lunes, 7 de septiembre de 2026

EL DIVINO NIÑO JESÚS DEL 20 DE JULIO: La infancia de Cristo que alza las manos en Bogotá para alcanzar a todo el mundo.

 

-𝐿𝑎 𝑖𝑚𝑎𝑔𝑒𝑛 𝑜𝑟𝑖𝑔𝑖𝑛𝑎𝑙 𝑑𝑒𝑙 𝐷𝑖𝑣𝑖𝑛𝑜 𝑛𝑖𝑛̃𝑜 𝐽𝑒𝑠𝑢́𝑠 𝑎𝑑𝑞𝑢𝑖𝑟𝑖𝑑𝑎 𝑝𝑜𝑟 𝑒𝑙 𝑃. 𝐽𝑢𝑎𝑛 𝑑𝑒𝑙 𝑅𝑖𝑧𝑧𝑜 𝑦 𝑞𝑢𝑒 𝑠𝑒 𝑣𝑒𝑛𝑒𝑟𝑎 𝑒𝑛 𝑠𝑢 𝑆𝑎𝑛𝑡𝑢𝑎𝑟𝑖𝑜 𝑑𝑒𝑙 𝑏𝑎𝑟𝑟𝑖𝑜 20 𝑑𝑒 𝐽𝑢𝑙𝑖𝑜 𝑒𝑛 𝐵𝑜𝑔𝑜𝑡𝑎́ (𝐶𝑜𝑙𝑜𝑚𝑏𝑖𝑎).
-𝐿𝑎 𝑖𝑚𝑎𝑔𝑒𝑛 𝑜𝑟𝑖𝑔𝑖𝑛𝑎𝑙 𝑑𝑒𝑙 𝐷𝑖𝑣𝑖𝑛𝑜 𝑛𝑖𝑛̃𝑜 𝐽𝑒𝑠𝑢́𝑠 𝑎𝑑𝑞𝑢𝑖𝑟𝑖𝑑𝑎 𝑝𝑜𝑟 𝑒𝑙 𝑃. 𝐽𝑢𝑎𝑛 𝑑𝑒𝑙 𝑅𝑖𝑧𝑧𝑜 𝑦 𝑞𝑢𝑒 𝑠𝑒 𝑣𝑒𝑛𝑒𝑟𝑎 𝑒𝑛 𝑠𝑢 𝑆𝑎𝑛𝑡𝑢𝑎𝑟𝑖𝑜 𝑑𝑒𝑙 𝑏𝑎𝑟𝑟𝑖𝑜 20 𝑑𝑒 𝐽𝑢𝑙𝑖𝑜 𝑒𝑛 𝐵𝑜𝑔𝑜𝑡𝑎́ (𝐶𝑜𝑙𝑜𝑚𝑏𝑖𝑎).

De todas las devociones que han nacido de la religiosidad colombiana, posiblemente la que se ha esparcido con más rapidez por los diversos rincones del orbe católico es la del Divino Niño Jesús, venerado en su santuario del barrio 20 de julio de la capital del país. Su imagen inconfundible de rizos dorados, brazos abiertos y vestido rosa sujeto con cinturón verde esmeralda se ha transformado en un icono que trasciende lo religioso y se adentra en lo cultural, que ha viajado con los colombianos por el mundo casi como una carta de presentación identitaria, muy similar a lo que ha sido para el pueblo de México la imagen de la Virgen de Guadalupe, pero que no muchos saben nació como una rencilla entre comunidades religiosas y que floreció, no gracias a una aparición milagrosa o hecho sobrenatural, sino a un gran componente social y caritativo que terminó ayudando a mover la imagen y su fama de los pequeños límites de la idiosincrasia “rola” para llegar a todos los extremos del país, y de ahí, al mundo.

 

El origen: El P. Juan del Rizzo y la devoción sin copyright.

-𝐸𝑙 𝑅𝑒𝑣. 𝑃. 𝐽𝑢𝑎𝑛 𝑑𝑒𝑙 𝑅𝑖𝑧𝑧𝑜 𝐵𝑎𝑡𝑡𝑖𝑠𝑡𝑜𝑛 𝑆.𝐷.𝐵 (1882-1957).
𝐷𝑖𝑓𝑢𝑠𝑜𝑟 𝑦 𝑎𝑝𝑜́𝑠𝑡𝑜𝑙 𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝑑𝑒𝑣𝑜𝑐𝑖𝑜́𝑛 𝑑𝑒𝑙 𝐷𝑖𝑣𝑖𝑛𝑜 𝑛𝑖𝑛̃𝑜 𝐽𝑒𝑠𝑢́𝑠.

El sacerdote salesiano Juan del Rizzo, nacido en la localidad italiana de Azzano Decimo, el 16 de mayo de 1882, y bautizado como Giovanni Del Rizzo Battiston, arribó a tierras colombianas en 1914, en específico a la ciudad de Barranquilla. Había sido ordenado sacerdote catorce años antes con el favor del rector mayor de los salesianos de aquel momento, el beato Miguel Rúa, primer sucesor de San Juan Bosco, pero la profesión de sus votos religiosos fue retrasada durante algún tiempo mas debido a cuestionamientos de sus superiores, que veían en su mal carácter un posible tropiezo para su actividad apostólica.

Con las primeras dificultades superadas y ya establecido en Colombia, después de un breve pasó por Venezuela, de su primera casa en Barranquilla fue enviado a Medellín, de 1927 a 1930, y luego a Ibagué, de 1930 a 1933.

Mientras estuvo en estos lugares, un signo que acompañó su labor pastoral fue su marcada devoción al milagroso niño Jesús de Praga, que tiene un importante santuario en Italia (en Arenzano, en la región de Liguria, cerca de Génova). Si bien desde su niñez tuvo conciencia de esta devoción al peregrinar al santuario genovés, no fue sino hasta que en Barranquilla, cuando sus superiores lo enviaron a pedir limosna para la edificación del templo de San Roque, se fue a postrar ante la imagen de María Auxiliadora con mucha vergüenza, pidiéndole le diera valentía para semejante trabajo que humillaba tanto el ego. Después de mucho pedir sin respuesta, viendo al niño Dios con los brazos abiertos cargado por su madre se dijo a sí mismo: “Siempre le pido estos favores a María Auxiliadora, la mamá... pero tal vez si se lo pido directamente a su hijo mi plegaria sea más rápidamente escuchada.” Contaba el sacerdote que en ese mismo momento se llenó de tal valor y fuerza que salió con paso seguro a pedir la limosna, regresando con buenos donativos a casa y con un renovado y fuertísimo amor a la infancia de Jesucristo.

Un poco después, y parece que ya estando en Medellín, es donde se dio un pequeño pero significativo altercado con una comunidad religiosa en torno a la devoción al niño de Praga, lo suficiente como para obligar al Padre Rizzo a contemplar la búsqueda de otra imagen de la infancia de Cristo para continuar la devoción. Aunque en muchas de las biografías del sacerdote o de la historia de la devoción del Divino niño se omite esta anécdota o se cambia el nombre por una “antigua asociación piadosa”, se sabe que el encontrón o disgusto se dio con los frailes carmelitas descalzos, que fueron los primeros en traer a Colombia la devoción al niño Jesús de Praga (la devoción en sí misma fue difundida en sus inicios y desde Praga y Arenzano por esta orden religiosa). Parece que a los religiosos carmelitas no les hacía gracia que apareciera un salesiano a querer montar devoción con la advocación de Jesús niño que ellos sentían de su propiedad, tal cual y como hoy en día se reclamarían derechos de autor o “copyright”.

No hay total seguridad sobre si hubo algún tipo de petición formal para desistir del uso de la imagen del niño Jesús checo por parte de los carmelitas o si se trató meramente de una pequeña queja o comentario. La falta de menciones en el relato de los acontecimientos, como también cierto sigilo o prudencia entre los religiosos, no permite ahondar mucho en el asunto pero si se sabe que ante aquel reclamo por el uso de la devoción, el padre Juan se decidió a encontrar otra imagen del Jesús niño para propagar y venerar, e incluso se le llegan a atribuir estas palabras: “Lo importante no es como este vestida la imagen (refiriéndose a su advocación). Lo que vale es venerar su santa infancia, los primeros doce años de su vida humana en la tierra. Buscaré otra imagen del niño Jesús y propagaré su devoción, porque quien hace los milagros no es la imagen (estatua), el que hace los milagros es Jesucristo que está en el cielo y que ha prometido: “Tu oración será escuchada si me pides por los méritos de mi infancia”. (Esta frase que el P. Rizzo pone en boca de Jesús se cree hace parte de las revelaciones místicas conferidas a una religiosa carmelita descalza francesa, la venerable Margarita del Santísimo Sacramento, en 1636.)

