla. ¿Qué será de sus padres que necesitan de su trabajo?... ¿Quién criará a una sobrinita que ella tiene a su cargo?... Hace varias novenas a la Santísima Virgen para implorar su curación pero la buena Madre del Cielo no parece oírla.

En el otoño de 1875, Estelle, al ver que las hojas del parque se vuelven amarillas y caen, puede pensar que a ella también pronto la muerte la alcanzará. Aun así, ella todavía quiere rogarle a María.

Después de varios intentos, porque sus dedos temblorosos tenían dificultad para sostener la pluma, escribió estas conmovedoras líneas para la Santísima Virgen:

"Oh mi buena Madre, aquí estoy nuevamente postrada a tus pies. No puedes negarte a escucharme. No has olvidado que soy tu hija y que te amo. Concédeme, pues, de tu divino Hijo, la salud de mi pobre cuerpo para su gloria.

Mira el dolor de mis padres, sabes muy bien que sólo me tienen a mí como recurso. ¿No podré terminar el trabajo que he comenzado? Si no puedes, a causa de mis pecados, obtenerme una curación completa, puedes al menos obtenerme un poco de fuerza para poder ganarme el sustento a mí y a mis padres. Ya ves, mi buena Madre, están a punto de tener que mendigar el pan; No puedo pensar en esto sin sentirme profundamente angustiada.

Acordaos, pues, de los sufrimientos que padecisteis la noche del nacimiento del Salvador, cuando os vivisteis obligados a ir de puerta en puerta buscando asilo. Acordaos también de lo que padecisteis cuando Jesús yacía en la cruz. Confío en ti, mi buena Madre; Si quieres, tu Hijo puede curarme. Él sabe que he deseado mucho estar entre sus esposas, y que es con el fin de complacerlo que he sacrificado mi existencia por mi familia que tanto me necesita.

Por favor, escucha mis súplicas, mi buena Madre, y repítelas a tu divino Hijo. Que me devuelva la salud si le place, pero hágase su voluntad, no la mía. Que Él al menos me conceda la completa resignación a sus designios y que esto sirva para mi salvación y la de mis padres. Tú posees mi corazón, Virgen Santa, guárdalo siempre y que sea prenda de mi amor y de mi gratitud por tu maternal bondad. Os prometo, mi buena Madre, si me concedéis las gracias que os pido, hacer todo lo que de mí dependa para vuestra gloria y la de vuestro divino Hijo.

Toma a mi querida sobrina bajo tu protección y protégela de los malos ejemplos. Concédeme, oh Virgen Santa, que pueda imitarte en tu obediencia y que un día pueda poseer a Jesús contigo en la eternidad.»

Estelle F.

Septiembre de 1875

El manuscrito de la carta que Estelle Faguette
escribió a la Virgen en Septiembre de 1875.

En el parque de Poiriers, bajo los altos árboles, se construyó una gruta en honor a Nuestra Señora de Lourdes. Estelle encarga a alguien de la casa que vaya en secreto y coloque “su carta” a los pies de la Virgen y la esconda bajo una piedra.

Pero esta vez nuevamente la Virgen María parece no responder... El sufrimiento se agudiza y una terrible crisis casi se lleva a la paciente. Cuando sus amos abandonaron el castillo para regresar a París, Estelle fue transportada con infinitos cuidados a una casa cercana a la iglesia de Pellevoisin, donde habían sido llevados sus padres. Todo lo que pueda suavizar su final le está asegurado. El conde de La Rochefoucauld incluso compró un terreno en el cementerio donde descansará en paz el cuerpo del devoto sirviente. Nadie duda que la muerte es inminente. Tres médicos condenaron a la paciente: "Para curarse", dijo uno de ellos, "necesitaría un nuevo pecho". "Sólo le quedan unas pocas horas de vida", dijo otro. Estelle hizo su sacrificio generosamente, completamente resignada, mansa y paciente, espera que Dios venga a buscarla.

 

Pequeña reproducción de la gruta de Lourdes
donde fue depositada la carta de Estelle,
en el parque de Poiriers (cerca a Pellevoisin).


Una canasta con cartas de los peregrinos es aún presentada en la gruta, a los pies de la imagen de la Virgen.


  •         LA PRIMERA APARICIÓN:

El demonio a los pies de la cama de Estelle
es expulsado por la presencia de la Virgen María.

En la noche del 14 al 15 de febrero de 1876, de repente, a los pies de su cama, Estelle ve al diablo en una forma horrible y mueca. Parece enojado. La mujer moribunda está presa del terror... Pero casi inmediatamente aparece la Virgen y pone en fuga al furioso demonio.

La madre de Dios, de vestido y velo completamente blancos, ceñida con un cíngulo debajo del pecho y un trozo de tela cuadriculada de color blanco colgando sobre el pecho por dos cintas también blancas. Era de una belleza radiante, de la que nada en la tierra puede dar idea. Sus grandes ojos azules miran a la mujer enferma con tierna compasión y luego de unos cortos segundos su mirada se hace severa mientras ve al demonio acorralado y con un tono imperativo se dirige al diablo:

"¿Qué estás haciendo aquí?" ¿No ves que lleva mi librea y la de mi Hijo?"

