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viernes, 12 de mayo de 2017

Nuestra Señora de la Sonrisa: La experiencia mariana de Teresa de Lisieux.


En el año de 1734, El párroco de la iglesia de San Sulpicio, en Paris, encarga a un joven y prometedor escultor, probablemente Edmé Bouchardon, estatuas para su iglesia, incluyendo una virgen, en su advocación de Nuestra Señora de las Victorias, fundida en plata. Los feligreses se ofrecen para donar la plata, pero el sacerdote dice que solo recibirá la plata de los cubiertos de sus hogares... de ahí el apodo de Nuestra Señora de los cubiertos que se dio a la estatua. La imagen fue derretida durante la revolución francesa en búsqueda del codiciado metal, y es entonces cuando es reemplazada en 1832 por una reproducción más pequeña de yeso.

Una imagen como esta, fue la que se le ofreció al joven Luis Martin, futuro padre de Santa Teresita del Niño Jesús, por un dama ya muy mayor de Alençon, la señora Beaudouin, muy piadosa y que tenía la confianza de encontrar en él una persona digna de recibir tal regalo. En 1857 San Luis Martin adquirió una pequeña propiedad llamada Papillón con una torre hexagonal en la mitad del jardín, allí subía continuamente para dedicar largos ratos a la oración en silencio y soledad; era un recinto sumamente austero, y fue allí donde decidió poner un pequeño altar con la imagen de la virgen que le habían regalado.

Después de su matrimonio con María Celia Guerin (futura madre de Santa Teresita), la estatua es trasladada al nuevo domicilio de los Martin convirtiéndose en el centro de la liturgia familiar, rodeandola de flores durante el mes de Mayo. Santa Celia a menudo se encomendaba a la Virgen María y reconocía recibir "favores que sólo yo conozco." Se le veía continuamente orando junto al altar de María mientras adelantaba algún oficio del hogar, o cuando sus hijas la dejaban descansar un momento. Incluso la Madre Inés de Jesús (su hija Paulina) en su correspondencia con Teresa, aseguró que la imagen había hablado a su madre después de la muerte de su hermanita menor, Elena, en 1870.

Recreación de una escena familiar de los Martin. Detállese la imagen de la virgen de la sonrisa, junto a la cuna de los hijos en el fondo de la imagen.

Después de la muerte de la madre de Teresita, el 28 de agosto de 1877, la imagen se trasladó junto al resto de la familia Martin a Lisieux, en Normandía, a la nueva casa llamada Les Buissonnets. Allí, donde Teresita viviría la mayor parte de su infancia, es donde ella recuenta como recreaba su oración en el mes de María ante la imagen de la virgen de sus padres, al no poder ir aun a los actos litúrgicos en la Catedral por su corta edad: 

“Como era demasiado pequeña para ir al mes de María, me quedaba en casa con Victoria y hacía con ella mis devociones ante mi altarcito de María, que yo arreglaba a mi manera. Era todo tan pequeño, candeleros y floreros, que dos cerillas, que hacían de velas, bastaban para alumbrarlo. En alguna que otra ocasión, Victoria me daba la sorpresa de regalarme dos cabitos de vela, pero raras veces.” (Ms A, Cap II)

La estatua de María es llevada al cuarto de Teresa cuando a los doce años es presa de una extraña enfermedad nerviosa, esta imagen es la que sonríe a Teresita y alcanza del cielo su curación definitiva, ella lo relata así: 

“De repente, la Santísima Virgen me pareció hermosa, tan hermosa, que yo nunca había visto nada tan bello. Su rostro respiraba una bondad y una ternura inefables. Pero lo que me caló hasta el fondo del alma fue la «encantadora sonrisa de la Santísima Virgen». En aquel momento, todas mis penas se disiparon. Dos gruesas lágrimas brotaron de mis párpados y se deslizaron silenciosamente por mis mejillas, pero eran lágrimas de alegría sin mezcla de ninguna clase... ¡La Santísima Virgen, pensé, me ha sonreído! ¡Qué feliz soy...! Sí, pero no se lo diré nunca a nadie, porque entonces desaparecería mi felicidad. Bajé los ojos sin esfuerzo y vi a María, que me miraba con amor. Se la veía emocionada, y parecía sospechar la merced que la Santísima Virgen me había concedido... Precisamente a ella, a sus súplicas conmovedoras, debía yo la gracia de la sonrisa de la Reina de los cielos. Al ver mi mirada fija en la Santísima Virgen, pensó: «¡Teresa está curada!».” (Ms A, Cap III) 

Habitación donde se obro el milagro de la sonrisa de la virgen con la reproducción de la imagen

Fue por este maravilloso acontecimiento que la imagen será mundialmente conocida como la virgen de la sonrisa. En les Buissonnets se conserva una réplica idéntica de la imagen junto a la cama donde se dio la gracia de la sonrisa de la virgen a la pequeña Teresa Martin.

Después del fallecimiento del señor Martin, y con ocasión del ingreso de Celina al Carmelo de Lisieux en 1894, la imagen es llevada al monasterio, donde seguirá siendo venerada por las hermanas Martin junto al resto de la comunidad. La imagen es entronizada en la antesala de la celda de Teresita. La santa de Lisieux nos cuenta como a lo largo de sus años de vida religiosa siguió profesando un tierno amor a esta advocación familiar, por ejemplo, al comenzar a redactar el manuscrito A, dedicado a la Madre Inés, Teresita dice haberse encomendado ante esta imagen para escribir su autobiografía: 

“Antes de coger la pluma, me he arrodillado ante la estatua de María (la que tantas pruebas nos ha dado de las predilecciones maternales de la Reina del cielo por nuestra familia), y le he pedido que guíe mi mano para que no escriba ni una sola línea que no sea de su agrado.” (Ms A, introducción)

También es ante esta imagen de la Virgen María donde Teresa y su hermana Celina depositan su acto de ofrenda como holocausto al amor misericordioso, el martes 11 de junio de 1895. Cuando Teresita es trasladada definitivamente a la enfermería, el 8 de julio de 1897, la imagen de la virgen va con ella, allí la acompañara hasta el 30 de septiembre de ese año. Ese mismo día, hacia la seis de la tarde, mientras se cantaba el ángelus, le dedicaría sus últimas miradas a la imagen de la virgen que en su infancia le había sonreído, seguramente esperando pronto poder contemplarla de nuevo, pero esta vez para la eternidad. Solo una hora y veinte minutos más tarde Teresita volaría a encontrarse con el "águila divina".