 

El niño Jesús de Bogotá que nació en “el Vaticano” 

-𝐷𝑒𝑟𝑒𝑐ℎ𝑎: 𝑀𝑜𝑑𝑒𝑙𝑜𝑠 𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝑖𝑚𝑎𝑔𝑒𝑛 𝑞𝑢𝑒 𝑒𝑙 𝑃. 𝐽𝑢𝑎𝑛 𝑑𝑒𝑙 𝑅𝑖𝑧𝑧𝑜 𝑒𝑛𝑐𝑜𝑛𝑡𝑟𝑜́ 𝑒𝑛 𝑒𝑙 𝑎𝑙𝑚𝑎𝑐𝑒́𝑛 “𝐸𝑙 𝑉𝑎𝑡𝑖𝑐𝑎𝑛𝑜” 𝑒𝑛 𝐵𝑜𝑔𝑜𝑡𝑎́ 𝑦 𝑞𝑢𝑒 𝑝𝑖𝑑𝑖𝑜́ 𝑚𝑜𝑑𝑖𝑓𝑖𝑐𝑎𝑟 𝑝𝑎𝑟𝑎 𝑠𝑢 𝑑𝑒𝑣𝑜𝑐𝑖𝑜́𝑛.

-𝐼𝑧𝑞𝑢𝑖𝑒𝑟𝑑𝑎: 𝐿𝑎 𝑖𝑚𝑎𝑔𝑒𝑛 𝑑𝑒𝑙 𝐷𝑖𝑣𝑖𝑛𝑜 𝑛𝑖𝑛̃𝑜 𝐽𝑒𝑠𝑢́𝑠 𝑐𝑜𝑚𝑜 𝑠𝑒 𝑙𝑒 𝑣𝑒𝑛𝑒𝑟𝑎 𝑒𝑛 𝑠𝑢 𝑢𝑟𝑛𝑎 𝑑𝑒𝑙 𝑆𝑎𝑛𝑡𝑢𝑎𝑟𝑖𝑜 𝑑𝑒𝑙 20 𝑑𝑒 𝑗𝑢𝑙𝑖𝑜, 𝑑𝑒𝑠𝑝𝑢𝑒́𝑠 𝑑𝑒 𝑙𝑎𝑠 𝑚𝑜𝑑𝑖𝑓𝑖𝑐𝑎𝑐𝑖𝑜𝑛𝑒𝑠 𝑦 𝑐𝑜𝑚𝑜 𝑠𝑒 𝑙𝑒 𝑐𝑜𝑛𝑐𝑖𝑏𝑒 𝑎𝑐𝑡𝑢𝑎𝑙𝑚𝑒𝑛𝑡𝑒 𝑒𝑛 𝑠𝑢 𝑖𝑐𝑜𝑛𝑜𝑔𝑟𝑎𝑓𝑖́𝑎.

En 1933 el padre Juan fue enviado a Bogotá y en esta ciudad permanecería el resto de su vida. De inmediato fue encargado como profesor en el colegio salesiano de León XIII en el barrio La Candelaria, y al mismo tiempo se le encargó la labor de catequesis de los niños en el “campo San José”, un potrero desolado al sur de la ciudad en el que solo había algunas pocas familias pobres y con viviendas muy sencillas a los que los salesianos acompañaban en la educación de sus hijos. Un año después de su llegada se le responsabiliza del Oratorio en el Colegio Salesiano de León XIII, pero aun con todas las nuevas responsabilidades no pierde oportunidad de encontrar esa nueva imagen del niño Jesús que tanto deseaba para propagar su devoción.

En uno de esos días de paseo por el centro histórico de la ciudad, y dando a la calle detrás de la Catedral primada en la que se reunía un pequeño pero activo comercio de imaginería religiosa, es que llega a una tienda de santos llamada “El Vaticano”, propiedad de un artista italiano, paisano suyo.  Al entrar en este almacén, más por curiosidad que por necesidad, encuentra entre lo exhibido una imagen del niño Jesús recargado sobre una cruz que le servía para descansar los brazos abiertos. En su manera descomplicada y jocosa, el padre Rizzo le dijo al vendedor: “¡¿Qué?! ¿Tan pequeño y ya quieren crucificarlo? Quítenle esa cruz y lo llevo.” El artista habla con él y hace el encargo para las modificaciones de la imagen. El Padre también le pidió al escultor que agregara las palabras “Yo Reinare” en la base de la estatua y así se retira.

El artista hizo los cambios solicitados y así presentó una estatuilla de entre 40 y 50 cm, del estilo puro de los talleres en Barcelona de finales del siglo XIX, que representaba al niño Jesús, de mirada elevada y sonrisa tierna, revestido con una túnica color rosa ceñida a la cintura por un cinto verde pálido, con una aureola de metal dorado que fusionaba halo y potencias y los brazos levantados hacia el cielo mientras aparecía erguido sobre una nube con la inscripción “Yo reinare” a sus pies. El padre Rizzo, maravillado y satisfecho, completó la compra como prometido y ya libre para venerar a su niño Jesús como mejor le pareciese decidió llevárselo, no al colegio salesiano donde era rector, sino al “campo San José” donde, desde 1929, se proyectó la edificación del barrio 20 de Julio (nombrado así en memoria de fecha de la Independencia de Colombia - 20 de julio de 1810), el mismo barrio que luego daría apellido a esta devoción y que crecería en torno a ella.

En 1935 el padre deja su sede en la Candelaria y pasa a residir de manera permanente en este nuevo barrio “20 de julio” que en ese momento no contaba más que con una decena de viviendas. Allí también pensó en la edificación de una capilla dedicada al Divino niño Jesús para entronizar su imagen y, efectivamente, aunque al principio se trataba de apenas un templete de techo y columnas donde se celebraba la misa los domingos, él no perdió el tiempo y mandó fotografiar la estatuilla del Divino niño y cada semana repartía por montones estampas con su imagen mientras pregonaba el inmenso poder milagroso de este niño, que repartía gracia y bendición por doquier si se le sabía pedir con fe.

De manera extraordinaria, los esfuerzos del padre Juan del Rizzo empezaron a surgir efecto y cada domingo mas y mas personas se acercaban atraídas por la novedad de la imagen, y muchos otros a dar gracias por los primeros milagros y favores recibidos al invocar al Divino niño, de esta manera el cielo parecía que respondía y legitimaba los esfuerzos del sacerdote. En menos de 10 años una cantidad impresionante de personas se aglomeraba en esos terrenos baldíos del origen del 20 de julio cada domingo para escuchar misa y rezar ante la imagen, y aunque el barrio todavía no tenía vías pavimentadas debido a su poca población, el gobierno de la ciudad tuvo que ponerle vías de acceso a buses y camiones antes de que aparecieran las casas ya que la cantidad inmensa de peregrinos hizo que el transporte público agregara a sus letreros la parada “20 de julio” por la demanda de visitantes.

