lunes, 7 de septiembre de 2026

EL DIVINO NIÑO JESÚS DEL 20 DE JULIO: La infancia de Cristo que alza las manos en Bogotá para alcanzar a todo el mundo.

 

-𝐿𝑎 𝑖𝑚𝑎𝑔𝑒𝑛 𝑜𝑟𝑖𝑔𝑖𝑛𝑎𝑙 𝑑𝑒𝑙 𝐷𝑖𝑣𝑖𝑛𝑜 𝑛𝑖𝑛̃𝑜 𝐽𝑒𝑠𝑢́𝑠 𝑎𝑑𝑞𝑢𝑖𝑟𝑖𝑑𝑎 𝑝𝑜𝑟 𝑒𝑙 𝑃. 𝐽𝑢𝑎𝑛 𝑑𝑒𝑙 𝑅𝑖𝑧𝑧𝑜 𝑦 𝑞𝑢𝑒 𝑠𝑒 𝑣𝑒𝑛𝑒𝑟𝑎 𝑒𝑛 𝑠𝑢 𝑆𝑎𝑛𝑡𝑢𝑎𝑟𝑖𝑜 𝑑𝑒𝑙 𝑏𝑎𝑟𝑟𝑖𝑜 20 𝑑𝑒 𝐽𝑢𝑙𝑖𝑜 𝑒𝑛 𝐵𝑜𝑔𝑜𝑡𝑎́ (𝐶𝑜𝑙𝑜𝑚𝑏𝑖𝑎).
-𝐿𝑎 𝑖𝑚𝑎𝑔𝑒𝑛 𝑜𝑟𝑖𝑔𝑖𝑛𝑎𝑙 𝑑𝑒𝑙 𝐷𝑖𝑣𝑖𝑛𝑜 𝑛𝑖𝑛̃𝑜 𝐽𝑒𝑠𝑢́𝑠 𝑎𝑑𝑞𝑢𝑖𝑟𝑖𝑑𝑎 𝑝𝑜𝑟 𝑒𝑙 𝑃. 𝐽𝑢𝑎𝑛 𝑑𝑒𝑙 𝑅𝑖𝑧𝑧𝑜 𝑦 𝑞𝑢𝑒 𝑠𝑒 𝑣𝑒𝑛𝑒𝑟𝑎 𝑒𝑛 𝑠𝑢 𝑆𝑎𝑛𝑡𝑢𝑎𝑟𝑖𝑜 𝑑𝑒𝑙 𝑏𝑎𝑟𝑟𝑖𝑜 20 𝑑𝑒 𝐽𝑢𝑙𝑖𝑜 𝑒𝑛 𝐵𝑜𝑔𝑜𝑡𝑎́ (𝐶𝑜𝑙𝑜𝑚𝑏𝑖𝑎).

De todas las devociones que han nacido de la religiosidad colombiana, posiblemente la que se ha esparcido con más rapidez por los diversos rincones del orbe católico es la del Divino Niño Jesús, venerado en su santuario del barrio 20 de julio de la capital del país. Su imagen inconfundible de rizos dorados, brazos abiertos y vestido rosa sujeto con cinturón verde esmeralda se ha transformado en un icono que trasciende lo religioso y se adentra en lo cultural, que ha viajado con los colombianos por el mundo casi como una carta de presentación identitaria, muy similar a lo que ha sido para el pueblo de México la imagen de la Virgen de Guadalupe, pero que no muchos saben nació como una rencilla entre comunidades religiosas y que floreció, no gracias a una aparición milagrosa o hecho sobrenatural, sino a un gran componente social y caritativo que terminó ayudando a mover la imagen y su fama de los pequeños límites de la idiosincrasia “rola” para llegar a todos los extremos del país, y de ahí, al mundo.

 

El origen: El P. Juan del Rizzo y la devoción sin copyright.

-𝐸𝑙 𝑅𝑒𝑣. 𝑃. 𝐽𝑢𝑎𝑛 𝑑𝑒𝑙 𝑅𝑖𝑧𝑧𝑜 𝐵𝑎𝑡𝑡𝑖𝑠𝑡𝑜𝑛 𝑆.𝐷.𝐵 (1882-1957).
𝐷𝑖𝑓𝑢𝑠𝑜𝑟 𝑦 𝑎𝑝𝑜́𝑠𝑡𝑜𝑙 𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝑑𝑒𝑣𝑜𝑐𝑖𝑜́𝑛 𝑑𝑒𝑙 𝐷𝑖𝑣𝑖𝑛𝑜 𝑛𝑖𝑛̃𝑜 𝐽𝑒𝑠𝑢́𝑠.

El sacerdote salesiano Juan del Rizzo, nacido en la localidad italiana de Azzano Decimo, el 16 de mayo de 1882, y bautizado como Giovanni Del Rizzo Battiston, arribó a tierras colombianas en 1914, en específico a la ciudad de Barranquilla. Había sido ordenado sacerdote catorce años antes con el favor del rector mayor de los salesianos de aquel momento, el beato Miguel Rúa, primer sucesor de San Juan Bosco, pero la profesión de sus votos religiosos fue retrasada durante algún tiempo mas debido a cuestionamientos de sus superiores, que veían en su mal carácter un posible tropiezo para su actividad apostólica.

Con las primeras dificultades superadas y ya establecido en Colombia, después de un breve pasó por Venezuela, de su primera casa en Barranquilla fue enviado a Medellín, de 1927 a 1930, y luego a Ibagué, de 1930 a 1933.