Fotografía tomada por Celina, el 1 de octubre de 1897, a su hermana recién fallecida en la enfermería, antes de ser llevada al coro del claustro.

Con seguridad fue la Santísima Virgen quien presento a su hija, la florecilla, ante el trono de su hijo; así lo hace pensar la primera fotografía que se le toma a Teresa, poco después de su muerte, en la enfermería el 1 de octubre de 1987, donde la imagen ya aparece velando el cuerpo de la futura santa. En los años siguientes la imagen volvería a su altar en la antesala de la celda de Teresita. Allí, en la intimidad del convento, seria cariñosamente adornada y venerada junto a su pequeña hija, pues allí se expone por primera vez dentro del monasterio una pintura-retrato de la carmelita francesa que ya estaba empezando a tener fama de santa por todo el mundo. 



Fotografía de la antesala de la celda de Teresita, con el altar a la virgen de la sonrisa, en los años posteriores a su muerte.

Finalmente, en 1923 (año de la beatificación de Teresita) la imagen es entronizada en la capilla lateral del Carmelo de Lisieux, sobre la urna que guarda las reliquias de Santa Teresita, y donde permanece visible hasta hoy.



Imagen original de la virgen de la sonrisa, sobre la urna de la Santa, en la capilla del Carmelo de Lisieux.

Articulo por: Jhonatan Alarcón.

sábado, 1 de octubre de 2016

UNA ROSA DESHOJADA - Poesía de Santa Teresa del Niño Jesús, Doctora de la Iglesia.


Jesús, cuando te veo
que abandonas los brazos de tu Madre,
y tenido por ella, ensayas, vacilante,
por nuestra triste tierra
tus indecisos y primeros pasos,
yo quisiera ir delante
deshojando una rosa blanca y fresca,
y así tu piececito posaría
muy suave y dulcemente
sobre una flor.

 La rosa deshojada,
¡oh mi Niño divino!,
es la más fiel imagen
del corazón que quiere a cada instante
por tu amor inmolarse enteramente.
Hay muchas rosas frescas
que gustan de brillar en tus altares
y se entregan a ti.
Mas yo anhelo otra cosa:
deshojarme...

La rosa en su esplendor
puede, mi Niño, embellecer tu fiesta.
A la rosa en deshoje se la olvida,
se la tira y arroja
al capricho del viento.
La rosa, deshojándose,
se entrega a cada instante
con ansia de no ser.
Como ella, quiero yo buscar mi dicha
dándome, mi Jesús, del todo a ti.

Se pasa sobre pétalos
de rosa deshojada,
y se pisan sin pena.
Y esos muertos despojos
son un simple ornamento,
dispuestos al azar,
sin arte y sin estudio,
lo comprendo...
Yo prodigué mi vida,
prodigué mi futuro
por tu amor, ¡oh Jesús!
A los ojos profanos de los hombres,
como rosa marchita para siempre
un día moriré...

Mas moriré por ti, ¡oh Niño mío,
hermosura suprema!
¡Oh suerte venturosa!
Deshojándome quiero demostrarte
mi amor, ¡oh, mi tesoro...!
A zaga de tus pasos infantiles,
escondida vivir quiero aquí abajo.
Y aun suavizar quisiera
tus últimas pisadas
camino del Calvario...

 (Teresa del Niño Jesús y la Santa Faz - 19 de mayo de 1897)

Poema recitado en francés por Grégory Turpin, del album "Therese, Vivre d'Amour":


martes, 29 de diciembre de 2015

LA PAJARERA DEL NIÑO JESÚS - Poesia de Santa Teresa del Niño Jesús, Doctora de la Iglesia.

Derecha: Santa Teresita fotografeada en el patio de su monasterio en julio de 1896. Izquierda: Estatua del Niño Jesús, en uno de los corredores del monasterio, al que Teresa le tenia mucha devoción.

Para los desterrados de la tierra
Dios creó los graciosos pajarillos.
Ellos van gorjeando su plegaria
por bosques, valles, montes y laderas.

Los traviesos y alegres rapazuelos,
tras de escoger algunos preferidos,
los cazan y aprisionan
en lindas jaulas de doradas rejas.

¡Oh Jesús, hermanito!,
tú abandonaste el cielo por nosotros,
pero sabes muy bien que es el Carmelo
Niño divino, tu bella pajarera.

Amamos nuestra jaula,
sin ser ella dorada.
Nunca de su prisión escaparemos
ni a la llanura azul ni al bosque oscuro.

Jesús, los bosques de este mundo
no pueden contentarnos.
En la profunda soledad queremos
cantar para ti solo.

Es tu blanca manita
la que orienta y atrae nuestro vuelo.
¡Qué bellos son, oh Niño, tus encantos!
En tu sonrisa quedan,
cautivos de su luz, los pajarillos.

Aquí el alma sencilla, pura y cándida
halla el motivo exacto de su amor.
Aquí la blanca y tímida paloma
no teme ya el ataque del buitre carnicero.