𝐷𝑒𝑟𝑒𝑐ℎ𝑎: 𝐿𝑎 𝑝𝑟𝑖𝑚𝑒𝑟𝑎 𝑓𝑜𝑡𝑜𝑔𝑟𝑎𝑓𝑖́𝑎 𝑞𝑢𝑒 𝑒𝑙 𝑝𝑎𝑑𝑟𝑒 𝐽𝑢𝑎𝑛 𝑑𝑒𝑙 𝑅𝑖𝑧𝑧𝑜 ℎ𝑖𝑧𝑜 𝑡𝑜𝑚𝑎𝑟 𝑎 𝑙𝑎 𝑖𝑚𝑎𝑔𝑒𝑛 𝑝𝑎𝑟𝑎 𝑑𝑖𝑓𝑢𝑛𝑑𝑖𝑟𝑙𝑎 𝑒𝑛 𝑒𝑠𝑡𝑎𝑚𝑝𝑎𝑠

-𝐶𝑒𝑛𝑡𝑟𝑜: 𝐼𝑛𝑣𝑖𝑡𝑎𝑐𝑖𝑜́𝑛 𝑎 𝑙𝑎 𝑐𝑒𝑟𝑒𝑚𝑜𝑛𝑖𝑎 𝑑𝑒 𝑐𝑜𝑙𝑜𝑐𝑎𝑐𝑖𝑜́𝑛 𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝑝𝑟𝑖𝑚𝑒𝑟𝑎 𝑝𝑖𝑒𝑑𝑟𝑎 𝑑𝑒𝑙 𝑝𝑟𝑖𝑚𝑒𝑟 𝑡𝑒𝑚𝑝𝑙𝑒𝑡𝑒 𝑑𝑒 𝑙𝑜𝑠 𝑠𝑎𝑙𝑒𝑠𝑖𝑎𝑛𝑜𝑠 𝑒𝑛 𝑙𝑜 𝑞𝑢𝑒 𝑠𝑒𝑟𝑖́𝑎 𝑒𝑙 𝑏𝑎𝑟𝑟𝑖𝑜 20 𝑑𝑒 𝑗𝑢𝑙𝑖𝑜, 1933

-𝐼𝑧𝑞𝑢𝑖𝑒𝑟𝑑𝑎 1: 𝐸𝑙 𝑡𝑒𝑚𝑝𝑙𝑒𝑡𝑒 𝑒𝑛 𝑒𝑙 𝑞𝑢𝑒 𝑙𝑜𝑠 𝑠𝑎𝑙𝑒𝑠𝑖𝑎𝑛𝑜𝑠 𝑐𝑒𝑙𝑒𝑏𝑟𝑎𝑏𝑎𝑛 𝑙𝑎 𝑆𝑎𝑛𝑡𝑎 𝑀𝑖𝑠𝑎 𝑒𝑛 𝑒𝑙 “𝑐𝑎𝑚𝑝𝑜 𝑆𝑎𝑛 𝐽𝑜𝑠𝑒́” 𝑦 𝑑𝑜𝑛𝑑𝑒 𝑠𝑒 𝑒𝑛𝑡𝑟𝑜𝑛𝑖𝑧𝑜́ 𝑝𝑜𝑟 𝑝𝑟𝑖𝑚𝑒𝑟𝑎 𝑣𝑒𝑧 𝑙𝑎 𝑖𝑚𝑎𝑔𝑒𝑛 𝑑𝑒𝑙 𝐷𝑖𝑣𝑖𝑛𝑜 𝑛𝑖𝑛̃𝑜 𝑒𝑛 1935.

-𝐼𝑧𝑞𝑢𝑖𝑒𝑟𝑑𝑎 2: 𝐶𝑜𝑛𝑠𝑡𝑟𝑢𝑐𝑐𝑖𝑜́𝑛 𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝐼𝑔𝑙𝑒𝑠𝑖𝑎 𝑑𝑒𝑙 𝑛𝑖𝑛̃𝑜 𝐽𝑒𝑠𝑢́𝑠 𝑒𝑛 𝑒𝑙 𝑏𝑎𝑟𝑟𝑖𝑜 20 𝑑𝑒 𝑗𝑢𝑙𝑖𝑜 𝑎 𝑝𝑟𝑖𝑛𝑐𝑖𝑝𝑖𝑜𝑠 𝑑𝑒 𝑙𝑜𝑠 𝑎𝑛̃𝑜𝑠 40.

Una casa para la devoción y los “regaños” al niño Jesús por pan y chocolate

-𝐷𝑒𝑟𝑒𝑐ℎ𝑎: 𝐿𝑎 𝐼𝑔𝑙𝑒𝑠𝑖𝑎 𝑑𝑒𝑙 𝑁𝑖𝑛̃𝑜 𝐽𝑒𝑠𝑢́𝑠 𝑑𝑒𝑙 𝑏𝑎𝑟𝑟𝑖𝑜 20 𝑑𝑒 𝑗𝑢𝑙𝑖𝑜 𝑒𝑛 𝑙𝑎 𝑝𝑟𝑖𝑚𝑒𝑟𝑎 𝑑𝑒́𝑐𝑎𝑑𝑎 𝑑𝑒 𝑠𝑢 𝑐𝑜𝑛𝑠𝑡𝑟𝑢𝑐𝑐𝑖𝑜́𝑛.

-𝐼𝑧𝑞𝑢𝑖𝑒𝑟𝑑𝑎: 𝐴𝑛𝑡𝑖𝑔𝑢𝑜 𝑎𝑠𝑝𝑒𝑐𝑡𝑜 𝑑𝑒𝑙 𝑖𝑛𝑡𝑒𝑟𝑖𝑜𝑟 𝑑𝑒𝑙 𝑡𝑒𝑚𝑝𝑙𝑜 𝑑𝑒𝑙 𝐷𝑖𝑣𝑖𝑛𝑜 𝑛𝑖𝑛̃𝑜 𝑑𝑒𝑙 𝑏𝑎𝑟𝑟𝑖𝑜 20 𝑑𝑒 𝐽𝑢𝑙𝑖𝑜 𝑒𝑛𝑡𝑟𝑒 𝑓𝑖𝑛𝑎𝑙𝑒𝑠 𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝑑𝑒́𝑐𝑎𝑑𝑎 𝑑𝑒 𝑙𝑜𝑠 40’𝑠 𝑦 𝑝𝑟𝑖𝑛𝑐𝑖𝑝𝑖𝑜𝑠 𝑑𝑒 𝑙𝑜𝑠 50’𝑠.

Los primeros devotos del Divino niño Jesús eran malos para guardar secretos, pues todas las gracias, favores y milagros que ellos aseguraban recibir de Dios en ese lugar, incluso los mas sencillo y natural, salían a compartirlo y ventilarlo en todas partes y a toda hora, actitud que nunca fue censurada por el P. Rizzo, sino que al contrario, se incentivaba con mucha fuerza. De esa manera el número de devotos y peregrinos que crecían cada domingo hizo necesario el proyecto de la construcción de un templo formal que los acogiera.

Con ayuda de las donaciones de la feligresía se logró poner la primera piedra de la actual Iglesia del niño Jesús el día de Navidad de 1937 y la Iglesia terminada fue consagrada el 27 de julio de 1942 (a la ceremonia del traslado de la imagen e inauguración del templo acudieron aproximadamente unas 60.000 personas).

Aunque en origen los planes del padre Juan eran para una Iglesia mucho mas grande y esplendida que albergará la devoción a su Jesús niño, sus superiores de la comunidad salesiana no se lo permitieron argumentando que un proyecto de esa envergadura necesitaría un esfuerzo económico demasiado grande de parte de la comunidad y de los fieles. El P. Rizzo tuvo que conformarse por obediencia con unos planos arquitectónicos mucho mas sencillos, pero que con el pasar de los años, y hasta luego de la muerte del sacerdote, se irían agrandando cada vez mas por la misma necesidad de mas espacio para los peregrinos, dándole finalmente la razón al fundador de la devoción.

Una vez ya asentados en el nuevo templo dedicado al Divino niño, y con la obra salesiana creciendo de forma vertiginosa, se pudo continuar y agrandar la obra caritativa del padre Juan que se había iniciado desde la época del antiguo templete en el potrero San José. La costumbre era que antes y después de las misas al Divino niño, el padre Juan y sus hermanos de comunidad repartían grandes cantidades de pan y chocolate caliente como desayuno a los niños de las familias pobres de la zona. Por supuesto, al comenzar a movilizarse las mareas humanas al barrio del 20 de julio para buscar al niño, la cantidad de familias en gran estado de pobreza y necesidad  que acudían al santuario esperando un panecito y un vasito de chocolate para sus niños también se multiplicaron de forma exponencial. De esa forma la devoción y la necesidad crecían juntas y rápidamente.

Los salesianos empezaron a desesperarse mientras trataban de recolectar la cantidad adecuada de desayunos y que así ningún niño se fuera del templo con el estomago vacío. Ante esto el padre Juan del Rizzo, seguramente después de haber tomado ánimos al buscar la mirada de Don Bosco, su santo fundador (canonizado en 1934), propuso junto al resto de la comunidad a los devotos del niño Jesús un apropiado trueque. Aquellos que desearan recibir una gran gracia o milagro de parte del Dios, debían comenzar una novena que se rezaría el primer domingo de cada mes, empezando en enero y terminando en septiembre (lo que definiría la fiesta patronal del Divino niño Jesús el primer domingo de septiembre), y en cada uno de los nueve domingos, para favorecer el beneplácito del cielo a su petición, traerían consigo una bolsa de pan y unas pastillas de chocolate para el desayuno de los niños pobres, o un mercado de abarrotes esenciales para una familia en necesidad, ropa para niños o adultos nueva o en buen estado y/o cualquier otra donación pertinente para el bien de los menos favorecidos. El sacerdote aseguró que quienes así lo hicieran serían seguramente escuchados por el Divino niño y que en septiembre o antes recibirían respuesta favorable a su petición. Con el paso de los meses y de los años hasta nuestros días, los devotos confirman esta propuesta del padre Rizzo y de la comunidad salesiana. ¿Y como no iba a responder ante esto el cielo si en una sola visita se venera la infancia de Cristo, y luego el mismo Cristo recibía de comer en la persona de los más pequeños y necesitados?