(Inmediatamente el demonio sale disparado de la habitación mientras se retuerce y gesticula.)

Luego se volvió hacia Estelle y le dice suavemente:

“No tengas miedo, ¿sabes muy bien que eres mi hija? ".

“Ánimo, ten paciencia; Mi hijo se dejará tocar (conmover). Sufriréis cinco días más, en honor a las cinco llagas de mi hijo. Para el sábado estarás muerta o curada. Si mi Hijo os da la vida, quiero que proclaméis mi gloria."

Inmediatamente Estelle vio entre ella y la Virgen una placa de mármol blanco que reconoció como un *exvoto (Objetos, figuras o placas de madera o piedra con inscripciones que agradecen un milagro o curación y que se ponen en el santuario donde se pidió la gracia). Seguidamente Estelle le pregunta: “Pero mi buena Madre, ¿dónde debemos ponerlo? ¿En Notre Dame des Victoires, en París o en Pellevoi…?”

 La Virgen no le dio tiempo a terminar la palabra Pellevoisin y le respondió: "En Notre Dame des Victoires hay suficientes señales de mi poder, mientras que en Pellevoisin no hay nada. Aquí necesitan un estímulo."

Estelle entonces promete hacer todo lo que de ella dependiera para su gloria.

La virgen se despide diciendo: “Ten ánimo, pero quiero que cumplas tu promesa." y desaparece dejando a Estelle de nuevo en la oscuridad y el silencio de la habitación, pero ahora llena de esperanza, una promesa y responsabilidad con el cielo.

 

Ejemplos de los Ex-Votos que se exhiben en el Santuario de Nuestra Señora de las Victorias en París (Francia) y a la que se hizo referencia en la primera conversación de Estelle con María Santísima.

  •        LA SEGUNDA APARICIÓN:

La noche siguiente, entre el 15 y el 16 de febrero de 1876, el demonio volvió a aparecer. Esta vez guardó cierta distancia, temeroso de aproximarse a la cama, como si un impedimento lo retuviera. No obstante, la visión era pavorosa. Pronto Nuestra Señora apareció, y se estableció una vez más el diálogo con la vidente:

La virgen la saluda diciendo: “No temas, estoy aquí. ¡Mi Hijo tuvo piedad de ti! ¡El sábado estarás curada!”

A lo que Estelle, muy baja de ánimo por los terribles sufrimientos físicos por los que está atravesando les responde: “Pero, mi buena Madre, ya que estoy bien preparada, ¿no es mejor que yo muera?”

Estelle nos dice que la Virgen María le habló en tono de regaño diciéndole: “¡Ingrata! Si mi Hijo te devuelve la vida, es porque la necesitas. ¿Qué más precioso que la vida le ha sido dado al hombre en esta tierra? Pero al devolverte Dios la vida, no creas que estarás exenta de sufrimientos. No, sufrirás y no estarás exenta de penas. Esto es lo que le da mérito a la vida. Si mi Hijo ha tenido­ piedad contigo, es por tu gran resignación y paciencia. No pierdas el fruto por tu elección” ¿No te dije: Si él te da vida, proclamarás mi gloria?”

Ahora relata Estelle: “El mármol blanco estaba allí, y a su lado, tanto papel de seda blanco como espesor de mármol había, esto formaba una cantidad. Intenté levantar algunas páginas, pero fue imposible. La Santísima Virgen seguía mirándome sonriendo. Y me dijo: “Ahora echemos un vistazo al pasado.”

Su rostro se puso un poco más triste, pero todavía muy dulce... Guardo silencio sobre lo que me dijo en particular la Santísima Virgen. Sólo diré que ella me hizo serios reproches que yo bien merecía... La Santísima Virgen me miró con bondad y luego desapareció sin decir nada. ¡Cuánta pena tuve!”.

En ese instante Estelle vio, una a una, sus faltas pasadas. Faltas que, sin embargo, ella consideraba sin importancia. La Santísima Virgen desapareció dejándola sumida en una profunda contrición, pues comprendió que hasta los pecados veniales son severamente detestados por la Madre de Dios.

El miércoles por la mañana, Estelle, todavía sintiéndose muy mal, contó al sacerdote, con todos los detalles, la visita de la Virgen y afirmó que se curaría el sábado siguiente. Pero el cura no quiere creerlo y piensa que la fiebre está molestando la cabeza de la pobre muchacha.

Estelle confia al párroco de Pellevoisin sus visiones y
las palabras de la Virgen que aseguraba su curación
para el sabado siguiente.

  •       LA TERCERA APARICIÓN:

La noche entre el 16 y el 17 de febrero de 1876 la madre de Dios regresa a Estelle. En la tercera aparición el demonio precedió de nuevo a Nuestra Señora, pero estaba aún más lejano de Estelle, que lo vio vagamente, discerniendo particularmente sus gestos de odio.

Con el recuerdo muy vivo de los pecados vistos la noche anterior, Estelle fue tomada de temor en presencia de la Inmaculada, que sin embargo la tranquilizó: “Ánimo, hija mía, todo eso pasó, por tu resignación has pagado esas faltas”.