En alas de una cálida plegaria
el corazón se eleva como alondra ligera,
como alondra que sube cantando
y sube altísima.

Se escucha aquí el gorjeo
del reyezuelo y del pinzón alegre.
Niño Jesús, tus pajarillos cantan,
en su jaula, tu santo y dulce nombre.

Vive siempre cantando el pajarillo,
su pan no le preocupa,
ni siembra ni recoge,
y un granito de mijo le contenta.

Y como al pajarillo,
en nuestra pajarera
todo, Divino Niño, nos viene de tu mano.
Sólo una cosa es necesaria, una,
y esta cosa es amarte.

Por eso, con los puros espíritus del cielo
contamos noche y día tus glorias y alabanzas.
Y sabemos con cuánto amor los ángeles
nos miran a nosotras,
tus pobres pajarillos del Carmelo.

Para enjugar las lágrimas
que te hacen derramar los pecadores,
tus pajarillos cantarán tus gracias,
y el dulce canto de tus avecillas
te atraerá corazones.

Un día, lejos de la triste tierra,
al escuchar tu voz y tu llamada,
desde tu pajarera
tus pajarillos volarán al cielo.

Y allí, con las falanges
de pequeños y alegres querubines,
eternamente, Niño,
cantaremos tus glorias.

(Teresa del Niño Jesús y la Santa Faz - Navidad de 1896)


Teresa fotografiada con su Niño Jesús el 20 de abril de 1895.  
 "Oh pequeño niño, mi único tesoro, tú te me muestras todo radiante de Amor. Yo me abandono a Tí. Oh Jesús, mi pequeño hermano, no quiero otra alegría que la de agradarte. Mi pequeño Rey, imprime en mi las virtudes de tu infancia" (S.Teresita del Niño Jesús).

miércoles, 4 de noviembre de 2015

SOLO JESÚS - Poesia de Santa Teresa del Niño Jesús, Doctora de la Iglesia

 
Mi corazón ardiente quiere darse sin tregua,
siente necesidad de mostrar su ternura.
Mas ¿quién comprenderá
mi amor, qué corazón
querrá corresponderme?
En vano espero y pido
que nadie pague con amor mi amor.
Sólo tú, mi Jesús,
eres capaz de contentar mi alma.
Nada puede encantarme aquí en la tierra,
no se halla aquí la verdadera dicha.
¡Mi única paz, mi amor, mi sola dicha
eres tú, mi Señor!

Tú supiste crear un corazón de madre,
por eso encuentro en ti
al más tierno y amable de los padres.
¡Oh, Jesús, mi único amor, Verbo eterno!,
tu corazón es para mí más dulce
que el corazón más dulce de una madre.
A cada instante y paso
me sigues en mis pasos y me guardas.
Cuando te llamo, acudes prontamente.
Y si, tal vez, parece que te escondes,
tú mismo vienes en mi ayuda luego
para poder buscarte.

En ti solo, Jesús, mi afición pongo,
corro a tus brazos, a esconderme en ellos.
Como un niño pequeño quiero amarte,
como un bravo soldado luchar quiero.
Como un niño, te colmo de caricias,
y de mi apostolado en la palestra
como un guerrero a combatir me lanzo...

Tu corazón divino,
que guarda y que devuelve la inocencia,
no es capaz de frustrar mis esperanzas.
En ti, Señor, reposan mis deseos:
después de este destierro,
al cielo a verte iré.
Cuando la tempestad se alza en mi alma,
levanto a ti mis ojos,
y en tu tierna mirada compasiva
yo leo tu respuesta:
"¡Hija mía, por ti creé los cielos!"

Yo sé que mis suspiros y mis lágrimas
ante ti están y te encantan, mi Señor.
Los serafines forman en el cielo
tu corte, y sin embargo
tú vienes a buscar mi pobre amor...
Quieres mi corazón, aquí lo tienes,
te entrego enteros todos mis deseos.
Y por ti, ¡oh mi Rey y Esposo mío!,
a los que amo seguiré yo amando.

(Teresa del Niño Jesús y la Santa Faz - 15 de Agosto de 1896)


 Poema Musicalizado por Natasha St-Pier y Grégory Turpin en el album "Vivre d'amour":

 


martes, 20 de octubre de 2015

HOMILÍA DE LA CANONIZACIÓN DE LOS SANTOS LUIS MARTIN Y CELIA GUERIN: (18 DE OCTUBRE DE 2015)

Tapiz de los santos esposos Martin en la fachada de la Basilica de San Pedro en Roma.
HOMILÍA DEL SANTO PADRE FRANCISCO

Plaza de San Pedro
XXIX Domingo del Tiempo Ordinario, 18 de octubre de 2015


 
Las lecturas bíblicas de hoy nos hablan del servicio y nos llaman a seguir a Jesús a través de la vía de la humildad y de la cruz.

El profeta Isaías describe la figura del Siervo de Yahveh (53,10-11) y su misión de salvación. Se trata de un personaje que no ostenta una genealogía ilustre, es despreciado, evitado de todos, acostumbrado al sufrimiento. Uno del que no se conocen empresas grandiosas, ni célebres discursos, pero que cumple el plan de Dios con su presencia humilde y silenciosa y con su propio sufrimiento. Su misión, en efecto, se realiza con el sufrimiento, que le ayuda a comprender a los que sufren, a llevar el peso de las culpas de los demás y a expiarlas. La marginación y el sufrimiento del Siervo del Señor hasta la muerte, es tan fecundo que llega a rescatar y salvar a las muchedumbres.