Sin embargo, hubo en algunos momentos silencios o grandes demoras de parte del cielo ante las peticiones que el mismo padre Juan hacía ante su niño rey. Cada noche antes de ir a acostarse los hermanos veían al padre Juan de pie ante la imagen del Divino niño en el templo dándole las noches y despidiéndose, diciendo: “Hasta mañana, si es que das permiso de que nos veamos de nuevo acá en la tierra. Si no… en el cielo.” Pero cuando una gran necesidad o problema lo aquejaba, no eran palabras dulces o consentidoras, sino reclamos muy enérgicos y hasta con voz subida lo que se escuchaba, como un abuelo regañaría a un nieto necio. Tal vez rezagos del carácter fuerte que le causó tantas penas al inicio de su vida religiosa.

Un día lo escucharon diciéndole: “Niño Jesús, hace meses que te estoy pidiendo empleo para aquel pobre hombre que no tiene con que mantener a su familia. Y tu no se lo concedes! ¿Y a ti que te cuesta concedérselo? Tú que lo puedes todo… ¡Si te fuera difícil conceder todo esto yo no te lo pediría!” En otra ocasión se le escuchó decirle: “Niño querido: Tú me prometiste que trabajaríamos juntos, pero mira que no tengo como pagar un montón de deudas que se me están acumulando. Estoy haciendo muchos esfuerzos para poder reunir los 2.000 vestidos para los niños pobres, los que les vamos a dar en Nochebuena, en tu cumpleaños.” Otro día le decía: “Chinito lindo, mira que si no haces esos milagros que te están pidiendo la gente ya no va a venir a rezarte. Mira que esta es obra totalmente tuya. Yo apenas y si soy tu mendigo de pan y chocolate.”

Después de escucharlo en esas conversaciones y regaños sus hermanos lo atajaban y le preguntaban: ¿Y si le hizo el niño Jesús los milagros que le estaba pidiendo? A lo que el padre Juan respondía con sonrisa triunfadora: “Claro que si los hizo, y aún mayores, porque Él tiene el poder y bondad para darnos mucho mas de lo que nos atrevemos a pedir y desear. Él siempre se pasa de bueno, pero a ratos hay que hablarle “durito”, importunarle y regañarle, porque se hace el que no oye.”

-𝐷𝑒𝑟𝑒𝑐ℎ𝑎: 𝐴𝑛̃𝑜𝑠 40: 𝐿𝑎𝑠 𝑓𝑖𝑙𝑎𝑠 𝑑𝑒 𝑙𝑜𝑠 𝑛𝑖𝑛̃𝑜𝑠 𝑟𝑒𝑐𝑖𝑏𝑖𝑒𝑛𝑑𝑜 𝑒𝑙 𝑑𝑒𝑠𝑎𝑦𝑢𝑛𝑜 𝑑𝑒 𝑝𝑎𝑛 𝑦 𝑐ℎ𝑜𝑐𝑜𝑙𝑎𝑡𝑒 𝑐𝑜𝑚𝑜 𝑝𝑎𝑟𝑡𝑒 𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝑜𝑏𝑟𝑎 𝑠𝑜𝑐𝑖𝑎𝑙 𝑑𝑒𝑙 𝑡𝑒𝑚𝑝𝑙𝑜 𝑑𝑒𝑙 20 𝑑𝑒 𝑗𝑢𝑙𝑖𝑜.

𝐼𝑧𝑞𝑢𝑖𝑒𝑟𝑑𝑎: 𝐿𝑎𝑠 𝑜𝑏𝑟𝑎𝑠 𝑠𝑜𝑐𝑖𝑎𝑙𝑒𝑠 𝑦 𝑒𝑑𝑢𝑐𝑎𝑡𝑖𝑣𝑎𝑠 𝑑𝑒𝑙 𝑠𝑎𝑛𝑡𝑢𝑎𝑟𝑖𝑜 𝑎𝑢́𝑛 𝑣𝑖𝑣𝑎𝑠 𝑒𝑛 𝑙𝑎 𝑎𝑐𝑡𝑢𝑎𝑙𝑖𝑑𝑎𝑑.

El ocaso de “Don Rizzo”: Un santo con una obra milagrosa pero sin proceso de beatificación.

Fue el padre Juan del Rizzo un verdadero apóstol enamorado del Divino niño Jesús el resto de su vida. Veinte años después de haber llegado a América pudo regresar a su tierra natal en Italia por solo unas cuantas semanas y allí llevó también estampas y novenas del Divino niño (il divino bambino Gesù della Colombia). De sus 75 años de vida y 57 de sacerdocio, 24 los consagró a la difusión de la devoción de su niño Jesús en Bogotá. Al momento de su muerte, en 1957, la inspectoría salesiana en Colombia publicó una carta luctuosa homenajeando su memoria y labor pastoral, activa y fructífera como pocas. Por lo mismo es justo reproducir aquí los últimos párrafos de tal elogio:

“El trabajo social del Padre Juan es inmenso y es casi imposible poderlo analizar en  las breves líneas de una carta mortuoria. El oratorio cotidiano frecuentado por más de 2000 alumnos, con chocolate y pan para todos; las clases de catecismo; los servicios gratuitos de médico, dentista y barbero; escuela agrícola y colegios; talleres y casa cuna; ayudas en dinero a los necesitados; comités de beneficencia. Este el campo inmenso del Padre Juan.

"Yo fui el primer jefe civil y el primer párroco del 20 de Julio", decía. Pero sobre todo fue la imagen viva de la caridad de Cristo en medio de aquella pobre gente. De otro modo sería incomprensible el ascendiente conquistado por aquel pobre salesiano entre pequeños y grandes, entre pobres y ricos, entre políticos y comerciantes.

De aspecto severo, aceptaba las ofertas a veces sin agradecer. A quien se lo reprochaba, le respondía que las limosnas no eran para él sino para el Niño Jesús, y que por eso no esperaran de él agradecimiento, Tenía mucha fe. Lo que para otros habría sido un desorden sin justificación, para él era confianza, casi diríamos, presuntuosa en la Divina Providencia.

Exactísimo en las prácticas de piedad, participaba al primer turno de Meditación, en la cual invariablemente usaba, cuando no teníamos aún libros escritos por salesianos, la "Preparación a la Muerte" (de San Alfonso María de Ligorio). La confesión semanal con confesor fijo, la hacía delante de los Salesianos y el público. Recitaba el Santo Breviario delante del Santísimo Sacramento, del cual era devotísimo, sellando con un beso la imagen del Niño Jesús al Gloria de cada salmo: ilimitada e infantil confianza en el Niño Jesús, al cual confiaba todos sus problemas en alta voz, cuando creía estar solo.  Más de una vez fue visto, después de haber conversado con personas de fuera, correr al presbiterio y dar cuenta de su conversación, recomendándole al Señor los problemas de sus devotos.

Incansable, nunca conoció vacaciones. La caridad lo empujaba a darse todo a todos sin interrupción. Su fidelidad a la bella virtud era como la de Don Bosco, salvaje, corroborada por mortificaciones incesantes en el alimento, el vestido, el sueño. Sufrió en silencio los dolores de su enfermedad. Vivió para el Niño Jesús y para los pobres, olvidándose de sí mismo.

La devoción al Niño Jesús estaba extendida por toda Colombia, su obra consolidada. El Padre Juan había cumplido su misión. El Niño Jesús, María Auxiliadora y Don Bosco lo esperaban en el Cielo.

El 30 de junio, fiesta de San Pablo, del que era admiradore imitador, último domingo del mes, consagrado al Niño Jesús y día conmemorativo de San Juan Bosco, a las 4 de la mañana, cuando las campanas del Templo construido por el Padre Juan comenzaron a llamar a los fieles a la Misa, el Niño Jesús le susurró dulcemente: "Ven, siervo bueno y fiel. Entra en el gozo de tu Señor!".