Mientras estuvo en estos lugares, un signo que acompañó su labor pastoral fue su marcada devoción al milagroso niño Jesús de Praga, que tiene un importante santuario en Italia (en Arenzano, en la región de Liguria, cerca de Génova). Si bien desde su niñez tuvo conciencia de esta devoción al peregrinar al santuario genovés, no fue sino hasta que en Barranquilla, cuando sus superiores lo enviaron a pedir limosna para la edificación del templo de San Roque, se fue a postrar ante la imagen de María Auxiliadora con mucha vergüenza, pidiéndole le diera valentía para semejante trabajo que humillaba tanto el ego. Después de mucho pedir sin respuesta, viendo al niño Dios con los brazos abiertos cargado por su madre se dijo a sí mismo: “Siempre le pido estos favores a María Auxiliadora, la mamá... pero tal vez si se lo pido directamente a su hijo mi plegaria sea más rápidamente escuchada.” Contaba el sacerdote que en ese mismo momento se llenó de tal valor y fuerza que salió con paso seguro a pedir la limosna, regresando con buenos donativos a casa y con un renovado y fuertísimo amor a la infancia de Jesucristo.

Un poco después, y parece que ya estando en Medellín, es donde se dio un pequeño pero significativo altercado con una comunidad religiosa en torno a la devoción al niño de Praga, lo suficiente como para obligar al Padre Rizzo a contemplar la búsqueda de otra imagen de la infancia de Cristo para continuar la devoción. Aunque en muchas de las biografías del sacerdote o de la historia de la devoción del Divino niño se omite esta anécdota o se cambia el nombre por una “antigua asociación piadosa”, se sabe que el encontrón o disgusto se dio con los frailes carmelitas descalzos, que fueron los primeros en traer a Colombia la devoción al niño Jesús de Praga (la devoción en sí misma fue difundida en sus inicios y desde Praga y Arenzano por esta orden religiosa). Parece que a los religiosos carmelitas no les hacía gracia que apareciera un salesiano a querer montar devoción con la advocación de Jesús niño que ellos sentían de su propiedad, tal cual y como hoy en día se reclamarían derechos de autor o “copyright”.

No hay total seguridad sobre si hubo algún tipo de petición formal para desistir del uso de la imagen del niño Jesús checo por parte de los carmelitas o si se trató meramente de una pequeña queja o comentario. La falta de menciones en el relato de los acontecimientos, como también cierto sigilo o prudencia entre los religiosos, no permite ahondar mucho en el asunto pero si se sabe que ante aquel reclamo por el uso de la devoción, el padre Juan se decidió a encontrar otra imagen del Jesús niño para propagar y venerar, e incluso se le llegan a atribuir estas palabras: “Lo importante no es como este vestida la imagen (refiriéndose a su advocación). Lo que vale es venerar su santa infancia, los primeros doce años de su vida humana en la tierra. Buscaré otra imagen del niño Jesús y propagaré su devoción, porque quien hace los milagros no es la imagen (estatua), el que hace los milagros es Jesucristo que está en el cielo y que ha prometido: “Tu oración será escuchada si me pides por los méritos de mi infancia”. (Esta frase que el P. Rizzo pone en boca de Jesús se cree hace parte de las revelaciones místicas conferidas a una religiosa carmelita descalza francesa, la venerable Margarita del Santísimo Sacramento, en 1636.)

 

El niño Jesús de Bogotá que nació en “el Vaticano” 

-𝐷𝑒𝑟𝑒𝑐ℎ𝑎: 𝑀𝑜𝑑𝑒𝑙𝑜𝑠 𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝑖𝑚𝑎𝑔𝑒𝑛 𝑞𝑢𝑒 𝑒𝑙 𝑃. 𝐽𝑢𝑎𝑛 𝑑𝑒𝑙 𝑅𝑖𝑧𝑧𝑜 𝑒𝑛𝑐𝑜𝑛𝑡𝑟𝑜́ 𝑒𝑛 𝑒𝑙 𝑎𝑙𝑚𝑎𝑐𝑒́𝑛 “𝐸𝑙 𝑉𝑎𝑡𝑖𝑐𝑎𝑛𝑜” 𝑒𝑛 𝐵𝑜𝑔𝑜𝑡𝑎́ 𝑦 𝑞𝑢𝑒 𝑝𝑖𝑑𝑖𝑜́ 𝑚𝑜𝑑𝑖𝑓𝑖𝑐𝑎𝑟 𝑝𝑎𝑟𝑎 𝑠𝑢 𝑑𝑒𝑣𝑜𝑐𝑖𝑜́𝑛.

-𝐼𝑧𝑞𝑢𝑖𝑒𝑟𝑑𝑎: 𝐿𝑎 𝑖𝑚𝑎𝑔𝑒𝑛 𝑑𝑒𝑙 𝐷𝑖𝑣𝑖𝑛𝑜 𝑛𝑖𝑛̃𝑜 𝐽𝑒𝑠𝑢́𝑠 𝑐𝑜𝑚𝑜 𝑠𝑒 𝑙𝑒 𝑣𝑒𝑛𝑒𝑟𝑎 𝑒𝑛 𝑠𝑢 𝑢𝑟𝑛𝑎 𝑑𝑒𝑙 𝑆𝑎𝑛𝑡𝑢𝑎𝑟𝑖𝑜 𝑑𝑒𝑙 20 𝑑𝑒 𝑗𝑢𝑙𝑖𝑜, 𝑑𝑒𝑠𝑝𝑢𝑒́𝑠 𝑑𝑒 𝑙𝑎𝑠 𝑚𝑜𝑑𝑖𝑓𝑖𝑐𝑎𝑐𝑖𝑜𝑛𝑒𝑠 𝑦 𝑐𝑜𝑚𝑜 𝑠𝑒 𝑙𝑒 𝑐𝑜𝑛𝑐𝑖𝑏𝑒 𝑎𝑐𝑡𝑢𝑎𝑙𝑚𝑒𝑛𝑡𝑒 𝑒𝑛 𝑠𝑢 𝑖𝑐𝑜𝑛𝑜𝑔𝑟𝑎𝑓𝑖́𝑎.