"Le mostré esa carta a mi hijo"

María le mostró sus actos de virtud y le habló de los grandes deseos que le venían al corazón: la santificación de los buenos; la conversión de los pecadores; la práctica de la bondad y de la amenidad de unos con los otros. Y añadió: “Yo soy toda misericordiosa, todo lo obtengo de mi Hijo. Tus buenas acciones y fervorosas oraciones tocaron mi Corazón maternal. En la pequeña carta que me escribiste en septiembre, lo que más me ha tocado es esta frase: «Ved el dolor de mis padres, si yo viniera a faltarles; ellos están casi mendigando el pan. Acordaos pues de lo que vos habéis sufrido, cuando Jesús, vuestro Hijo, fue extendido sobre la cruz». Le mostré esa carta a mi Hijo. Tus padres necesitan de ti. De ahora en adelante, trata de ser fiel. No pierdas las gracias que te han sido dadas y proclama mi gloria”.

De nuevo la Virgen deja a Estelle, ahora con un corazón mas liviano y profundamente conmovida y consolada. Aunque nada ha cambiado en su condición, Estelle les dice a quienes la tratan que estará curada el sábado.

 

  •        LA CUARTA APARICIÓN:

La cuarta noche fue prácticamente igual que las demás. Hacia mitad de la noche entre el 17 y 18 de febrero de 1876, aparece de nuevo la Virgen. Ella se acerca a la cama y permanece allí un largo rato, inmóvil y en silencio, bajo el resplandor de un halo luminoso. María sonríe, con una belleza celestial que ninguna imagen puede reproducir.

De esta noche recuerda Estelle: “Esa noche me pareció que la santa virgen se quedó menos tiempo. Quise pedirle favores, pero no pude. Mis pensamientos estaban acelerados. Vi en mi mente las palabras que la Santísima Virgen me había repetido (…durante las apariciones anteriores). Pero… ¿por qué, estando allí velando la Santísima Virgen, ella que es tan buena y dulce, no pude yo preguntarle nada?...

Ella se fue como en las otras noches, repitiéndome: “Proclamarás mi gloria."

 

  •        LA QUINTA APARICIÓN:

El viernes 18 de febrero, el estado de salud de Estelle se había agravado mucho. El padre Salmon, su confesor, juzgándola en el extremo de la vida, se dispone a oír su confesión. La enferma se rehúsa, diciendo que sólo se confesará después de su curación, que ella espera el día siguiente. El sacerdote se retiró, seguro de que sería llamado durante la madrugada para asistir a la moribunda. Pero eso no sucedió.

Por la noche, la moribunda parece dar su último suspiro y ya no puede ni tragar una gota de agua. Las enfermeras la escuchan para ver si todavía respira... ¡Por supuesto, no sobrevivirá a la noche! Su rostro está descompuesto, su cuerpo parece el de un cadáver. El brazo derecho, hinchado, rodeado de una gran herida, está paralizado. Estelle agarra su rosario en su mano izquierda, siente un dolor terrible

A las seis de la mañana el padre Salmon fue a ver a Estelle. La encontró aún en cama y, para sorpresa suya, viva. Celebró la misa en su cuarto, en presencia de otras personas. Terminada la misa, preguntó a Estelle cómo se sentía. Ella hizo la señal de la cruz, con el brazo derecho completamente cicatrizado, se levantó y se vistió sola, radiante de salud. Toda la ciudad de Pellevoisin fue a verla. Los médicos que la juzgaron condenada certificaron su total y completa curación. El certificado del Dr. Bucquoy, de la Academia de Medicina de París, fue decisivo para la comisión que en 1877 examinó el caso. Y la curación no fue pasajera, Estelle vivió con buena salud hasta la edad de 86 años.

La Virgen presenta a Estelle el modelo del Ex-Voto
que ella quiere que se le dedique en Pellevoisin.

Pero, ¿qué pasó esa noche antes de la llegada del párroco? Estelle lo relata de esta manera: “La Santísima Virgen apareció y se acercó en medio de mis cortinas. Dios mío, ¡qué hermosa era! Ella permaneció inmóvil durante mucho tiempo sin decir nada; Estaba parada en medio de una niebla clara… Ella estaba sonriendo y me recordó las promesas que yo le había hecho.

Vi una vez más la placa de mármol blanco, pero esta vez ya no era toda blanca. En las cuatro esquinas había capullos de rosas doradas, en la parte superior un corazón dorado llameante, con una corona de rosas, atravesado por una espada y debajo, en letras doradas, la placa llevaba esta nueva inscripción: «J’ai invoqué Marie au plus fort de ma misère. Elle m’a obtenu de son fils ma guérison entière.»  (Invoqué a María en el colmo de mi miseria. Ella obtuvo de su hijo mi sanación completa.)

Le prometí una vez más hacer todo lo que estuviera a mi alcance para proclamar su gloria. Ella me dijo: “Si quieres servirme, sé sencilla y que tus acciones coincidan con tus palabras."

Le pregunté si debía cambiar de vocación para servirla (si debía ingresar a una orden religiosa y convertirme en monja). Ella respondió: “Podemos salvarnos en cualquier estilo de vida; donde estés, puedes hacer mucho bien y puedes proclamar mi gloria."