No se había visto nunca en Bogotá un funeral tan grandioso, un dolor tan general y sincero.  Una gran cantidad de pueblo y sobre todo de niños, siguieron a la urna hasta la última morada. Hemos oído a más de uno de aquellos muchachos, apartado por él del vicio y del hambre, gritar con acento lastimero: "Padre Juan, no te olvides de nosotros, continúa ayudándonos!".

Los periódicos en primera página elogiaron la vida abnegada y la obra admirable del Padre Juan. Las autoridades emanaron un decreto para tributarle honores especiales. Por su parte la Inspectoría Salesiana publicará una página conmemorativa de esta gran figura de Salesiano.”

El padre Juan del Rizzo se encuentra sepultado a la entrada del Santuario del Divino niño Jesús en el barrio 20 de Julio, en Bogotá (como no pudiera ser de otra forma). Y aunque los elogios fueron profundos y edificantes, por algún motivo la inspectoría de los salesianos nunca comenzó formalmente un proceso ordinario para su beatificación o canonización. No se tiene registro, al menos público, de que en algún momento se hayan hecho las averiguaciones pertinentes en la época de su deceso ni en las décadas siguientes cuando aún vivían muchos de los sacerdotes y hermanos que lo conocieron.

En todo caso, y sin necesidad de aureola o altar, la obra del padre Juan siguen tan viva como nunca. Su templo/parroquia es hoy en día designado santuario arquidiocesano de la ciudad de Bogotá junto al de la Peña y el de Monserrate. Las obras sociales salesianas del Divino niño siguen siendo un referente de servicio y educación como pocos en la capital colombiana y la aglomeración en el santuario cada domingo llega a contarse hasta en 70.000 personas repartidas en 20 misas celebradas en cada hora del día y de forma simultánea al interior y exterior del templo.

Los picos más álgidos del año en cuanto a movilización de peregrinos son los primeros nueve domingos de los meses entre enero y septiembre que terminan con la fiesta patronal del niño Jesús, las novenas de navidad celebradas tradicionalmente entre el 16 y el 24 de diciembre y los días de la Semana Santa, ya que, según datos de la Alcaldía Local de San Cristóbal, solamente contando el año 2024, cerca de 112 mil personas visitaron el santuario para la celebración del triduo pascual, convirtiéndolo así en corazón devocional de la ciudad y centro del turismo religioso nacional que ya también recibe peregrinaciones de fuera del país, especialmente de México y centro América, donde la devoción del Divino niño ha aterrizado y echado raíces.

-𝑇𝑢𝑚𝑏𝑎 𝑑𝑒𝑙 𝑃. 𝐽𝑢𝑎𝑛 𝑑𝑒𝑙 𝑅𝑖𝑧𝑧𝑜 𝑎 𝑙𝑎 𝑑𝑒𝑟𝑒𝑐ℎ𝑎 𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝑒𝑛𝑡𝑟𝑎𝑑𝑎 𝑐𝑒𝑛𝑡𝑟𝑎𝑙 𝑑𝑒𝑙 𝑆𝑎𝑛𝑡𝑢𝑎𝑟𝑖𝑜 𝑑𝑒𝑙 𝐷𝑖𝑣𝑖𝑛𝑜 𝑛𝑖𝑛̃𝑜 𝐽𝑒𝑠𝑢́𝑠 𝑒𝑛 𝑒𝑙 𝑏𝑎𝑟𝑟𝑖𝑜 20 𝑑𝑒 𝑗𝑢𝑙𝑖𝑜 𝑒𝑛 𝐵𝑜𝑔𝑜𝑡𝑎́ (𝐶𝑜𝑙𝑜𝑚𝑏𝑖𝑎).

“Constrúyeme un templo”: Madre Angélica y el Divino niño Jesús.

-𝑀𝑎𝑑𝑟𝑒 𝐴𝑛𝑔𝑒́𝑙𝑖𝑐𝑎 𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝐴𝑛𝑢𝑛𝑐𝑖𝑎𝑐𝑖𝑜́𝑛 (1923-2016), 𝑓𝑢𝑛𝑑𝑎𝑑𝑜𝑟𝑎 𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝑐𝑎𝑑𝑒𝑛𝑎 𝑑𝑒 𝑟𝑎𝑑𝑖𝑜 𝑦 𝑡𝑒𝑙𝑒𝑣𝑖𝑠𝑖𝑜́𝑛 𝑐𝑎𝑡𝑜́𝑙𝑖𝑐𝑎 𝐸𝑊𝑇𝑁, 𝑞𝑢𝑖𝑒𝑛 𝑣𝑖𝑠𝑖𝑡𝑜́ 𝑒𝑙 𝑠𝑎𝑛𝑡𝑢𝑎𝑟𝑖𝑜 𝑑𝑒𝑙 𝐷𝑖𝑣𝑖𝑛𝑜 𝑛𝑖𝑛̃𝑜 𝐽𝑒𝑠𝑢́𝑠 𝑑𝑒𝑙 20 𝑑𝑒 𝑗𝑢𝑙𝑖𝑜 𝑒𝑛 1996 𝑦 𝑞𝑢𝑒 𝑙𝑢𝑒𝑔𝑜 𝑙𝑙𝑒𝑣𝑜́ 𝑠𝑢 𝑑𝑒𝑣𝑜𝑐𝑖𝑜́𝑛 𝑎 𝑙𝑜𝑠 𝐸𝑠𝑡𝑎𝑑𝑜𝑠 𝑈𝑛𝑖𝑑𝑜𝑠.

La fundadora de la red internacional de televisión católica por cable Eternal Word Television Network (EWTN) y la red de radio católica WEWN (hoy EWTN Radio), visitó la capital colombiana en el año de 1996 mientras hacía un tour por diferentes países latinoamericanos con la intención de expandir su red de televisión católica también a los países hispanohablantes.

Madre Angélica, que ya había recibido noticias de las importantes peregrinaciones que se hacían a este santuario del sur de la ciudad, quiso ir a rezar delante de la milagrosa imagen del Divino niño Jesús acompañada de su anfitrión en Colombia, el P. Juan Pablo Rodríguez.

La religiosa contó que algo extraordinario había pasado mientras estaba de pie rezando ante la urna con la estatuilla del niño Jesús. Mientras oraba le pareció que vio a la figura moverse al tanto que unas suaves lagrimas de emoción caían por las mejillas de la madre. Fue el periodista estadounidense Raymond Arroyo quien tuvo el privilegio de escuchar de boca de la misma madre Angélica el suceso, anécdota que luego incluyó en su libro “Mother Angelica: The Remarkable Story of a Nun, Her Nerve, and a Network of Miracles” (Madre Angélica: la notable historia de una monja, su valor y una red de milagros).

Según Raymond, la religiosa le contó que al momento de ver la figura moverse ella escuchó como le hablaba directamente y le decía: “Constrúyeme un templo y ayudaré a aquellos que te ayuden.” Aunque el mensaje parece bastante directo, para la madre Angélica se convirtió en un acertijo pues no entendió a que se refería exactamente con “un templo”. Quedó tan confundida que hasta llegó a cuestionar todo tipo de interpretación y la veracidad del mensaje, así que prefirió guardárselo como un secreto por algunos meses.

Algunos meses después, cuando salía de la basílica de San Pedro en Roma, mientras llegaba a la puerta vio una inscripción que decía “este templo” y como si una venda se le hubiera removido de los ojos lo entendió todo: El niño Dios quería que ella le construyese un santuario. No se refería a un templo espiritual sino a un templo católico nuevo, esa era su voluntad.”

La madre regresó a Estados Unidos, al lugar donde ya se adelantaba la construcción de su monasterio en Alabama y cambió drásticamente los planes de la construcción. Lo que inicialmente iba a ser una capilla sencilla para la adoración de las hermanas de su comunidad y unos cuantos visitantes se transformó en un esplendido santuario dedicado al Santísimo Sacramento y levantado en el estado con menor población católica de todo el país.

Una vez terminado ella mandó poner una reproducción del Divino niño Jesús, como lo encontró en Bogotá, en uno de los altares laterales al interior del santuario, y otro niño Dios con una iconografía de inspiración personal de la madre en la explanada del santuario. De esa manera se aseguraba de decirle a Jesús infante que le había hablado en esa capilla de sur América: “Amén, así sea.”