En 1933 el padre Juan fue enviado a Bogotá y en esta ciudad permanecería el resto de su vida. De inmediato fue encargado como profesor en el colegio salesiano de León XIII en el barrio La Candelaria, y al mismo tiempo se le encargó la labor de catequesis de los niños en el “campo San José”, un potrero desolado al sur de la ciudad en el que solo había algunas pocas familias pobres y con viviendas muy sencillas a los que los salesianos acompañaban en la educación de sus hijos. Un año después de su llegada se le responsabiliza del Oratorio en el Colegio Salesiano de León XIII, pero aun con todas las nuevas responsabilidades no pierde oportunidad de encontrar esa nueva imagen del niño Jesús que tanto deseaba para propagar su devoción.

En uno de esos días de paseo por el centro histórico de la ciudad, y dando a la calle detrás de la Catedral primada en la que se reunía un pequeño pero activo comercio de imaginería religiosa, es que llega a una tienda de santos llamada “El Vaticano”, propiedad de un artista italiano, paisano suyo.  Al entrar en este almacén, más por curiosidad que por necesidad, encuentra entre lo exhibido una imagen del niño Jesús recargado sobre una cruz que le servía para descansar los brazos abiertos. En su manera descomplicada y jocosa, el padre Rizzo le dijo al vendedor: “¡¿Qué?! ¿Tan pequeño y ya quieren crucificarlo? Quítenle esa cruz y lo llevo.” El artista habla con él y hace el encargo para las modificaciones de la imagen. El Padre también le pidió al escultor que agregara las palabras “Yo Reinare” en la base de la estatua y así se retira.

El artista hizo los cambios solicitados y así presentó una estatuilla de entre 40 y 50 cm, del estilo puro de los talleres en Barcelona de finales del siglo XIX, que representaba al niño Jesús, de mirada elevada y sonrisa tierna, revestido con una túnica color rosa ceñida a la cintura por un cinto verde pálido, con una aureola de metal dorado que fusionaba halo y potencias y los brazos levantados hacia el cielo mientras aparecía erguido sobre una nube con la inscripción “Yo reinare” a sus pies. El padre Rizzo, maravillado y satisfecho, completó la compra como prometido y ya libre para venerar a su niño Jesús como mejor le pareciese decidió llevárselo, no al colegio salesiano donde era rector, sino al “campo San José” donde, desde 1929, se proyectó la edificación del barrio 20 de Julio (nombrado así en memoria de fecha de la Independencia de Colombia - 20 de julio de 1810), el mismo barrio que luego daría apellido a esta devoción y que crecería en torno a ella.

En 1935 el padre deja su sede en la Candelaria y pasa a residir de manera permanente en este nuevo barrio “20 de julio” que en ese momento no contaba más que con una decena de viviendas. Allí también pensó en la edificación de una capilla dedicada al Divino niño Jesús para entronizar su imagen y, efectivamente, aunque al principio se trataba de apenas un templete de techo y columnas donde se celebraba la misa los domingos, él no perdió el tiempo y mandó fotografiar la estatuilla del Divino niño y cada semana repartía por montones estampas con su imagen mientras pregonaba el inmenso poder milagroso de este niño, que repartía gracia y bendición por doquier si se le sabía pedir con fe.

De manera extraordinaria, los esfuerzos del padre Juan del Rizzo empezaron a surgir efecto y cada domingo mas y mas personas se acercaban atraídas por la novedad de la imagen, y muchos otros a dar gracias por los primeros milagros y favores recibidos al invocar al Divino niño, de esta manera el cielo parecía que respondía y legitimaba los esfuerzos del sacerdote. En menos de 10 años una cantidad impresionante de personas se aglomeraba en esos terrenos baldíos del origen del 20 de julio cada domingo para escuchar misa y rezar ante la imagen, y aunque el barrio todavía no tenía vías pavimentadas debido a su poca población, el gobierno de la ciudad tuvo que ponerle vías de acceso a buses y camiones antes de que aparecieran las casas ya que la cantidad inmensa de peregrinos hizo que el transporte público agregara a sus letreros la parada “20 de julio” por la demanda de visitantes.

𝐷𝑒𝑟𝑒𝑐ℎ𝑎: 𝐿𝑎 𝑝𝑟𝑖𝑚𝑒𝑟𝑎 𝑓𝑜𝑡𝑜𝑔𝑟𝑎𝑓𝑖́𝑎 𝑞𝑢𝑒 𝑒𝑙 𝑝𝑎𝑑𝑟𝑒 𝐽𝑢𝑎𝑛 𝑑𝑒𝑙 𝑅𝑖𝑧𝑧𝑜 ℎ𝑖𝑧𝑜 𝑡𝑜𝑚𝑎𝑟 𝑎 𝑙𝑎 𝑖𝑚𝑎𝑔𝑒𝑛 𝑝𝑎𝑟𝑎 𝑑𝑖𝑓𝑢𝑛𝑑𝑖𝑟𝑙𝑎 𝑒𝑛 𝑒𝑠𝑡𝑎𝑚𝑝𝑎𝑠