Después de un rato me dijo con un semblante muy triste: "Lo que más me aflige es la falta de respeto que se tiene a mi Hijo en la Sagrada Comunión y de como muchos fingen una actitud de oración cuando realmente su mente está ocupada en otras cosas. Digo esto para la gente que dice ser piadosa."

Después de estas palabras, ella recuperó su aire sonriente. Le pregunté si debía hablar inmediatamente sobre lo que me había contado; La Santísima Virgen me respondió: “Sí, sí, proclama mi gloria; pero antes de hablar de ello, esperarás la opinión de tu confesor y director. Tendrás dificultades; serás llamada visionaria, fanática, loca… No prestes atención a todo esto. Sé fiel a mí, yo te ayudaré.”

Yo todavía la estaba mirando; Mis ojos se fijaron en ella sin cansarse, y luego muy suavemente la Santísima Virgen se alejó. Nunca he visto nada tan hermoso. Poco a poco ella desapareció, solo quedó la niebla (suave claridad) que la rodeaba, y luego todo desapareció.

En ese momento estaba sufriendo horriblemente... pregunté la hora, era media noche.

No mucho tiempo después me sentí curada, a excepción de mi brazo derecho, que sólo pude utilizar después de recibir a mi buen patrón...”

Tan pronto como sus amos regresan al castillo de Poiriers, Estelle reanuda su servicio como camarera. En estas modestas ocupaciones, ella vive sólo para Aquel que le devolvió la vida.

 

  •      LA SEXTA APARICIÓN:

Luego de su curación Estelle tomó la costumbre de regresar a su habitación (que ya no se siente tanto como suya, sino mas bien como el origen de una capilla) para orar y seguir agradeciendo a Dios por el inmenso don de su curación y las visiones de María Santísima.

Precisamente, el 1 de julio de 1876, se encontraba recogida en oración en este lugar cuando la Virgen regresó a ella después de casi 5 meses. Estelle lo relata de esta manera: “Estaba yo arrodillada delante de mí chimenea, cuando, de repente, vi a la Santísima Virgen rodeada de una suave luz, como ya la había visto antes, con la excepción de que, en esta ocasión, como yo ya no estaba postrada en cama pude verla de cuerpo completo, desde la cabeza hasta los pies.

¡Qué bonita y qué dulce! El cordón de su cintura caía casi hasta el final de su vestido. Ella era toda blanca y estaba erguida. Sus pies estaban al nivel del pavimento; Sólo el pavimento parecía rebajado. Cuando la vi por primera vez, tenía los brazos extendidos y de sus manos caía algo como en forma de gotas lluvia.

Ella estaba mirando algo, luego tomó una de sus cuerdas, la llevó a su pecho donde cruzó sus manos. Ella estaba sonriendo. “Tranquila, hija mía, ten paciencia, tendrás sufrimientos, pero yo estoy aquí."

El cordón que tenía en la mano cayó... La Santísima Virgen permaneció allí un poco más de tiempo y luego me dijo: "Ánimo, volveré." Luego desapareció como de costumbre.”

 

Dibujo de la habitación de Estelle Faguette
durante la época de las apariciones.

  •         LA SEPTIMA APARICIÓN:

La noche siguiente, en la fiesta de la Visitación de la Santísima Virgen (que en aquella época se celebraba el 2 de julio), Nuestra Señora apareció por séptima vez, a las 11:30 de la noche.

Estelle ve por primera vez a la Virgen
rodeada de la guirnalda de rosas.

Relata Estelle: “Yo estaba de rodillas y recité la mitad del Ave María y de pronto la Santísima Virgen estaba delante de mí. Ella estaba vestida igual que ayer, la lluvia caía de sus manos, y en el fondo claro que la rodeaba, había una guirnalda de rosas de diferentes colores, particularmente blancas, rojas y amarillas. (Estas rosas, que recuerdan los misterios del rosario, tienen una fragancia deliciosa, desconocida en la tierra, y que alegra el alma. La belleza de María es inexpresable.)

La virgen entonces me habló: “Ya has proclamado mi gloria… Sigue así. Mi hijo también tiene algunas almas más que le son cercanas. Su corazón tiene tanto amor por el mío que no puede rechazar mis peticiones. A través de mí tocará los corazones más endurecidos." ¡En ese momento ella era tan hermosa!

Me vino a la mente la pila de hojas de papel blancas que había visto el 15 y 16 de febrero. Entonces dije: Mi buena Madre, ¿qué debemos hacer con este papel? La Señora le respondió: "Servirá para publicar estas historias según han juzgado varios de mis servidores. Habrá muchas contradicciones, no teman a nada, estén tranquilos."

Estelle quería también pedirle a la Virgen una señal de su poder, pero no conseguía expresarse adecuadamente. La Madre de Dios, leyéndole el pensamiento, dijo: “¿No es tu curación una de las mayores pruebas de mi poder? Vine especialmente para la conversión de los pecadores.”