Para unir aún mas la devoción a la infancia de Cristo en ambos santuarios, actualmente el primer fin de semana de septiembre (en concordancia con el templo del 20 de julio) se celebra en el santuario del Santísimo Sacramento de las Clarisas de la adoración Perpetua en Alabama el “festival del divino niño” para honrar esta advocación de Cristo que habló a madre Angélica y que “fundó con sus deseos” este templo.

-𝑃𝑙𝑎𝑧𝑜𝑙𝑒𝑡𝑎 𝑦 𝑓𝑎𝑐ℎ𝑎𝑑𝑎 𝑑𝑒𝑙 𝑆𝑎𝑛𝑡𝑢𝑎𝑟𝑖𝑜 𝑑𝑒𝑙 𝐷𝑖𝑣𝑖𝑛𝑜 𝑛𝑖𝑛̃𝑜 𝐽𝑒𝑠𝑢́𝑠 𝑑𝑒𝑙 20 𝑑𝑒 𝑗𝑢𝑙𝑖𝑜 𝑒𝑛 𝐵𝑜𝑔𝑜𝑡𝑎́ (𝐶𝑜𝑙𝑜𝑚𝑏𝑖𝑎).

-𝐶𝑎𝑝𝑖𝑙𝑙𝑎 𝑑𝑜𝑛𝑑𝑒 𝑠𝑒 𝑣𝑒𝑛𝑒𝑟𝑎 𝑙𝑎 𝑖𝑚𝑎𝑔𝑒𝑛 𝑜𝑟𝑖𝑔𝑖𝑛𝑎𝑙 𝑒𝑛 𝑒𝑙 𝑖𝑛𝑡𝑒𝑟𝑖𝑜𝑟 𝑑𝑒𝑙 𝑆𝑎𝑛𝑡𝑢𝑎𝑟𝑖𝑜 𝑑𝑒𝑙 𝐷𝑖𝑣𝑖𝑛𝑜 𝑛𝑖𝑛̃𝑜 𝐽𝑒𝑠𝑢́𝑠 𝑑𝑒𝑙 20 𝑑𝑒 𝑗𝑢𝑙𝑖𝑜 𝑒𝑛 𝐵𝑜𝑔𝑜𝑡𝑎́ (𝐶𝑜𝑙𝑜𝑚𝑏𝑖𝑎).

-𝐴𝑠𝑝𝑒𝑐𝑡𝑜 𝑎𝑐𝑡𝑢𝑎𝑙 𝑑𝑒𝑙 𝑖𝑛𝑡𝑒𝑟𝑖𝑜𝑟 𝑑𝑒𝑙 𝑆𝑎𝑛𝑡𝑢𝑎𝑟𝑖𝑜 𝑑𝑒𝑙 𝐷𝑖𝑣𝑖𝑛𝑜 𝑛𝑖𝑛̃𝑜 𝐽𝑒𝑠𝑢́𝑠 𝑑𝑒𝑙 20 𝑑𝑒 𝑗𝑢𝑙𝑖𝑜 𝑒𝑛 𝐵𝑜𝑔𝑜𝑡𝑎́ (𝐶𝑜𝑙𝑜𝑚𝑏𝑖𝑎).





Jhonatan Alarcón, 2026

 

Fuentes: Nueve domingos y novena bíblica al Divino niño Jesús – Apostolado bíblico católico – editorial salesiana, 2014.

Carta luctuosa en memoria del P. Juan del Rizzo Battistón S.D.B por el inspector salesiano Sac. Ángel Bianco. PDF, 1957

La devoción de Madre Angélica por el Divino Niño Jesús – Aciprensa, 1 de septiembre de 2024

viernes, 16 de mayo de 2025

SANTA TERESITA VS EL ABOGADO DEL DIABLO: La santidad del pequeño camino es llamada a estrado para defenderse.

 

𝐃𝐞𝐫𝐞𝐜𝐡𝐚: Fotografía de Mons. Alexander Verde, promotor de la fe, “abogado del diablo” durante el proceso de beatificación y canonización de Santa Teresita.  𝐈𝐳𝐪𝐮𝐢𝐞𝐫𝐝𝐚: El tribunal designado por la diócesis de Bayeux/Lisieux para llevar adelante el proceso de beatificación y canonización de sor Teresa del niño Jesús y de la Santa Faz.
𝐃𝐞𝐫𝐞𝐜𝐡𝐚: Fotografía de Mons. Alexander Verde, promotor de la fe, “abogado del diablo” durante el proceso de beatificación y canonización de Santa Teresita.

𝐈𝐳𝐪𝐮𝐢𝐞𝐫𝐝𝐚: El tribunal designado por la diócesis de Bayeux/Lisieux para llevar adelante el proceso de beatificación y canonización de sor Teresa del niño Jesús y de la Santa Faz.

Desde 1587 y hasta 1983 existió una figura controvertida en los mecanismos de los procesos de canonización: el promotor de la fe (coloquialmente llamado “el abogado del diablo”). Este promotor era un clérigo preparado, al que la Santa Sede encargaba la desagradable pero necesaria tarea de buscar manchas, rayones negros y defectos lo suficientemente negativos como para poder detener o incluso tumbar un proceso de canonización; esto, para que en las audiencias de los tribunales eclesiásticos se diera paso a sanas y adecuadas discusiones que ayudaran a “pesar” la santidad de un futuro candidato a los altares, y de esta manera poder ofrecer a la Iglesia santos basados en personas reales, con luces y sombras, y no en idealismos piadosos, bellos pero falsos.

En el caso de Santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz (1873-1897), a quien la Iglesia ya ha ornado con múltiples y diversas glorias y honores desde su santificación, no hubo excepción. La Santa Sede escogió a monseñor Alexandre Verde para que, antes de subirla a los altares con la beatificación en 1923, pudiera presentar algunos argumentos que lograran detener esa fuerte emoción que por todas partes suscitaba el testimonio de la joven carmelita francesa, fallecida menos de veinte años atrás. Este trabajo no sería fácil para monseñor Verde porque, como se dijo —y tal vez a diferencia de otras causas—, la carmelita ya tenía cientos y miles de devotos alrededor del mundo, y entre todos se daba un clamor que casi se volvía exigencia ante Roma por canonizar a la joven monja que abrazaba a un Cristo envuelto en rosas. El promotor de la fe, entonces, debía convertirse en el villano de pocas entrañas que iba a servir de obstáculo y zancadilla para lograr coronar con la aureola a sor Teresa; en fin, un abogado del diablo.

La presentación de las “animadversiones” (objeciones al proceso) se dio en 1914, poco después de la apertura del proceso de canonización de sor Teresa del Niño Jesús (10 de junio). Monseñor Verde, que venía ofreciendo su servicio ante la Santa Sede como promotor de la fe desde 1902, dividió sus críticas en dos facciones: 1) objeciones contra los testimonios de la heroicidad de las virtudes de la Sierva de Dios, y 2) objeciones contra la forma en que se suscitó la apertura del proceso.

(Junto a cada una de las objeciones dirigidas por el Promotor a Teresita he decidido poner contestaciones sacadas de la “Historia de un Alma” para que de esta manera no se queden en simples acusaciones si no que se transforme en una conversación entre el Promotor y la santa.)

 

1)     Objeciones contra los testimonios sobre la heroicidad de las virtudes de la Sierva de Dios:

 


·       Una santidad que hace auto propaganda: Para Monseñor Verde era imposible no señalar la manera tan inescrupulosa en que tan pronto como la carmelita falleció, sus familiares empezaron a hacer esfuerzos considerables para difundir su vida. La difusión de la autobiografía por sí sola no siempre lograría la grandísima atracción que causó en todo el mundo si no fuera por el estilo en que fue escrita. La autora tuvo un especial talento para desarrollar el transcurso de su vida por escrito de una manera tan deleitable, amena, y cercana que casi parece “arreglada”, como si quien la escribió hubiera tenido la intención de que aquello fuera publicado y leído por cientos y miles en pro de la glorificación personal. Enmarca continuamente las gracias con que se ha sentido bendecida, las exalta y dibuja como dones particulares que dan validez a una doctrina espiritual armada en base a esas experiencias.