-𝐶𝑒𝑛𝑡𝑟𝑜: 𝐼𝑛𝑣𝑖𝑡𝑎𝑐𝑖𝑜́𝑛 𝑎 𝑙𝑎 𝑐𝑒𝑟𝑒𝑚𝑜𝑛𝑖𝑎 𝑑𝑒 𝑐𝑜𝑙𝑜𝑐𝑎𝑐𝑖𝑜́𝑛 𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝑝𝑟𝑖𝑚𝑒𝑟𝑎 𝑝𝑖𝑒𝑑𝑟𝑎 𝑑𝑒𝑙 𝑝𝑟𝑖𝑚𝑒𝑟 𝑡𝑒𝑚𝑝𝑙𝑒𝑡𝑒 𝑑𝑒 𝑙𝑜𝑠 𝑠𝑎𝑙𝑒𝑠𝑖𝑎𝑛𝑜𝑠 𝑒𝑛 𝑙𝑜 𝑞𝑢𝑒 𝑠𝑒𝑟𝑖́𝑎 𝑒𝑙 𝑏𝑎𝑟𝑟𝑖𝑜 20 𝑑𝑒 𝑗𝑢𝑙𝑖𝑜, 1933

-𝐼𝑧𝑞𝑢𝑖𝑒𝑟𝑑𝑎 1: 𝐸𝑙 𝑡𝑒𝑚𝑝𝑙𝑒𝑡𝑒 𝑒𝑛 𝑒𝑙 𝑞𝑢𝑒 𝑙𝑜𝑠 𝑠𝑎𝑙𝑒𝑠𝑖𝑎𝑛𝑜𝑠 𝑐𝑒𝑙𝑒𝑏𝑟𝑎𝑏𝑎𝑛 𝑙𝑎 𝑆𝑎𝑛𝑡𝑎 𝑀𝑖𝑠𝑎 𝑒𝑛 𝑒𝑙 “𝑐𝑎𝑚𝑝𝑜 𝑆𝑎𝑛 𝐽𝑜𝑠𝑒́” 𝑦 𝑑𝑜𝑛𝑑𝑒 𝑠𝑒 𝑒𝑛𝑡𝑟𝑜𝑛𝑖𝑧𝑜́ 𝑝𝑜𝑟 𝑝𝑟𝑖𝑚𝑒𝑟𝑎 𝑣𝑒𝑧 𝑙𝑎 𝑖𝑚𝑎𝑔𝑒𝑛 𝑑𝑒𝑙 𝐷𝑖𝑣𝑖𝑛𝑜 𝑛𝑖𝑛̃𝑜 𝑒𝑛 1935.

-𝐼𝑧𝑞𝑢𝑖𝑒𝑟𝑑𝑎 2: 𝐶𝑜𝑛𝑠𝑡𝑟𝑢𝑐𝑐𝑖𝑜́𝑛 𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝐼𝑔𝑙𝑒𝑠𝑖𝑎 𝑑𝑒𝑙 𝑛𝑖𝑛̃𝑜 𝐽𝑒𝑠𝑢́𝑠 𝑒𝑛 𝑒𝑙 𝑏𝑎𝑟𝑟𝑖𝑜 20 𝑑𝑒 𝑗𝑢𝑙𝑖𝑜 𝑎 𝑝𝑟𝑖𝑛𝑐𝑖𝑝𝑖𝑜𝑠 𝑑𝑒 𝑙𝑜𝑠 𝑎𝑛̃𝑜𝑠 40.

Una casa para la devoción y los “regaños” al niño Jesús por pan y chocolate

-𝐷𝑒𝑟𝑒𝑐ℎ𝑎: 𝐿𝑎 𝐼𝑔𝑙𝑒𝑠𝑖𝑎 𝑑𝑒𝑙 𝑁𝑖𝑛̃𝑜 𝐽𝑒𝑠𝑢́𝑠 𝑑𝑒𝑙 𝑏𝑎𝑟𝑟𝑖𝑜 20 𝑑𝑒 𝑗𝑢𝑙𝑖𝑜 𝑒𝑛 𝑙𝑎 𝑝𝑟𝑖𝑚𝑒𝑟𝑎 𝑑𝑒́𝑐𝑎𝑑𝑎 𝑑𝑒 𝑠𝑢 𝑐𝑜𝑛𝑠𝑡𝑟𝑢𝑐𝑐𝑖𝑜́𝑛.

-𝐼𝑧𝑞𝑢𝑖𝑒𝑟𝑑𝑎: 𝐴𝑛𝑡𝑖𝑔𝑢𝑜 𝑎𝑠𝑝𝑒𝑐𝑡𝑜 𝑑𝑒𝑙 𝑖𝑛𝑡𝑒𝑟𝑖𝑜𝑟 𝑑𝑒𝑙 𝑡𝑒𝑚𝑝𝑙𝑜 𝑑𝑒𝑙 𝐷𝑖𝑣𝑖𝑛𝑜 𝑛𝑖𝑛̃𝑜 𝑑𝑒𝑙 𝑏𝑎𝑟𝑟𝑖𝑜 20 𝑑𝑒 𝐽𝑢𝑙𝑖𝑜 𝑒𝑛𝑡𝑟𝑒 𝑓𝑖𝑛𝑎𝑙𝑒𝑠 𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝑑𝑒́𝑐𝑎𝑑𝑎 𝑑𝑒 𝑙𝑜𝑠 40’𝑠 𝑦 𝑝𝑟𝑖𝑛𝑐𝑖𝑝𝑖𝑜𝑠 𝑑𝑒 𝑙𝑜𝑠 50’𝑠.

Los primeros devotos del Divino niño Jesús eran malos para guardar secretos, pues todas las gracias, favores y milagros que ellos aseguraban recibir de Dios en ese lugar, incluso los mas sencillo y natural, salían a compartirlo y ventilarlo en todas partes y a toda hora, actitud que nunca fue censurada por el P. Rizzo, sino que al contrario, se incentivaba con mucha fuerza. De esa manera el número de devotos y peregrinos que crecían cada domingo hizo necesario el proyecto de la construcción de un templo formal que los acogiera.

Con ayuda de las donaciones de la feligresía se logró poner la primera piedra de la actual Iglesia del niño Jesús el día de Navidad de 1937 y la Iglesia terminada fue consagrada el 27 de julio de 1942 (a la ceremonia del traslado de la imagen e inauguración del templo acudieron aproximadamente unas 60.000 personas).