 

  •         LA OCTAVA APARICIÓN:

Al día siguiente, 3 de julio de 1876, providencialmente la imagen de la Santísima Virgen que se había instalado en la explanada del santuario de Lourdes fue coronada. Ese mismo día Nuestra Señora apareció una vez más, rodeada de rosas. Estelle la esperaba con cierta ansiedad, y la Santísima Virgen la reprendió dulcemente: “Quisiera que mantuvieras aún más calma. Yo no fijé el día ni la hora en que volvería. Necesitas descansar. Me quedaré apenas unos minutos, solo vine a concluir esta fiesta junto a ti.” Y en efecto, después de unos cuantos minutos, la Virgen desapareció.

 

  •           LA NOVENA APARICIÓN: (Se revela la devoción al Escapulario del Sagrado Corazón)

El sábado 9 de septiembre de 1876, octava de la natividad de la Santísima Virgen, y víspera de la fiesta del Santo Nombre de María, la madre de Dios regresó a Estelle después de dos meses sin verla. Ella relata este nuevo encuentro: “Durante varios días tuve el deseo de ir a la habitación donde me sanaron. Por fin hoy, 9 de septiembre, pude ir allí. Estaba terminando de rezar mi rosario cuando llegó la Santísima Virgen y con la misma actitud de antes me dijo: “Te privaste de mi visita el 15 de agosto (Solemnidad de su asunción gloriosa al cielo y fiesta nacional francesa) ya que no tuviste suficiente calma. Tienes el carácter de los franceses. Quiere saberlo todo antes de aprender y entenderlo todo antes de saber. Ayer hubiera venido otra vez; Te privaron de ello. Esperaba de tu parte este acto de sumisión y obediencia."

En ese momento comprendí muy bien que, si no me hubiera sometido y obedecido, me habría visto privado de verla más... Luego la virgen me dijo: "Hace mucho tiempo que los tesoros de mi hijo están abiertos. Pídeles que oren."

"Yo amo esta devoción...
Es aquí donde seré honrada"

Mientras decía estas palabras, levantó el pequeño trozo de lana que llevaba sobre el pecho. Siempre había visto esa prenda sin saber lo que era, porque hasta entonces la había visto completamente blanca. Cuando levantó esta pieza, vi un corazón rojo que resaltaba muy bien. Inmediatamente pensé que era un escapulario del Sagrado Corazón. Ella dijo, levantándolo: “Yo amo esta devoción.» Ella se detuvo de nuevo y luego continuó: “Es aquí donde seré honrada.»

Nuestra Señora, como apóstol de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, traía consigo ese escapulario, y nos recomendó al corazón que tanto amó a los hombres.

 

  •         LA DECIMA APARICIÓN:

El día 10 de septiembre, aproximadamente a la misma hora de las veces anteriores, llegó la Santísima Virgen y en su pecho traía de nuevo el escapulario del Sagrado Corazón. Su presencia duró solo un instante ya que venía a indicar a Estelle: “Dejad que oren, yo les mostraré el ejemplo”. Diciendo esto, juntó las manos y luego desapareció, luego sonó la campana de Vísperas.

La indicación de la Virgen se dio debido a las primeras personas que empezaron a llegar en peregrinación y con actitud devota a la habitación donde ella había sido sanada. Al principio Estelle dudó en si estaba bien dejar que se arrodillaran y oraran allí ya que ni el obispo ni su párroco habían designado su recamara como un lugar sagrado.

 

  •         LA DECIMOPRIMERA APARICIÓN:

Esta aparición sucedió en presencia de quince personas. Era un viernes, 15 de septiembre de 1876. Estelle comenzó a rezar su rosario, cuando la Virgen se le apareció en un halo de gloria, con los brazos extendidos y las manos de las que brotaba una lluvia de gracias. De inmediato se dirigió a Estelle: "Tendré en cuenta los esfuerzos que habéis hecho para mantener la calma; No es sólo por vosotros que pido esto, sino también por la Iglesia y por Francia. En la Iglesia no hay la calma que deseo.»

La Virgen suspiró y sacudió la cabeza, diciendo: «Hay algo…» Luego se detuvo y no dijo qué pasaba, pero Estelle comprendió inmediatamente que se trataba de alguna discordia. Luego continuó lentamente: “Que oren y confíen en mí.”

Entonces la Santísima Virgen dijo con tristeza, pero sin llorar: «¡Y Francia! ¡Qué no he hecho por ella! ¡Tantas advertencias y aun así ella todavía se niega a escuchar! Ya no puedo sostener el brazo de mi hijo.” Parecía conmovida y añadió: "Francia sufrirá." Ella enfatizó estas palabras y de pronto guardo silencio por unos instantes.

Pasaron entonces delante de los ojos de Estelle varios cuadros nunca antes vistos: soldados en uniforme azul, desconocidos de ella, usando cascos “en forma de caldero”, según su expresión. Estaban atrincherados. Varios años más tarde, en 1914, durante la Primera Guerra Mundial, ella reconoció a aquellos soldados. En un segundo cuadro, ella veía combates en las calles entre civiles y soldados. Terminada esta profecía la Virgen continuó diciendo enfáticamente: “Coraje y confianza."