 

Teresita responde:

“A ti, Madre querida, a ti que eres doblemente mi madre, quiero confiar la historia de mi alma... El día que me pediste que lo hiciera, pensé que eso disiparía mi corazón al ocuparlo de sí mismo; pero después Jesús me hizo comprender que, obedeciendo con total sencillez, le agradaría. Además, sólo pretendo una cosa: comenzar a cantar lo que un día repetiré por toda la eternidad: «¡¡¡Las misericordias del Señor !!!»...

Antes de coger la pluma, me he arrodillado ante la imagen de María (la que tantas pruebas nos ha dado de las predilecciones maternales de la Reina del cielo por nuestra familia), y le he pedido que guíe ella mi mano para que no escriba ni una línea que no sea de su agrado. Luego, abriendo el Evangelio, mis ojos se encontraron con estas palabras: «Subió Jesús a una montaña y fue llamando a los que él quiso, y se fueron con él» (San Marcos, cap. II, v. 13). He ahí el misterio de mi vocación, de mi vida entera, y, sobre todo, el misterio de los privilegios que Jesús ha querido dispensar a mi alma... El no llama a los que son dignos, sino a los que él quiere, o, como dice san Pablo: «Tendré misericordia de quien quiera y me apiadaré de quien me plazca. No es, pues, cosa del que quiere o del que se afana, sino de Dios que es misericordioso» (Cta. a los Romanos, cap. IX, v. 15 y 16).”  -  (Introducción al Manuscrito A de la Historia de un Alma.) – “Si no vinieran en mi ayuda las propias palabras de Jesús, me sentiría tentada de pedirle disculpas y de dejar la pluma... Pero no, he de terminar por obediencia lo que comencé por obediencia…. No crea, Madre, que me pregunto por la utilidad que pueda tener mi humilde trabajo. Lo hago por obediencia, y eso me basta. Y si usted lo quemase ante mis ojos antes de leerlo, no lo sentiría lo más mínimo.(Ms C, Cap 11)

 


·       ¿Soberbia disfrazada de humildad?: El Promotor ahora señala como un desvió la excesiva confianza en el camino espiritual que Teresa siguió e invitaba a seguir. ¿Cómo una monja tan joven, con apenas nueve años de vida religiosa y que jamás había tocado un aula de teología ni intercambiado ideas con expertos y sabios en la materia podía asegurar y enseñar cosas sobre el amor de Dios de las que ni un Pontífice se atrevía a hablar? ¿Era esto un arrojo místico o soberbia maquillada? Además, sus peticiones y anhelos ante Dios llegaban a rayar lo escandaloso y ridículo para el pensamiento religioso de la época: Querer conservar la presencia eucarística de Cristo en su alma como en un sagrario por el espacio entre cada comunión (Hay que recordar que en aquella época la comunión diaria no era algo del todo común ni siquiera en los monasterios de vida contemplativa), pedir que su cuerpo glorificado pudiera llevar como insignia las llagas de la pasión del Señor, pedir que se le dejase trabajar desde el cielo por la salvación de las almas hasta el fin del mundo… ¿Quién era ella para pedir tal cosa? Prometer derramar milagros como rosas desde el cielo cuando aún ni se tenía seguridad de la propia salvación... ¿Cómo confiar en el juicio espiritual de una religiosa que no gozó de un continuo y esmerado acompañamiento espiritual con un sacerdote que la acompañara en medio de sus ideas y pensamientos? La misma Teresa llega a exponer en su biografía que no sintió la necesidad de un ministro ordenado como director espiritual porque tenía a Jesús mismo para guiarla desde adentro… ¿No era esto soberbia espiritual, pensar que su opinión sola era suficiente para llegar a Dios? El promotor añade entonces algunos testimonios respecto a su poco acompañamiento espiritual: (El primero [el Padre Pichon] apenas lo escucha y debe partir hacia Canadá, desde donde le escribe unas líneas una vez al año. Otro [el Padre Blinio], asombrado por la audacia de sus aspiraciones a una conducta eminente, le dice que es un orgullo querer igualar e incluso superar a Santa Teresa. Otro [el Padre Alexis] finalmente, en 1891, le asegura que no ofende a Dios y que puede seguir con seguridad su vida de confianza y abandono. Desde ese momento, quedó en paz» (Summ.  p. 238 § 1 [PO p. 164]).

Teresita responde (En cuanto a la acusación de que ella no considera importante la dirección espiritual): “Viendo de cerca a estas almas inocentes, comprendí la desgracia que supone el no formarlas bien desde su mismo despertar, cuando se asemejan a la cera blanda sobre la que se puede dejar grabada la huella de las virtudes, pero también la huella del mal...

Comprendí lo que dice Jesús en el Evangelio: «Mejor sería ser arrojado al mar que escandalizar a uno solo de estos pequeños». ¡Cuántas almas llegarían a la santidad si fuesen bien dirigidas...!

Sé muy bien que Dios no tiene necesidad de nadie para realizar su obra. Pero así como permite a un hábil jardinero cultivar plantas delicadas y le da para ello los conocimientos necesarios, reservándose para sí la misión de fecundarlas, de la misma manera quiere Jesús ser ayudado en su divino cultivo de las almas.” (Ms A, Cap 5) – “El Padre me dijo también estas palabras que se me grabaron dulcemente en el corazón: «Hija mía, que Nuestro Señor sea siempre tu superior y tu maestra de novicias».” (Ms A, Cap 7)

(En cuanto a sus deseos, anhelos y peticiones escandalosas ante Dios): “Me portaba con él como un niño que piensa que todo le está permitido y mira como suyos los tesoros de su padre.” (Ms A, Cap 6) - “Hermana querida, me pedías que te escribiera mi sueño y «mi doctrinita», como tú la llamas... Lo he hecho en las páginas que siguen; pero tan mal, que me parece imposible que consigas entender nada. Tal vez mis expresiones te parezcan exageradas... Perdóname, eso se debe a mi estilo demasiado confuso. Te aseguro que en mi pobre alma no hay exageración alguna: en ella todo es sereno y reposado...”  - “Y perdóname, Jesús mío, si digo desatinos al querer expresarte mis deseos, mis esperanzas que rayan el infinito, ¡¡¡perdóname y cura mi alma dándole lo que espera...!!!” -  Jesús, no puedo ir más allá en mi petición, temería verme aplastada bajo el peso de mis audaces deseos... La excusa que tengo es que soy una niña, y los niños no piensan en el alcance de sus palabras. Sin embargo sus padres, cuando ocupan un trono y poseen inmensos tesoros, no dudan en satisfacer los deseos de esos pequeñuelos a los que aman tanto como a sí mismos; por complacerles, hacen locuras y hasta se vuelven débiles... Pues bien, yo soy la HIJA de la Iglesia, y la Iglesia es Reina, pues es tu Esposa, oh, divino Rey de reyes...” – “Jesús, déjame que te diga, en el exceso de mi gratitud, déjame, sí, que te diga que tu amor llega hasta la locura... ¿Cómo quieres que, ante esa locura, mi corazón no se lance hacia ti? ¿Cómo va a conocer límites mi confianza...? “– “¿Pero hay de verdad puro amor en mi corazón...? Mis inmensos deseos ¿no serán un sueño, una locura...? ¡Ay!, si así fuera, dame luz tú, Jesús. Tú sabes que busco la verdad... Si mis deseos son temerarios, hazlos tú desaparecer, pues estos deseos son para mí el mayor de los martirios...” (Ms B, Cap 9)

 


·       Una santidad demasiado escondida para ser verificada: Monseñor Verde continua ahora apuntando al hecho que después de haberse tomado los juramentos y los testimonios de quienes conocieron y vivieron junto a la Sierva de Dios, la mayoría concuerda en que la podían describir como una religiosa sencilla y servicial pero nada fuera de lo extraordinario. Sus hermanas de sangre parecen querer convencer a los demás en como Teresa era casi un ángel en carne mortal pero para el resto de la comunidad no hay luz sobrenatural, ni plumas caídas por donde ella caminaba, ningún gesto sobrecogedor que hiciera reverenciarla, ningún milagro o hecho sobrenatural que delatara su santidad escondida. Hasta el día de su muerte fue solo una más de entre varias, nada especial. Aparentemente las únicas fuentes de la santidad admirable de Teresa son sus hermanas de sangre y el texto de la propia Sierva de Dios. Incluso cuando se le preguntó a su antigua priora (la madre María de Gonzaga) sobre la posibilidad de la canonización para sor Teresa, ella río y respondió “tendrían que canonizar también al resto de mis hijas”. En su monasterio, algunas hermanas (que curiosamente ya habían muerto o habían abandonado el monasterio y a las que no se pudo llamar de nuevo ante el tribunal) llegaron a decir que la veían como una niña mimada que nunca había sabido lo que era trabajar duro o sufrir y eso las llevaba a dudar de una santidad en ella que la pudiera llevar a los altares. Aun así Monseñor Verde reconoce que en sus últimos años la madre María de Gonzaga había cambiado su parecer ante la santidad de Teresa después de que llegaran noticias de los milagros que se estaban consiguiendo por su intercesión.