Aunque en origen los planes del padre Juan eran para una Iglesia mucho mas grande y esplendida que albergará la devoción a su Jesús niño, sus superiores de la comunidad salesiana no se lo permitieron argumentando que un proyecto de esa envergadura necesitaría un esfuerzo económico demasiado grande de parte de la comunidad y de los fieles. El P. Rizzo tuvo que conformarse por obediencia con unos planos arquitectónicos mucho mas sencillos, pero que con el pasar de los años, y hasta luego de la muerte del sacerdote, se irían agrandando cada vez mas por la misma necesidad de mas espacio para los peregrinos, dándole finalmente la razón al fundador de la devoción.

Una vez ya asentados en el nuevo templo dedicado al Divino niño, y con la obra salesiana creciendo de forma vertiginosa, se pudo continuar y agrandar la obra caritativa del padre Juan que se había iniciado desde la época del antiguo templete en el potrero San José. La costumbre era que antes y después de las misas al Divino niño, el padre Juan y sus hermanos de comunidad repartían grandes cantidades de pan y chocolate caliente como desayuno a los niños de las familias pobres de la zona. Por supuesto, al comenzar a movilizarse las mareas humanas al barrio del 20 de julio para buscar al niño, la cantidad de familias en gran estado de pobreza y necesidad  que acudían al santuario esperando un panecito y un vasito de chocolate para sus niños también se multiplicaron de forma exponencial. De esa forma la devoción y la necesidad crecían juntas y rápidamente.

Los salesianos empezaron a desesperarse mientras trataban de recolectar la cantidad adecuada de desayunos y que así ningún niño se fuera del templo con el estomago vacío. Ante esto el padre Juan del Rizzo, seguramente después de haber tomado ánimos al buscar la mirada de Don Bosco, su santo fundador (canonizado en 1934), propuso junto al resto de la comunidad a los devotos del niño Jesús un apropiado trueque. Aquellos que desearan recibir una gran gracia o milagro de parte del Dios, debían comenzar una novena que se rezaría el primer domingo de cada mes, empezando en enero y terminando en septiembre (lo que definiría la fiesta patronal del Divino niño Jesús el primer domingo de septiembre), y en cada uno de los nueve domingos, para favorecer el beneplácito del cielo a su petición, traerían consigo una bolsa de pan y unas pastillas de chocolate para el desayuno de los niños pobres, o un mercado de abarrotes esenciales para una familia en necesidad, ropa para niños o adultos nueva o en buen estado y/o cualquier otra donación pertinente para el bien de los menos favorecidos. El sacerdote aseguró que quienes así lo hicieran serían seguramente escuchados por el Divino niño y que en septiembre o antes recibirían respuesta favorable a su petición. Con el paso de los meses y de los años hasta nuestros días, los devotos confirman esta propuesta del padre Rizzo y de la comunidad salesiana. ¿Y como no iba a responder ante esto el cielo si en una sola visita se venera la infancia de Cristo, y luego el mismo Cristo recibía de comer en la persona de los más pequeños y necesitados?

Sin embargo, hubo en algunos momentos silencios o grandes demoras de parte del cielo ante las peticiones que el mismo padre Juan hacía ante su niño rey. Cada noche antes de ir a acostarse los hermanos veían al padre Juan de pie ante la imagen del Divino niño en el templo dándole las noches y despidiéndose, diciendo: “Hasta mañana, si es que das permiso de que nos veamos de nuevo acá en la tierra. Si no… en el cielo.” Pero cuando una gran necesidad o problema lo aquejaba, no eran palabras dulces o consentidoras, sino reclamos muy enérgicos y hasta con voz subida lo que se escuchaba, como un abuelo regañaría a un nieto necio. Tal vez rezagos del carácter fuerte que le causó tantas penas al inicio de su vida religiosa.

Un día lo escucharon diciéndole: “Niño Jesús, hace meses que te estoy pidiendo empleo para aquel pobre hombre que no tiene con que mantener a su familia. Y tu no se lo concedes! ¿Y a ti que te cuesta concedérselo? Tú que lo puedes todo… ¡Si te fuera difícil conceder todo esto yo no te lo pediría!” En otra ocasión se le escuchó decirle: “Niño querido: Tú me prometiste que trabajaríamos juntos, pero mira que no tengo como pagar un montón de deudas que se me están acumulando. Estoy haciendo muchos esfuerzos para poder reunir los 2.000 vestidos para los niños pobres, los que les vamos a dar en Nochebuena, en tu cumpleaños.” Otro día le decía: “Chinito lindo, mira que si no haces esos milagros que te están pidiendo la gente ya no va a venir a rezarte. Mira que esta es obra totalmente tuya. Yo apenas y si soy tu mendigo de pan y chocolate.”

Después de escucharlo en esas conversaciones y regaños sus hermanos lo atajaban y le preguntaban: ¿Y si le hizo el niño Jesús los milagros que le estaba pidiendo? A lo que el padre Juan respondía con sonrisa triunfadora: “Claro que si los hizo, y aún mayores, porque Él tiene el poder y bondad para darnos mucho mas de lo que nos atrevemos a pedir y desear. Él siempre se pasa de bueno, pero a ratos hay que hablarle “durito”, importunarle y regañarle, porque se hace el que no oye.”