En ese momento Estelle pensó en su corazón: Si digo esto, la gente puede que no quiera creerme y parece que la Santísima Virgen comprendió lo que pasaba dentro de su vidente porque le respondió: “He pagado por adelantado. Lástima para aquellos que no quieren creerte, ellos más tarde reconocerán la verdad de mis palabras." Luego se fue muy silenciosamente.

 

  •         LA DECIMOSEGUNDA APARICIÓN:

La estatua de la Madre de la Misericordia
en el Santuario de Pellevoisin.

Tal y como relata Estelle: “El 1 de noviembre de noviembre, volví a ver a esta buena Madre del cielo. Ella estaba como siempre, con los brazos extendidos y llevaba el escapulario del Sagrado Corazón que me mostró el 9 de septiembre. Cuando llegó, como era usual, estaba mirando algo que yo no podía ver; Luego miró a su alrededor, pero no me dijo nada. Entonces ella me miró de nuevo muy amablemente y se fue.

En mi interior supe que haría todo lo que esté en mi poder para proclamar su gloria.”

 


  •         LA DECIMOTERCERA APARICIÓN:

El día 5 de noviembre, siguiente a la aparición sin palabras, se encontraba Estelle rezando el rosario en su habitación junto a una religiosa que la acompañaba, ya adelantadas las horas de la madrugada. En los días anteriores había estado meditando en su corazón que ella no era digna de recibir las apariciones de María. De pronto apareció a su lado la Santísima Virgen. Estelle lo cuenta: “Ella estaba hermosa como siempre. Al verla pensé que yo era muy indigna de sus gracias y que tantos otros merecían sus favores más que yo y tendrían más éxito en procurar su gloria. Entonces ella me miró, sonrió y dijo: “Yo te elegí… Elijo a los pequeños y débiles para mi gloria.”

Se detuvo de nuevo y me dijo: «Ánimo, el tiempo de tus pruebas está a punto de comenzar.»

Luego cruzó las manos sobre el pecho y se fue.”

 

  •         LA DECIMOCUARTA APARICIÓN:

Modelo del Escapulario del Sagrado Corazón
de la devoción de Pellevoisin.
En esta ocasión Nuestra Señora apareció ante Estelle el sábado 11 de noviembre de 1876, alrededor de las 4 de la tarde, en presencia de cinco personas, cuando ella rezaba su rosario.

La Madre de Dios volvió igual que antes, con sus brazos extendidos y el escapulario en el pecho y le dijo: “No perdiste tu tiempo hoy; trabajaste para mí”. De hecho, Estelle había bordado un escapulario ese día, tal y como lo había visto colgando sobre el pecho de la Señora, y la Virgen añadió: “Hay que hacer muchos más”.

Se detuvo un buen rato, luego se puso un poco triste y le dijo: "Ánimo". Y luego se fue, cruzando las manos sobre el pecho, ocultando completamente su escapulario.

 

  •        LA DECIMOQUINTA Y ÚLTIMA APARICIÓN:

La estatua de la Santísima Virgen en la habitación de Estelle - Santuario de Pellevoisin (Francia).

La fiesta de la Inmaculada Concepción, 8 de diciembre de 1876, fue escogida para su última aparición. Fue la más importante de todas, habiéndose dado ante quince personas. Poco después del mediodía, y regresando de la misa solemne en la parroquia, Estelle fue a su cuarto, ahora transformado en oratorio, con permiso del obispo.

La Santísima Virgen apareció más bella que antes, rodeada completamente de una bella guirnalda rosas: “Hija mía, acuérdate de mis palabras”. En ese momento Estelle Faguette revivió en su corazón todas las palabras de María que más le habían marcado:

“Sabes que eres hija mía. Yo soy toda misericordia y señora de mi Hijo…”

“Lo que más me aflige es la falta de respeto por mi Hijo en la Sagrada Comunión y la actitud que se tiene durante la oración, cuando la mente está ocupada en otras cosas…”

“Su Corazón tiene tanto amor por el mío que nada me rehúsa. Por mi intermedio, Él tocará los corazones más endurecidos. Vine especialmente para la conversión de los pecadores...”

“Hace mucho tiempo que los tesoros de mi Hijo están abiertos. Pídeles que oren...”

“Tengo predilección por esta devoción. Aquí seré honrada…”

“No es solamente para ti que pido la calma, sino también para la Iglesia y para Francia…”

 “Yo te escogí. Elijo a los pequeños y a los débiles para mi gloria...”

Y le recomendó: “Repítelas seguido. Que ellas [las palabras] te fortifiquen y te consuelen en tus pruebas. No me verás más”.

La vidente se mostró perturbada por estas últimas palabras y hasta gritó: "¿Qué será de mí sin ti, mi Buena Madre?..." La Santísima Virgen añadió entonces de modo profundamente maternal: “Estaré invisiblemente a tu lado”.

Estelle vio entonces a lo lejos, a la izquierda de la visión, a personas con gestos amenazadores y que deseaban atacarla. Pero también, en otro plano, personas que parecían buenas y devotas. María, refiriéndose al grupo de la izquierda, dijo: “Nada tienes que temer de estos. Yo te escogí para proclamar mi gloria y propagar esta devoción”. Estelle, viendo a Nuestra Señora con el escapulario, se lo pidió de regalo, y la Virgen le ordenó: “Levántate y bésalo”. Habiendo hecho lo que la Virgen le dijo, exclamó: "Besé verdaderamente un corazón de carne, sentí el calor y las pulsaciones."