Jesús es el Siervo del Señor: su vida y su muerte, bajo la forma total del servicio (cf. Flp 2,7), son la fuente de nuestra salvación y de la reconciliación de la humanidad con Dios. El kerigma, corazón del Evangelio, anuncia que las profecías del Siervo del Señor se han cumplido con su muerte y resurrección. La narración de san Marcos describe la escena de Jesús con los discípulos Santiago y Juan, los cuales –sostenidos por su madre– querían sentarse a su derecha y a su izquierda en el reino de Dios (cf. Mc 10,37), reclamando puestos de honor, según su visión jerárquica del reino. El planteamiento con el que se mueven estaba todavía contaminado por sueños de realización terrena. Jesús entonces produce una primera «convulsión» en esas convicciones de los discípulos haciendo referencia a su camino en esta tierra: «El cáliz que yo voy a beber lo beberéis … pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, sino que es para quienes está reservado» (vv. 39-40). Con la imagen del cáliz, les da la posibilidad de asociarse completamente a su destino de sufrimiento, pero sin garantizarles los puestos de honor que ambicionaban. Su respuesta es una invitación a seguirlo por la vía del amor y el servicio, rechazando la tentación mundana de querer sobresalir y mandar sobre los demás.

Frente a los que luchan por alcanzar el poder y el éxito, para hacerse ver, frente a los que quieren ser reconocidos por sus propios meritos y trabajos, los discípulos están llamados a hacer lo contrario. Por eso les advierte: «Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor» (vv. 42-43). Con estas palabras señala que en la comunidad cristiana el modelo de autoridad es el servicio. El que sirve a los demás y vive sin honores ejerce la verdadera autoridad en la Iglesia. Jesús nos invita a cambiar de mentalidad y a pasar del afán del poder al gozo de desaparecer y servir; a erradicar el instinto de dominio sobre los demás y vivir la virtud de la humildad.
Reliquias de los 4 nuevos santos.


Y después de haber presentado un ejemplo de lo que hay que evitar, se ofrece a sí mismo como ideal de referencia. En la actitud del Maestro la comunidad encuentra la motivación para una nueva concepción de la vida: «Porque el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos» (v. 45).

En la tradición bíblica, el Hijo del hombre es el que recibe de Dios «poder, honor y reino» (Dn 7,14). Jesús da un nuevo sentido a esta imagen y señala que él tiene el poder en cuanto siervo, el honor en cuanto que se abaja, la autoridad real en cuanto que está disponible al don total de la vida. En efecto, con su pasión y muerte él conquista el último puesto, alcanza su mayor grandeza con el servicio, y la entrega como don a su Iglesia.

Hay una incompatibilidad entre el modo de concebir el poder según los criterios mundanos y el servicio humilde que debería caracterizar a la autoridad según la enseñanza y el ejemplo de Jesús. Incompatibilidad entre las ambiciones, el carrerismo y el seguimiento de Cristo; incompatibilidad entre los honores, el éxito, la fama, los triunfos terrenos y la lógica de Cristo crucificado. En cambio, sí que hay compatibilidad entre Jesús «acostumbrado a sufrir» y nuestro sufrimiento. Nos lo recuerda la Carta a los Hebreos, que presenta a Cristo como el sumo sacerdote que comparte totalmente nuestra condición humana, menos el pecado: «No tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino que ha sido probado en todo, como nosotros, menos en el pecado» (4,15). Jesús realiza esencialmente un sacerdocio de misericordia y de compasión. Ha experimentado directamente nuestras dificultades, conoce desde dentro nuestra condición humana; el no tener pecado no le impide entender a los pecadores. Su gloria no está en la ambición o la sed de dominio, sino en el amor a los hombres, en asumir y compartir su debilidad y ofrecerles la gracia que restaura, en acompañar con ternura infinita, acompañar su atormentado camino.

Cada uno de nosotros, en cuanto bautizado, participa del sacerdocio de Cristo; los fieles laicos del sacerdocio común, los sacerdotes del sacerdocio ministerial. Así, todos podemos recibir la caridad que brota de su Corazón abierto, tanto por nosotros como por los demás: llegando a ser «canales» de su amor, de su compasión, especialmente con los que sufren, los que están angustiados, los que han perdido la esperanza o están solos.

Los santos proclamados hoy sirvieron siempre a los hermanos con humildad y caridad extraordinaria, imitando así al divino Maestro. San Vicente Grossi fue un párroco celoso, preocupado por las necesidades de su gente, especialmente por la fragilidad de los jóvenes. Distribuyó a todos con ardor el pan de la Palabra y fue buen samaritano para los más necesitados.

Santa María de la Purísima, sacando de la fuente de la oración y de la contemplación, vivió personalmente con gran humildad el servicio a los últimos, con una dedicación particular hacia los hijos de los pobres y enfermos.

Los santos esposos Luis Martin y María Azelia Guérin vivieron el servicio cristiano en la familia, construyendo cada día un ambiente lleno de fe y de amor; y en este clima brotaron las vocaciones de las hijas, entre ellas santa Teresa del Niño Jesús.

El testimonio luminoso de estos nuevos santos nos estimulan a perseverar en el camino del servicio alegre a los hermanos, confiando en la ayuda de Dios y en la protección materna de María. Ahora, desde el cielo, velan sobre nosotros y nos sostienen con su poderosa intercesión.

Al final de la ceremonia el Santo Padre es saludado por cientos de peregrinos franceses que asistieron a la ceremonia de Canonización.

viernes, 2 de octubre de 2015

MI ALEGRÍA - Poesia de Santa Teresa del Niño Jesús, Doctora de la Iglesia


Hay almas en la tierra
que van, en vano, en busca de la dicha.
No es ése el caso mío:
yo llevo la alegría dentro del corazón.
No es una flor efímera, la tengo para siempre,
cada día me manda al alma su sonrisa,
lo mismo que una rosa de eterna primavera.