-𝐷𝑒𝑟𝑒𝑐ℎ𝑎: 𝐴𝑛̃𝑜𝑠 40: 𝐿𝑎𝑠 𝑓𝑖𝑙𝑎𝑠 𝑑𝑒 𝑙𝑜𝑠 𝑛𝑖𝑛̃𝑜𝑠 𝑟𝑒𝑐𝑖𝑏𝑖𝑒𝑛𝑑𝑜 𝑒𝑙 𝑑𝑒𝑠𝑎𝑦𝑢𝑛𝑜 𝑑𝑒 𝑝𝑎𝑛 𝑦 𝑐ℎ𝑜𝑐𝑜𝑙𝑎𝑡𝑒 𝑐𝑜𝑚𝑜 𝑝𝑎𝑟𝑡𝑒 𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝑜𝑏𝑟𝑎 𝑠𝑜𝑐𝑖𝑎𝑙 𝑑𝑒𝑙 𝑡𝑒𝑚𝑝𝑙𝑜 𝑑𝑒𝑙 20 𝑑𝑒 𝑗𝑢𝑙𝑖𝑜.

𝐼𝑧𝑞𝑢𝑖𝑒𝑟𝑑𝑎: 𝐿𝑎𝑠 𝑜𝑏𝑟𝑎𝑠 𝑠𝑜𝑐𝑖𝑎𝑙𝑒𝑠 𝑦 𝑒𝑑𝑢𝑐𝑎𝑡𝑖𝑣𝑎𝑠 𝑑𝑒𝑙 𝑠𝑎𝑛𝑡𝑢𝑎𝑟𝑖𝑜 𝑎𝑢́𝑛 𝑣𝑖𝑣𝑎𝑠 𝑒𝑛 𝑙𝑎 𝑎𝑐𝑡𝑢𝑎𝑙𝑖𝑑𝑎𝑑.

El ocaso de “Don Rizzo”: Un santo con una obra milagrosa pero sin proceso de beatificación.

Fue el padre Juan del Rizzo un verdadero apóstol enamorado del Divino niño Jesús el resto de su vida. Veinte años después de haber llegado a América pudo regresar a su tierra natal en Italia por solo unas cuantas semanas y allí llevó también estampas y novenas del Divino niño (il divino bambino Gesù della Colombia). De sus 75 años de vida y 57 de sacerdocio, 24 los consagró a la difusión de la devoción de su niño Jesús en Bogotá. Al momento de su muerte, en 1957, la inspectoría salesiana en Colombia publicó una carta luctuosa homenajeando su memoria y labor pastoral, activa y fructífera como pocas. Por lo mismo es justo reproducir aquí los últimos párrafos de tal elogio:

“El trabajo social del Padre Juan es inmenso y es casi imposible poderlo analizar en  las breves líneas de una carta mortuoria. El oratorio cotidiano frecuentado por más de 2000 alumnos, con chocolate y pan para todos; las clases de catecismo; los servicios gratuitos de médico, dentista y barbero; escuela agrícola y colegios; talleres y casa cuna; ayudas en dinero a los necesitados; comités de beneficencia. Este el campo inmenso del Padre Juan.

"Yo fui el primer jefe civil y el primer párroco del 20 de Julio", decía. Pero sobre todo fue la imagen viva de la caridad de Cristo en medio de aquella pobre gente. De otro modo sería incomprensible el ascendiente conquistado por aquel pobre salesiano entre pequeños y grandes, entre pobres y ricos, entre políticos y comerciantes.

De aspecto severo, aceptaba las ofertas a veces sin agradecer. A quien se lo reprochaba, le respondía que las limosnas no eran para él sino para el Niño Jesús, y que por eso no esperaran de él agradecimiento, Tenía mucha fe. Lo que para otros habría sido un desorden sin justificación, para él era confianza, casi diríamos, presuntuosa en la Divina Providencia.

Exactísimo en las prácticas de piedad, participaba al primer turno de Meditación, en la cual invariablemente usaba, cuando no teníamos aún libros escritos por salesianos, la "Preparación a la Muerte" (de San Alfonso María de Ligorio). La confesión semanal con confesor fijo, la hacía delante de los Salesianos y el público. Recitaba el Santo Breviario delante del Santísimo Sacramento, del cual era devotísimo, sellando con un beso la imagen del Niño Jesús al Gloria de cada salmo: ilimitada e infantil confianza en el Niño Jesús, al cual confiaba todos sus problemas en alta voz, cuando creía estar solo.  Más de una vez fue visto, después de haber conversado con personas de fuera, correr al presbiterio y dar cuenta de su conversación, recomendándole al Señor los problemas de sus devotos.

Incansable, nunca conoció vacaciones. La caridad lo empujaba a darse todo a todos sin interrupción. Su fidelidad a la bella virtud era como la de Don Bosco, salvaje, corroborada por mortificaciones incesantes en el alimento, el vestido, el sueño. Sufrió en silencio los dolores de su enfermedad. Vivió para el Niño Jesús y para los pobres, olvidándose de sí mismo.

La devoción al Niño Jesús estaba extendida por toda Colombia, su obra consolidada. El Padre Juan había cumplido su misión. El Niño Jesús, María Auxiliadora y Don Bosco lo esperaban en el Cielo.

El 30 de junio, fiesta de San Pablo, del que era admiradore imitador, último domingo del mes, consagrado al Niño Jesús y día conmemorativo de San Juan Bosco, a las 4 de la mañana, cuando las campanas del Templo construido por el Padre Juan comenzaron a llamar a los fieles a la Misa, el Niño Jesús le susurró dulcemente: "Ven, siervo bueno y fiel. Entra en el gozo de tu Señor!".

No se había visto nunca en Bogotá un funeral tan grandioso, un dolor tan general y sincero.  Una gran cantidad de pueblo y sobre todo de niños, siguieron a la urna hasta la última morada. Hemos oído a más de uno de aquellos muchachos, apartado por él del vicio y del hambre, gritar con acento lastimero: "Padre Juan, no te olvides de nosotros, continúa ayudándonos!".