"Levántate y bésalo".

María Santísima le dijo entonces: “Irás tú misma a buscar al Prelado y le presentarás el modelo que has hecho. Decidle que os ayude con todo su poder, y que nada me será más grato que ver esta librea en cada uno de mis hijos, y que todos se aplicarán a reparar los ultrajes que mi hijo recibe en el sacramento de su amor. Mirad las gracias que derramo sobre quienes las llevarán con confianza y os ayudarán a difundirlas."

En señal de las gracias dadas a los que lo llevan, la Virgen María extendió sus brazos e hizo caer de sus manos una lluvia abundante y en cada una de estas gotas Estelle parecía ver escritas gracias como: piedad, salvación, confianza, conversión, salud… en fin, toda clase de gracias, más o menos fuertes. Luego escuchó una vez más a la Virgen decirle: “Esas gracias son de mi Hijo. Yo las tomo de su Corazón. Él no me lo puede rechazar”.

Estelle preguntó qué convendría representar al otro lado del escapulario, y escuchó esta respuesta: “Lo he reservado para mí; tú someterás mi idea y la Iglesia decidirá”. Y alejándose, añadió: “Ánimo. Si no concede lo que pides (se refería al obispo) y pone dificultades, irás más lejos. No temas, yo te ayudaré”.

Con estas palabras Nuestra Señora se dio la vuelta y desapareció cerca de donde estaba la cama donde a principios de ese mismo año había encontrado por primera vez a la moribunda Estelle y de esta manera terminaron las apariciones.



Fotografías antiguas de la capilla que se levantó en el
lugar donde estuvó la habitación de laSra. Estelle Faguette
y donde se dieron las 15 apariciones de la Virgen
entre Febrero y Diciembre de 1876.

La capilla de las apariciones en los últimos años.

  • PROCURANDO SU GLORIA…

Aún en 1876, con licencia eclesiástica, el cuarto de las apariciones fue transformado en oratorio, y poco después en capilla. Al año siguiente fue erigida la cofradía de la Madre de Todas las Misericordias, elevada a la dignidad de archicofradía en 1894, por León XIII. El mismo Papa ofreció un cirio para esa capilla, concediendo indulgencias a los peregrinos.

Un día, el arzobispo de Bourges, Monseñor de la Tour-d'Auvergne, fue a la nueva capilla. Tras una larga oración, pronunció unas palabras para agradecer a la Virgen que “había elegido su diócesis para visitar nuevamente Francia”.

En 1900, Estelle fue llevada a Roma. Completamente conmovida, se arrodilla a los pies del Sumo Pontífice: León XIII.  El Papa del Rosario, del Sagrado Corazón y del Espíritu Santo acoge con la bondad de un padre a la humilde mujer que ve a la Virgen rodeada de rosas.

La interroga larga y detalladamente: “…Habla otra vez, háblame de la Santísima Virgen, Estelle, hija mía.” Con el corazón dilatado ella le relata las apariciones.

La placa del Ex-Voto que Estelle Faguette hizo colocar
en la parroquia de Pellevoisin después de obtener su
curación en Febrero de 1876,

¡Cuántas veces Estelle ha repetido esta historia a todos aquellos que la interrogan a lo largo de su larga vida! Desde su curación milagrosa, ella, antes tan débil, se ha vuelto fuerte como un roble y vivirá hasta los 86 años, teniendo un solo pensamiento, obedecer la orden de María: "¡Proclama mi gloria!"

En 1904, el cardenal Merry del Val ofreció a San Pío X un libro recientemente publicado sobre las apariciones. El Pontífice envió su bendición en testimonio de su favorable acogida, y también recibió a Estelle en marzo de 1912. En 1922, Pío XI concedió a los párrocos de Pellevoisin el poder de imponer el escapulario del Sagrado Corazón de Jesús (novena aparición), así como el de conceder indulgencias.

En 1979, el cardenal Ciappi O.P., maestro del Palacio Apostólico, entregó a San Juan Pablo II el libro sobre el centenario de las apariciones. En 1983, la comisión teológica que analizó los informes médicos de la curación de Estelle concluyó sus trabajos. El arzobispo de Bourges, Mons. Paul Vi­gnancour, basado en aquellas conclusiones, reconoció oficialmente la curación como una intervención de Dios.

Habiendo propuesto recientemente la Congregación para la Doctrina de la Fe a monseñor Jérôme Beau reactivar el "expediente" del reconocimiento de las apariciones, es actualmente esta cuestión la que ocupa al grupo de trabajo que se formó a petición del arzobispo de Bourges. En mayo de 2021 se publicó un libro biográfico dedicado a la señora Estelle Faguette, las apariciones y sus consecuencias. Su autora, Sylvie Bernay, es miembro de la Comisión Teológica Multidisciplinaria, encargada de examinar el mensaje y su influencia.