Soy, en verdad, dichosa en demasía,
hago siempre y en todo lo que deseo y quiero.
¿Cómo podría yo no estar alegre,
cómo ocultar mi júbilo?
Amar el sufrimiento es mi alegría,
sonrío cuando lloro.
Con gratitud escojo la espina entre mis flores.

Cuando el azul del cielo se oscurece
y parece que el cielo me abandona,
mi alegría es quedarme en medio de la sombra,
escondida y pequeña.
Mi alegría es cumplir siempre
la santa voluntad de mi Jesús,
mi único y solo amor.
Así, vivo sin miedo,
amo el día y la noche por igual.
Mi alegría es ser pequeña, permanecer pequeña,
así, si alguna vez en el camino caigo,
me levanto enseguida,
y mi Jesús me coge de la mano.
Y colmándole entonces de caricias,
le digo que él es todo para mí...
Redoblo mis ternuras cuando él se hurta a mi fe.

Mi alegría es esconder a mis hermanas,
cuando lloro, mis lágrimas,
que tiene el sufrimiento sus encantos
cuando velar sabemos con flores su aridez.
Quiero sufrir, mas sin decir palabra,
para que mi Jesús se sienta consolado,
que mi alegría es ver cómo él sonríe
mientras en el destierro está mi corazón.

Mi alegría es luchar siempre, sin tregua ni descanso,
por poder engendrar multitud de elegidos.
Es decir, con ternura y muchas veces,
a mi dulce Jesús:
"Por ti, hermano divino, sufro gozosamente.
Mi alegría en la tierra, mi única alegría,
es poder alegrarte".

Quiero seguir viviendo largo tiempo en la tierra,
si ése es tu deseo, mi Señor.
Quiero seguirte al cielo,
si te complace a ti.
El fuego de la patria,
que es el amor,
sin cesar me consume.
¿Qué me importa mi vida? ¿Qué me importa la muerte?
¡Amarte, ése es mi gozo!
¡Mi única dicha, amarte...!


 (Teresa del Niño Jesús y la Santa Faz - 21 de enero de 1897)


 Poema Musicalizado por las Carmelitas Descalzas del Mar de Plata:


jueves, 1 de octubre de 2015

Proclamación de Santa Teresa del Niño Jesús como Doctora de la Iglesia Universal.

EL PAJARILLO HACIA EL SOL DEL AMOR - De los escritos de Santa Teresita del Niño Jesús, Doctora de la Iglesia


¡Oh, Jesús, mi primer y único amigo, el UNICO a quien yo amo!, dime qué misterio es éste. ¿Por qué no reservas estas aspiraciones tan inmensas para las almas grandes, para las águilas que se ciernen en las alturas...? Yo me considero un débil pajarito cubierto únicamente por un ligero plumón. Yo no soy un águila, sólo tengo de águila los ojos y el corazón, pues, a pesar de mi extrema pequeñez, me atrevo a mirar fijamente al Sol divino, al Sol del Amor, y mi corazón siente en sí todas las aspiraciones del águila...

El pajarillo quisiera volar hacia ese Sol brillante que encandila sus ojos; quisiera imitar a sus hermanas las águilas, a las que ve elevarse hacia el foco divino de la Santísima Trinidad... Pero, ¡ay,! lo más que puede hacer es alzar sus alitas, ¡pero eso de volar no está en su modesto poder!

¿Qué será de él? ¿Morirá de pena al verse tan impotente...? No, no, el pajarillo ni siquiera se desconsolará. Con audaz abandono, quiere seguir con la mirada fija en su divino Sol. Nada podrá asustarlo, ni el viento ni la lluvia. Y si oscuras nubes llegaran a ocultarle el Astro del amor, el pajarito no cambiará de lugar: sabe que más allá de las nubes su Sol sigue brillando y que su resplandor no puede eclipsarse ni un instante.

Es cierto que, a veces, el corazón del pajarito se ve embestido por la tormenta, y no le parece que pueda existir otra cosa que las nubes que lo rodean. Esa es la hora de la alegría perfecta para ese pobre y débil ser. ¡Qué dicha para él seguir allí, a pesar de todo, mirando fijamente a la luz invisible que se oculta a su fe...!

Jesús, hasta aquí puedo entender tu amor al pajarito, ya que éste no se aleja de ti... Pero yo sé, y tú también lo sabes, que muchas veces la imperfecta criaturita, aun siguiendo en su lugar (es decir, bajo los rayos del Sol), acaba distrayéndose un poco de su único quehacer: coge un granito acá y allá, corre tras un gusanito...; luego, encontrando un charquito de agua, moja en él sus plumas apenas formadas; ve una flor que le gusta, y su espíritu débil se entretiene con la flor... En una palabra, el pobre pajarito, al no poder cernerse como las águilas, se sigue entreteniendo con las bagatelas de la tierra.

Sin embargo, después de todas sus travesuras, el pajarillo, en vez de ir a esconderse en un rincón para llorar su miseria y morirse de arrepentimiento, se vuelve hacia su amado Sol, expone a sus rayos bienhechores sus alitas mojadas, gime como la golondrina; y, en su dulce canto, confía y cuenta detalladamente sus infidelidades, pensando, en su temerario abandono, adquirir así un mayor dominio, atraer con mayor plenitud el amor de Aquel que no vino a buscar a los justos sino a los pecadores...

Y si el Astro adorado sigue sordo a los gorjeos lastimeros de su criaturita, si sigue oculto..., pues bien, entonces la criaturita seguirá allí mojada, aceptará estar aterida de frío, y seguirá alegrándose de ese sufrimiento que en realidad ha merecido...

¡Qué feliz, Jesús, es tu pajarito de ser débil y pequeño! Pues ¿qué sería de él si fuera grande...? Jamás tendría la audacia de comparecer en tu presencia, de dormitar delante de ti...