Los periódicos en primera página elogiaron la vida abnegada y la obra admirable del Padre Juan. Las autoridades emanaron un decreto para tributarle honores especiales. Por su parte la Inspectoría Salesiana publicará una página conmemorativa de esta gran figura de Salesiano.”

El padre Juan del Rizzo se encuentra sepultado a la entrada del Santuario del Divino niño Jesús en el barrio 20 de Julio, en Bogotá (como no pudiera ser de otra forma). Y aunque los elogios fueron profundos y edificantes, por algún motivo la inspectoría de los salesianos nunca comenzó formalmente un proceso ordinario para su beatificación o canonización. No se tiene registro, al menos público, de que en algún momento se hayan hecho las averiguaciones pertinentes en la época de su deceso ni en las décadas siguientes cuando aún vivían muchos de los sacerdotes y hermanos que lo conocieron.

En todo caso, y sin necesidad de aureola o altar, la obra del padre Juan siguen tan viva como nunca. Su templo/parroquia es hoy en día designado santuario arquidiocesano de la ciudad de Bogotá junto al de la Peña y el de Monserrate. Las obras sociales salesianas del Divino niño siguen siendo un referente de servicio y educación como pocos en la capital colombiana y la aglomeración en el santuario cada domingo llega a contarse hasta en 70.000 personas repartidas en 20 misas celebradas en cada hora del día y de forma simultánea al interior y exterior del templo.

Los picos más álgidos del año en cuanto a movilización de peregrinos son los primeros nueve domingos de los meses entre enero y septiembre que terminan con la fiesta patronal del niño Jesús, las novenas de navidad celebradas tradicionalmente entre el 16 y el 24 de diciembre y los días de la Semana Santa, ya que, según datos de la Alcaldía Local de San Cristóbal, solamente contando el año 2024, cerca de 112 mil personas visitaron el santuario para la celebración del triduo pascual, convirtiéndolo así en corazón devocional de la ciudad y centro del turismo religioso nacional que ya también recibe peregrinaciones de fuera del país, especialmente de México y centro América, donde la devoción del Divino niño ha aterrizado y echado raíces.

-𝑇𝑢𝑚𝑏𝑎 𝑑𝑒𝑙 𝑃. 𝐽𝑢𝑎𝑛 𝑑𝑒𝑙 𝑅𝑖𝑧𝑧𝑜 𝑎 𝑙𝑎 𝑑𝑒𝑟𝑒𝑐ℎ𝑎 𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝑒𝑛𝑡𝑟𝑎𝑑𝑎 𝑐𝑒𝑛𝑡𝑟𝑎𝑙 𝑑𝑒𝑙 𝑆𝑎𝑛𝑡𝑢𝑎𝑟𝑖𝑜 𝑑𝑒𝑙 𝐷𝑖𝑣𝑖𝑛𝑜 𝑛𝑖𝑛̃𝑜 𝐽𝑒𝑠𝑢́𝑠 𝑒𝑛 𝑒𝑙 𝑏𝑎𝑟𝑟𝑖𝑜 20 𝑑𝑒 𝑗𝑢𝑙𝑖𝑜 𝑒𝑛 𝐵𝑜𝑔𝑜𝑡𝑎́ (𝐶𝑜𝑙𝑜𝑚𝑏𝑖𝑎).

“Constrúyeme un templo”: Madre Angélica y el Divino niño Jesús.

-𝑀𝑎𝑑𝑟𝑒 𝐴𝑛𝑔𝑒́𝑙𝑖𝑐𝑎 𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝐴𝑛𝑢𝑛𝑐𝑖𝑎𝑐𝑖𝑜́𝑛 (1923-2016), 𝑓𝑢𝑛𝑑𝑎𝑑𝑜𝑟𝑎 𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝑐𝑎𝑑𝑒𝑛𝑎 𝑑𝑒 𝑟𝑎𝑑𝑖𝑜 𝑦 𝑡𝑒𝑙𝑒𝑣𝑖𝑠𝑖𝑜́𝑛 𝑐𝑎𝑡𝑜́𝑙𝑖𝑐𝑎 𝐸𝑊𝑇𝑁, 𝑞𝑢𝑖𝑒𝑛 𝑣𝑖𝑠𝑖𝑡𝑜́ 𝑒𝑙 𝑠𝑎𝑛𝑡𝑢𝑎𝑟𝑖𝑜 𝑑𝑒𝑙 𝐷𝑖𝑣𝑖𝑛𝑜 𝑛𝑖𝑛̃𝑜 𝐽𝑒𝑠𝑢́𝑠 𝑑𝑒𝑙 20 𝑑𝑒 𝑗𝑢𝑙𝑖𝑜 𝑒𝑛 1996 𝑦 𝑞𝑢𝑒 𝑙𝑢𝑒𝑔𝑜 𝑙𝑙𝑒𝑣𝑜́ 𝑠𝑢 𝑑𝑒𝑣𝑜𝑐𝑖𝑜́𝑛 𝑎 𝑙𝑜𝑠 𝐸𝑠𝑡𝑎𝑑𝑜𝑠 𝑈𝑛𝑖𝑑𝑜𝑠.

La fundadora de la red internacional de televisión católica por cable Eternal Word Television Network (EWTN) y la red de radio católica WEWN (hoy EWTN Radio), visitó la capital colombiana en el año de 1996 mientras hacía un tour por diferentes países latinoamericanos con la intención de expandir su red de televisión católica también a los países hispanohablantes.

Madre Angélica, que ya había recibido noticias de las importantes peregrinaciones que se hacían a este santuario del sur de la ciudad, quiso ir a rezar delante de la milagrosa imagen del Divino niño Jesús acompañada de su anfitrión en Colombia, el P. Juan Pablo Rodríguez.