Tras la presentación del informe de esta comisión el 5 de febrero de 2024, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe hizo pública su decisión en una carta dirigida por el cardenal Fernández a Mons. Beau el 22 de agosto de 2024. Las apariciones de Pellevoisin obtuvieron la más alta forma posible de reconocimiento según los nuevos estándares del 27 de mayo de 2024.

En esta carta, el cardenal afirma: «No sólo puedo decir que no hay objeciones doctrinales, morales o de otra índole a este acontecimiento espiritual, y que los fieles «pueden dar su asentimiento con prudencia» (Normas , art. 22, 1), sino que, por el contrario, la devoción en este caso, ya floreciente, es particularmente recomendada a quienes libremente desean adherirse a ella»

(Link a la carta completa del Dicasterio para la Doctrina de la fe respecto a la aprobación de la experiencia espiritual de Estelle Faguette y las apariciones en Pellevoisin.)

 

  • Los años silenciosos de Estelle, la sierva de la TODA MISERICORDIOSA:

Estelle Faguette en los últimos años de su vida.

Aún después de haberse entrevistado personalmente con varios papas y de recibir cada año las grandes peregrinaciones que vienen a rezar y a poner Ex-Votos en lo que alguna vez fue su habitación, Estelle sigue siendo una sencilla campesina que reza y cultiva su huerto en Pellevoisin. En todo el pueblo de Pellevoisin sólo se oye una voz que habla de su bondad, de su caridad para con todos.

Los niños que la conocen bien no dejan de correr hacia ella, de rodearla, de invadir su modesto hogar. Los acoge en su habitación, en su pequeño jardín, les da golosinas y luego les hace rezar delante de la estatua de Nuestra Señora, madre toda misericordiosa de Pellevoisin.

¿Qué diría hoy la buena Estelle a los pequeños niños de Francia, a esos niños que comprenden la gran prueba de su querido país y que querrían con todo su corazón contribuir a su resurrección? Sin duda, los conduciría hasta la Virgen misericordiosa y les repetiría sus palabras: “ELIJO A LOS PEQUEÑOS Y DÉBILES PARA MI GLORIA… LOS TESOROS DE MI HIJO ESTÁN ABIERTOS. DILES QUE OREN.”

El 23 de agosto de 1929, Estelle murió a la edad de 86 años, todavía firme en su creencia en las apariciones. Más tarde, Camille Cartier, sobrina de Estelle contó, el 17 de septiembre de 1958: “Mi hijo Elie y yo damos fe de haber presenciado los últimos momentos de nuestra tía Estelle Faguette ocurridos el 23 de agosto de 1929 alrededor de las 7 de la mañana. El sacerdote que la asistía, el señor Cura Fontbaustier, le preguntó: “Estelle, ¿estás contenta de ir a ver de nuevo a la Santísima Virgen?” En un último esfuerzo, extendiendo sus manos agonizantes ante la estatua de esta Buena Madre, ella que no había hablado durante varios días, respondió: "Oh, sí, ciertamente".

Estelle en París.
Su vida estuvo marcada por duras pruebas, aceptadas con resignación, fortalecidas por las grandes gracias recibidas. Su muerte fue muy dulce y muy tranquila. Durante su larga vida, Estelle sufrió muchas humillaciones, calumnias y mentiras dirigidas contra ella; A pesar de todo ello, ella nunca vaciló, repitiendo incansablemente las palabras que la Madre Misericordiosa le había dicho: "Publica mi gloria". Vine para la conversión de los pecadores. “Coraje y confianza.”

Estelle se encuentra sepultada en el cementerio de la localidad de Pellevoisin, y su tumba ya es meta de peregrinaciones, especialmente al final del mes de agosto, cuando se celebra la gran peregrinación anual a Pellevoisin al recordar la aparición en la que la Virgen Santa reveló por primera vez el escapulario del Sagrado Corazón.

Los obispos de Francia, reunidos en asamblea plenaria el 8 y 9 de junio de 2020 dieron “luz verde” para la apertura de la causa de beatificación de Estelle Faguette. La causa aún se encuentra en etapa de preparación antes de ser abierta oficialmente.

Estelle Faguette (1843-1929)

Tumba de Estelle Faguette en el cementerio municipal de Pellevoisin.


Fuentes: (Este texto recopilatorio, en su mayoría ordenado, traducido y arreglado para presentar una versión los más completa posible del relato de las apariciones, se ha tomado casi en su totalidad de estos sitios de internet)

https://www.pellevoisin.net/le-sanctuaire-3/les-apparitions/

https://www.maintenantunehistoire.fr/pellevoisin/

https://www.tesorosdelafe.com/articulo-694-pellevoisin-la-lourdes-de-la-region-de-berry

https://fr.wikipedia.org/wiki/Notre-Dame_de_Pellevoisin


Modelo de las caras del Escapulario del Sagrado Corazón, que se difunde en el Santuario de Pellevoisin, y que se comparte aquí para quien desee elaborar sus propios escapularios y difundir esta devoción.
Modelo de las caras del Escapulario del Sagrado Corazón que se comparte aquí para quien desee elaborar sus propios escapularios y difundir esta devoción.