Sí, ésta es también otra debilidad del pajarito cuando quiere mirar fijamente al Sol divino y las nubes no le dejan ver ni un solo rayo: a pesar suyo, sus ojitos se cierran, su cabecita se esconde bajo el ala, y el pobrecito se duerme creyendo seguir mirando fijamente a su Astro querido.

Pero al despertar, no se desconsuela, su corazoncito sigue en paz. Y vuelve a comenzar su oficio de amo. Invoca a los ángeles y a los santos, que se elevan como águilas hacia el Foco devorador, objeto de sus anhelos, y las águilas, compadeciéndose de su hermanito, le protegen y defienden y ponen en fuga a los buitres que quisieran devorarlo.

El pajarito no teme a los buitres, imágenes de los demonios, pues no está destinado a ser su presa, sino la del Aguila que él contempla en el centro del Sol del amor.

(www.portalcarmelitano.org)

sábado, 13 de junio de 2015

AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS - Poesía de Santa Teresa del Niño Jesús, Doctora de la Iglesia.


Junto al sepulcro santo,
María Magdalena, en lágrimas deshecha,
se arrodilló en el suelo, buscando a su Jesús.
Los ángeles vinieron a suavizar su pena,
pero no consiguieron suavizar su dolor.
Luminosos arcángeles,
Mas no era vuestro brillo, luminosos arcángeles
lo que esta alma ardiente venía aquí a buscar.
Ella quería ver al Señor de los ángeles,
tomarle en sus brazos y llevarle muy lejos.

Junto al sepulcro santo ella quedó la última,
y al sepulcro volvió antes de amanecer.
Su Dios se hizo también
presente, aunque velando su presencia,
no pudo ella vencerle en la lid del amor...
Cuando llegó el momento,
desvelándole él su faz bendita
envuelta en propia luz,
brotóle de los labios una sola palabra,
fruto del corazón.
Jesús el dulce nombre murmuró de: "¡María!"
y devolvió a María la alegría y la paz.

Un día, mi Señor, como la Magdalena,
quise verte de cerca, y me llegué hasta ti.
Se abismó mi mirada por la inmensa llanura
a cuyo Dueño y Rey yo iba buscando.
Al ver la flor y el pájaro,
el estrellado cielo y la onda pura,
exclamé arrebatada:
"Bella naturaleza, si en ti no veo a Dios,
no serás para mí más que un sepulcro inmenso.

"Necesito encontrar
un corazón que arda en llamas de ternura,
que me preste su apoyo sin reserva,
que me ame como soy, pequeña y débil,
que todo lo ame en mí,
y que no me abandone de noche ni de día".
No he podido encontrar ninguna criatura
capaz de amarme siempre y de nunca morir.
Yo necesito a un Dios que, como yo, se vista
de mi misma y mi pobre naturaleza humana,
que se haga hermano mío y que pueda sufrir.

Tú me escuchaste, amado Esposo mío.
Por cautivar mi corazón, te hiciste
igual que yo, mortal,
derramaste tu sangre, ¡oh supremo misterio!,
y, por si fuera poco,
sigues viviendo en el altar por mí.
Y si el brillo no puedo contemplar de tu rostro
ni tu voz escuchar, toda dulzura,
puedo, ¡feliz de mí!,
de tu gracia vivir, y descansar yo puedo
en tu sagrado corazón, Dios mío.

¡Corazón de Jesús, tesoro de ternura,
tú eres mi dicha, mi única esperanza!
Tú que supiste hechizar mi tierna juventud,
quédate junto a mí hasta que llegue
la última tarde de mi día aquí.
Te entrego, mi Señor, mi vida entera,
y tú ya conoces todos mis deseos.
En tu tierna bondad, siempre infinita,
quiero perderme toda, Corazón de Jesús.

Sé que nuestras justicias y todos nuestros méritos
carecen de valor a tus divinos ojos.
Para darles un precio,
todos mis sacrificios echar quiero
en tu inefable corazón de Dios.
No encontraste a tus ángeles sin mancha.
En medio de relámpagos tú dictaste tu ley
¡Oh corazón sagrado, yo me escondo en tu seno
y ya no tengo miedo, mi virtud eres tú!

Para poder un día contemplarte en tu gloria,
antes hay que pasar por el fuego, lo sé.
En cuanto a mi me toca, por purgatorio escojo
tu amor consumidor, corazón de mi Dios.
Mi desterrada alma, al dejar esta vida,
quisiera hace un acto de purísimo amor,
y luego, dirigiendo su vuelo hacia la patria,
¡entrar ya para siempre
en tu corazón...!

  (Teresa del Niño Jesús y la Santa Faz - 21 de Junio/Octubre de 1895.)

sábado, 30 de mayo de 2015

CÁNTICO PARA OBTENER LA CANONIZACIÓN DE LA VENERABLE JUANA DE ARCO - Poesía de Santa Teresa del Niño Jesús, Doctora de la Iglesia.

Poesía que Teresita compusó y dedicó a su hermana Celina en la que pide ardientemente a Dios la Canonización de Juana de Arco, que en aquel entonces era Venerable (1894).

Dios vencedor, tu Iglesia, toda entera,
rendir pronto quisiera honor en los altares
a una virgen y mártir, a una niña guerrera,
cuyo nombre resuena ya en el cielo.
 
Estrib:  Por tu poder,
¡oh Rey del cielo!,
dale a Juana de Francia }
aureola y altar. }
bis


 Para salvar a Francia, a la Francia culpable,
no desea tu Iglesia ningún conquistador.
A Francia solamente Juana puede salvarla:
¡todos los héroes juntos pesan menos que un mártir!


 Juana es obra maestra de tus manos, Señor.
Un corazón de fuego y un alma de guerrero
diste a la virgen tímida,
coronando su frente de lirio y de laurel.