La religiosa contó que algo extraordinario había pasado mientras estaba de pie rezando ante la urna con la estatuilla del niño Jesús. Mientras oraba le pareció que vio a la figura moverse al tanto que unas suaves lagrimas de emoción caían por las mejillas de la madre. Fue el periodista estadounidense Raymond Arroyo quien tuvo el privilegio de escuchar de boca de la misma madre Angélica el suceso, anécdota que luego incluyó en su libro “Mother Angelica: The Remarkable Story of a Nun, Her Nerve, and a Network of Miracles” (Madre Angélica: la notable historia de una monja, su valor y una red de milagros).

Según Raymond, la religiosa le contó que al momento de ver la figura moverse ella escuchó como le hablaba directamente y le decía: “Constrúyeme un templo y ayudaré a aquellos que te ayuden.” Aunque el mensaje parece bastante directo, para la madre Angélica se convirtió en un acertijo pues no entendió a que se refería exactamente con “un templo”. Quedó tan confundida que hasta llegó a cuestionar todo tipo de interpretación y la veracidad del mensaje, así que prefirió guardárselo como un secreto por algunos meses.

Algunos meses después, cuando salía de la basílica de San Pedro en Roma, mientras llegaba a la puerta vio una inscripción que decía “este templo” y como si una venda se le hubiera removido de los ojos lo entendió todo: El niño Dios quería que ella le construyese un santuario. No se refería a un templo espiritual sino a un templo católico nuevo, esa era su voluntad.”

La madre regresó a Estados Unidos, al lugar donde ya se adelantaba la construcción de su monasterio en Alabama y cambió drásticamente los planes de la construcción. Lo que inicialmente iba a ser una capilla sencilla para la adoración de las hermanas de su comunidad y unos cuantos visitantes se transformó en un esplendido santuario dedicado al Santísimo Sacramento y levantado en el estado con menor población católica de todo el país.

Una vez terminado ella mandó poner una reproducción del Divino niño Jesús, como lo encontró en Bogotá, en uno de los altares laterales al interior del santuario, y otro niño Dios con una iconografía de inspiración personal de la madre en la explanada del santuario. De esa manera se aseguraba de decirle a Jesús infante que le había hablado en esa capilla de sur América: “Amén, así sea.”

Para unir aún mas la devoción a la infancia de Cristo en ambos santuarios, actualmente el primer fin de semana de septiembre (en concordancia con el templo del 20 de julio) se celebra en el santuario del Santísimo Sacramento de las Clarisas de la adoración Perpetua en Alabama el “festival del divino niño” para honrar esta advocación de Cristo que habló a madre Angélica y que “fundó con sus deseos” este templo.

-𝑃𝑙𝑎𝑧𝑜𝑙𝑒𝑡𝑎 𝑦 𝑓𝑎𝑐ℎ𝑎𝑑𝑎 𝑑𝑒𝑙 𝑆𝑎𝑛𝑡𝑢𝑎𝑟𝑖𝑜 𝑑𝑒𝑙 𝐷𝑖𝑣𝑖𝑛𝑜 𝑛𝑖𝑛̃𝑜 𝐽𝑒𝑠𝑢́𝑠 𝑑𝑒𝑙 20 𝑑𝑒 𝑗𝑢𝑙𝑖𝑜 𝑒𝑛 𝐵𝑜𝑔𝑜𝑡𝑎́ (𝐶𝑜𝑙𝑜𝑚𝑏𝑖𝑎).

-𝐶𝑎𝑝𝑖𝑙𝑙𝑎 𝑑𝑜𝑛𝑑𝑒 𝑠𝑒 𝑣𝑒𝑛𝑒𝑟𝑎 𝑙𝑎 𝑖𝑚𝑎𝑔𝑒𝑛 𝑜𝑟𝑖𝑔𝑖𝑛𝑎𝑙 𝑒𝑛 𝑒𝑙 𝑖𝑛𝑡𝑒𝑟𝑖𝑜𝑟 𝑑𝑒𝑙 𝑆𝑎𝑛𝑡𝑢𝑎𝑟𝑖𝑜 𝑑𝑒𝑙 𝐷𝑖𝑣𝑖𝑛𝑜 𝑛𝑖𝑛̃𝑜 𝐽𝑒𝑠𝑢́𝑠 𝑑𝑒𝑙 20 𝑑𝑒 𝑗𝑢𝑙𝑖𝑜 𝑒𝑛 𝐵𝑜𝑔𝑜𝑡𝑎́ (𝐶𝑜𝑙𝑜𝑚𝑏𝑖𝑎).

-𝐴𝑠𝑝𝑒𝑐𝑡𝑜 𝑎𝑐𝑡𝑢𝑎𝑙 𝑑𝑒𝑙 𝑖𝑛𝑡𝑒𝑟𝑖𝑜𝑟 𝑑𝑒𝑙 𝑆𝑎𝑛𝑡𝑢𝑎𝑟𝑖𝑜 𝑑𝑒𝑙 𝐷𝑖𝑣𝑖𝑛𝑜 𝑛𝑖𝑛̃𝑜 𝐽𝑒𝑠𝑢́𝑠 𝑑𝑒𝑙 20 𝑑𝑒 𝑗𝑢𝑙𝑖𝑜 𝑒𝑛 𝐵𝑜𝑔𝑜𝑡𝑎́ (𝐶𝑜𝑙𝑜𝑚𝑏𝑖𝑎).





Jhonatan Alarcón, 2026

 

Fuentes: Nueve domingos y novena bíblica al Divino niño Jesús – Apostolado bíblico católico – editorial salesiana, 2014.

Carta luctuosa en memoria del P. Juan del Rizzo Battistón S.D.B por el inspector salesiano Sac. Ángel Bianco. PDF, 1957

La devoción de Madre Angélica por el Divino Niño Jesús – Aciprensa, 1 de septiembre de 2024