 En su humilde pradera oyó voces del cielo
que a los campos de lucha la llamaban.
Partió rápidamente para salvar la patria,
y, tierna jovencita, a soldados mandó.


 De los fieros guerreros Juana ganó las almas:
el resplandor divino de este ángel de los cielos
y su mirada pura y su palabra en llamas
hicieron que las frentes atrevidas
al suelo se inclinaran.


 Por un prodigio,entonces, que es único en la historia,
un monarca cobarde y tembloroso
reconquistó su gloria y su corona
valiéndose del brazo de una débil doncella.


 Mas no son éstas las victorias grandes
que de Juana hoy queremos celebrar;
la verdaderas glorias que en ella celebramos
son y serán por siempre, ¡oh Dios!,
sus virtudes, su amor.


 Salvó a Francia en los campos de batalla,
mas su grandes virtudes
necesitaban el divino sello
del sufrimiento amargo,
que fue el sello bendito de su Esposo, Jesús.


Sobre la pira en llamas sacrificó su vida,
y en aquel mismo instante
ella escuchó las voces de los santos,
abandonó el destierro por la Patria,
el ángel salvador se remontó a los cielos...


 Tú eres, pura doncella, nuestra dulce esperanza,
escucha nuestras voces, ven de nuevo a nosotros.
Baja y convierte a Francia,
y por segunda vez ven a salvarla.


Estrib:  Por el poder
del Dios de las victorias,
¡salva, salva a tu Francia, }
ángel libertador! }
bis


 Hija de Dios, bellos fueron tus pasos,
arrojando al inglés de tu nación.
Mas no eches en olvido
que en los días primeros de tu infancia
te dedicabas a cuidar corderos.


Estrib:  Sé tú la defensora
de los que nada pueden,
conserva la inocencia }
en las cándidas almas }
de los niños. }
bis


 Tuyos, ¡oh dulce mártir!, son nuestros monasterios,
tú sabes que las vírgenes hermanas tuyas son;
y sabes que el objeto de sus ruegos
es, como fue el objeto de los tuyos,
ver que en todas las almas reina Dios.


Estrib: Salvar las almas
es su deseo,
de apóstol mártir }
dales tu llama. }
bis


 Muy lejos de nosotros huirán temor y miedo
cuando la Iglesia ensalce la figura
de Juana, nuestra Santa,
coronando su frente, limpia y pura.

Entonces cantaremos:


Estrib: En ti tenemos puesta
toda nuestra esperanza.
¡Oh, ruega por nosotros, }
santa Juana de Francia! } bis


 (Teresa del Niño Jesús y la Santa Faz - 8 de mayo de 1894.)



Teresa de Lisieux y Juana de Arco, "las palomas de Cristo":

Desde mi niñez he soñado con combatir en los campos de batalla. Cuando comencé a estudiar la historia de Francia, el relato de las hazañas de Juana de Arco me entusiasmaba; sentía en mi corazón el deseo y el ánimo de imitarla; me parecía que el Señor me destinaba a mí también a grandes cosas. Y no me engañaba. Sólo que, en lugar de una voz del cielo invitándome al combate, yo escuché en el fondo de mi alma una voz más suave y más fuerte todavía: la del Esposo de las vírgenes, que me llamaba a otras hazañas y a conquistas más gloriosas. Y en la soledad del Carmelo he comprendido que mi misión no era la de hacer coronar a un rey mortal, sino la de hacer amar al Rey del cielo, la de someterle el reino de los corazones. 

(Carta de Santa Teresita al Padre Bellière. 25 de abril de 1897).

Video dedicado a las dos patronas e heroinas de Francia:



Galeria de Imagenes: 

La Santísima Virgen, Santa Juana de Arco y Santa Teresa de Lisieux intercediendo por Francia - Tabla pintada por Sor María del Espiritu Santo ( del Carmelo de Lisieux) en 1945.
Teresa y Juana - Posiblemente dibujado por Celina, no se conoce el año.
 

domingo, 17 de mayo de 2015

HOMILÍA DE LA CANONIZACIÓN DE SANTA TERESITA DEL NIÑO JESÚS Y LA SANTA FAZ POR S.S PIO XI: (17 DE MAYO DE 1925)

Derecha: El Papa Pio XI, que hasta hoy es uno de los mas grandes devotos que ha tenido la "florecilla de Lisieux". Izquierda: Ceremonia de Canonización pintada por Sor Genoveva de la Santa Faz (Celina) en base a una fotografia real.


HOMILÍA DEL SANTO PADRE PIO XI

Basilica Vaticana, 17 de mayo de 1925.


Venerables hermanos, amados hijos:

“Sea bendito Dios, Padre de Nuestro Señor Jesucristo, Padre misericordioso y Dios de toda consolación” que en medio de las innumerables preocupaciones de nuestro ministerio apostólico, nos ha concedido la alegría de inscribir como nuestra primera santa a aquella virgen que en un primer momento, después del inicio nuestro pontificado, elevamos al honor de los beatos. Se trata de aquella que fue como un niño en el espíritu: de aquella infancia que no es posible separarla de la grandeza de su alma pero cuya gloria, de acuerdo con las mismas promesas de Jesucristo, es absolutamente digna de ser consagrada en la Jerusalén celestial como en la Iglesia militante.


De igual manera, agradecemos a Dios porque hoy se nos permite, como Vicario de su Unigénito, de repetir e inculcar en todos ustedes, desde esta Cátedra de la verdad y durante este solemne rito, un recordatorio muy saludable de las enseñanzas del divino Maestro. Después de que los discípulos le interrogaron sobre quién era el mayor en el reino de los cielos, Él, “llamando a un niño lo puso en medio de ellos” y pronuncio aquellas memorables palabras: “En verdad os digo, que si no os convertís y os hacéis como niños, no entraran en el reino de los cielos”.  (Mateo 18: 2)


Teresa, la nueva santa, habiendo vivamente absorbido esta doctrina evangélica, la traduce a la práctica de la vida cotidiana; de hecho, con la palabra y con el ejemplo enseñó a las novicias de su monasterio esta vía de la infancia espiritual, y a todos que por medio de sus escritos, escritos que, se han difundido por todo el mundo y que después de leer se siguen leyendo una y otra vez por el máximo beneficio y alegría que dan al alma. De hecho, esta joven que floreció en el claustro del Carmelo, y que agrego a su nombre el del Niño Jesús, volvió sobre si misma su imagen; entonces hay que decir que cualquier persona que venera a Teresa, venera y alaba el divino ejemplo que ella copio en sí.


Hoy en día, por lo tanto, esperamos que en la mente de los fieles pueda venir el deseo de practicar esta infancia espiritual, que consiste en esto: que todo lo que el niño piensa y hace por naturaleza, nosotros lo hagamos en ejercicio de la virtud. Los niños pequeños no están perturbados por los pecados e cegados por las pasiones y disfrutan de la paz en la posesión de su inocencia (y sin ningún medio de engaño o hipocresía expresan sinceramente sus pensamientos y obras, de forma que se muestran como realmente son), por lo que Teresa mostraba una naturaleza más angélica que humana, y conquisto la simplicidad del niño, según la ley de la verdad y la justicia.


La Doncella de Lisieux tenía siempre presente en la memoria la invitación y las promesas de su Esposo divino: “Quien sea pequeño (Prov. 9:4), venga a mí. Sera llevado a mi pecho y os acariciare sobre mis rodillas como lo hace una madre, así os consolare” (Is. 64: 12-13), por lo que Teresa es consciente de su debilidad, se encomendó a la divina providencia a fin de que, apoyándose únicamente en su ayuda, podría lograr la perfecta santidad de la vida, incluso cuando experimentaba dificultades, y de una absoluta abdicación, pero gozosa, de su propia voluntad.


Siendo así, no debemos sorprendernos de que esta santa hermana se haya realizado tal como lo ha dicho Cristo: “Quien se haga como este niño será el mayor en el reino de los cielos” (Mateo 18:4). La benevolencia divina la ha enriquecido con el don de una casi singular. Después de haber recibido en gran medida la verdadera doctrina de la fe de la enseñanza del catecismo, la ascesis del libro dorado de la Imitación de Cristo y de los volúmenes místicos de su padre San Juan de la Cruz, también alimentan su mente y su corazón con asiduidad la lectura de las Sagradas Escrituras, el Espíritu de la verdad le comunico y manifestó lo que suele esconder a los “sabios y orgullosos” y revela a “los más pequeños”; de hecho, ella – según el testimonio de nuestro predecesor- estaba dotada de tanta ciencia de las cosas celestiales que puede señalar a otros el camino cierto de la salvación. Y a partir de esto que ofrece una rica participación de la luz y de la divina gracia encendió en Teresa un incendio tan grande de caridad que, portándola continuamente fuera del cuerpo, al final la consumió, tanto que, poco antes de salir de esta vida, ella podía decir con franqueza “No le he dado a Dios otra cosa que amor”. Resulta claro que por esta ardiente caridad, en la joven de Lisieux existía el propósito y el empeño “Trabajar por amor de Jesús, solo para complacerlo, para consolar su santísimo corazón y para promover la salvación eterna de las almas, que Cristo amó para siempre” que ella había comenzado a hacer, y obtiene  al momento de entrar en la patria celestial y se comprende ahora, fácilmente, con aquella mística lluvia de rosas, que por concesión divina, ella había prometido aún en vida y que ya ha derramado sobre la tierra y sigue derramando.


Por lo tanto, venerables hermanos y amados hijos, deseo firmemente que todos los cristianos  sean dignos de participar en esta  gran efusión de gracias, patrocinada por la Pequeña Teresa;  Pero deseamos mucho más fervientemente  que todos los fieles que la miran con diligencia, se comporten como niños, porque si no son tales, como dice Cristo, serán excluidos del reino de los cielos. Si todo descubrieran este camino de la infancia espiritual, todo el mundo verá lo fácil que es conseguir aquella corrección de la sociedad humana que hemos propuesto desde  temprano en nuestro pontificado y especialmente iniciando este Jubileo Máximo.


Así que hacemos nuestra la oración con la que la nueva  Santa Teresa del Niño Jesús, terminó su preciosa autobiografía: "Te rogamos, oh buen Jesús, que resguardes el gran número de las pequeñas almas y elige en la tierra una legión de víctimas, que sean dignos de tu amor”. Que así sea.


Traducción: Jhonatan Alarcón.


Galeria de Imagenes

Alegoria de la Canonización "mistica" de Santa Teresita pintada por Sor María del Espiritu Santo (del Carmelo de Lisieux) en 1925.


Diseño del tapiz utilizado para la Canonización de Santa Teresita, pintado por Sor Genoveva de la Santa Faz (Celina), Sor María del Espiritu Santo y Pascal Blanchard en 1924.
Rara fotografia de la Canonización de Santa Teresa en 1925.

Panoramica de la Basilica de San Pedro iluminda con cirios por la Canonización de Teresa de Lisieux en 1925.

Diseño del tapiz que colgó en la fachada de la Basilica de San Pedro durante la beatificación (29 de abril de 1923) y la Canonización (17 de mayo de 1925) de Teresa de Lisieux.















Proseción en lisieux, con las reliquias de Santa Teresita, en julio de 1925. Dos meses después de su Canonización.