Teresita responde: “Comprendí en qué consistía la verdadera gloria. Aquel cuyo reino no es de este mundo me hizo ver que la verdadera sabiduría consiste en «querer ser ignorada y tenida en nada», en «cifrar la propia alegría en el desprecio de sí mismo». Sí, yo quería que «mi rostro», como el de Jesús, «estuviera verdaderamente escondido, y que nadie en la tierra me reconociese». Tenía sed de sufrir y de ser olvidada...(Ms A, Cap 7)

“Sí, lo se: cuando soy caritativa, es únicamente Jesús quien actúa en mí. Cuanto más unida estoy a él, más amo a todas mis hermanas. Cuando quiero hacer que crezca en mí ese amor, y sobre todo cuando el demonio intenta poner ante los ojos de mi alma los defectos de tal o cual hermana que me cae menos simpática, me apresuro a buscar sus virtudes y sus buenos deseos, pienso que si la he visto caer una vez, puede haber conseguido un gran número de victorias que oculta por humildad, y que incluso lo que a mí me parece una falta puede muy bien ser, debido a la recta intención, un acto de virtud. Y no me cuesta convencerme de ello, pues yo misma viví un día una experiencia que me demostró que no debemos juzgar a los demás...

Fue durante la recreación. La portera tocó dos campanadas, había que abrir la puerta de clausura a unos obreros para que metieran unos árboles destinados al belén. La recreación no estaba animada, pues faltaba usted, Madre querida. Así que pensé que me gustaría mucho que me mandasen como tercera; y justo la madre subpriora me dijo que fuese yo a prestar ese servicio, o bien la hermana que estaba a mi lado. Inmediatamente comencé a desatarme el delantal, pero muy despacio para que mi compañera pudiese quitarse el suyo antes que yo, pues pensaba darle un gusto dejándola hacer de tercera. La hermana que suplía a la procuradora nos miraba riendo, y, al ver que yo me había levantado la última, me dijo: Ya sabía yo que no eras tú quien iba a ganarse una perla para tu corona, ibas demasiado despacio... Toda la comunidad, a no dudarlo, pensó que yo había actuado siguiendo mi impulso natural. Pero es increíble el bien que una cosa tan insignificante hizo a mi alma y lo comprensiva que me volvió ante las debilidades de las demás. Eso mismo me impide también tener vanidad cuando me juzgan favorablemente, pues razono así: Si mis pequeños actos de virtud los toman por imperfecciones, lo mismo pueden engañarse tomando por virtud lo que sólo es imperfección. Entonces digo con san Pablo: Para mí, lo de menos es que me pida cuentas un tribunal humano; ni siquiera yo me pido cuentas. Mi juez es el Señor. Por eso, para que el juicio del Señor me sea favorable, o, mejor, simplemente para no ser juzgada, quiero tener siempre pensamientos caritativos, pues Jesús nos dijo: No juzguéis, y no os juzgarán.” (Ms C, Cap 10)

 


·       Una enseñanza muy infantil para ser llamada doctrina: Para concluir sus criticas contra Teresa, el Promotor de la Fe exponía que después de que sus escritos fueran presentados en otros conventos carmelitanos y diversos seminarios y casas religiosas, aunque la mayoría quedaban muy entusiasmados con su lectura, para otro pocos las enseñanzas de sor Teresa se veían como demasiado dulces, empalagosas e infantiles para venir de una hija de la grande y viril Santa Teresa de Jesús. Él había recogido algunos testimonios de religiosos y sacerdotes que al leerla no habían encontrado algo realmente heroico en su relato biográfico, una religiosa carmelita de otro monasterio francés pareció encontrar ridícula la actitud de la Sierva de Dios que sentía devoción en ver su reflejo en los calices sagrados mientras tuvo el oficio de sacristana o sus formas de venerar la infancia de Jesús vistiendo o decorando una imagen de su convento. Algunos señalaron que fue una imprudencia de la priora el haber permitido que una religiosa tan joven y sentimental se diera el trabajo de relatar con tanto detalle pasajes de su infancia y adolescencia, tan aparentemente insignificantes para la teología mística que el Carmelo tenía por tradición, y aun más equivocado el publicar esos relatos tiernos como un gran testimonio y enviarlo a todos cuantos lo pidieran. No correspondía al rigor y seriedad de las carmelitas descalzas semejante declaración de ternura y sensibilidad excesiva.

Teresita responde: (Diferencia entre infancia espiritual e inmadurez psicológica) “Un mes después de la partida de nuestra santa Madre, se declaró la gripe en la comunidad. Sólo otras dos hermanas y yo quedamos en pie. Nunca podré expresar todo lo que vi, y lo que me pareció la vida y todo lo que es pasajero...

El día en que cumplí 19 años, lo festejamos con una muerte, a la que pronto siguieron otras dos. En esa época, yo estaba sola en la sacristía, por estar muy gravemente enferma mi primera de oficio. Yo tenía que preparar los entierros, abrir las rejas del coro para la misa, etc. Dios me dio muchas gracias de fortaleza en aquellos momentos. Ahora me pregunto cómo pude hacer todo lo que hice sin sentir miedo. La muerte reinaba por doquier. Las más enfermas eran cuidadas por las que apenas se tenían en pie. En cuanto una hermana exhalaba su último suspiro, había que dejarla sola.

Una mañana, al levantarme, tuve el presentimiento de que sor Magdalena se había muerto. El claustro estaba a oscuras y nadie salía de su celda. Por fin, me decidí [79vº] a entrar en la celda de la hermana Magdalena, que tenía la puerta abierta. Y la vi, vestida y acostada en su jergón. No sentí el menor miedo. Al ver que no tenía cirio, se lo fui a buscar, y también una corona de rosas. La noche en que murió la madre subpriora, yo estaba sola con la enfermera. Es imposible imaginar el triste estado de la comunidad en aquellos días. Sólo las que quedaban de pie pueden hacerse una idea.” (Ms B, Cap 8)

(Pero defiende y exalta su identificación con los niños – El niño lleva ventaja ante Dios)

“Madre querida, ya ve que yo soy un alma muy pequeña que no puede ofrecer a Dios más que cosas muy pequeñas. (Ms C, Cap 11) . “Comprendí también que el amor de Nuestro Señor se revela lo mismo en el alma más sencilla que no opone resistencia alguna a su gracia, que en el alma más sublime. Y es que, siendo propio del amor el abajarse, si todas las almas se parecieran a las de los santos doctores que han iluminado a la Iglesia con la luz de su doctrina, parecería que Dios no tendría que abajarse demasiado al venir a sus corazones. Pero él ha creado al niño, que no sabe nada y que sólo deja oír débiles gemidos; y ha creado al pobre salvaje, que sólo tiene para guiarse la ley natural. ¡Y también a sus corazones quiere él descender! Estas son sus flores de los campos, cuya sencillez le fascina...” (Ms A, Cap 1) – “Si, a pesar de mi pequeñez quisiera iluminar a las almas como los profetas y como los doctores.” (Ms B, Cap 9) - “Y entonces fui, adivinando que había encontrado lo que buscaba. Y queriendo saber, Dios mío, lo que harías con el que pequeñito que responda a tu llamada, continué mi búsqueda, y he aquí lo que encontré: Como una madre acaricia a su hijo, así os consolaré yo; os llevaré en mis brazos y sobre mis rodillas os meceré. Nunca palabras más tiernas ni más melodiosas alegraron mi alma ¡El ascensor que ha de elevarme hasta el cielo son tus brazos, Jesús! Y para eso, no necesito crecer; al contrario, tengo que seguir siendo pequeña, tengo que empequeñecerme más y más. (Ms C, Cap 10) – “Cuando pienso que le estoy escribiendo pormenorizadamente tantas cosas que usted conoce tan bien como yo, no puedo evitar la risa. En fin, Madre querida, no hago más que obedecerla. Y si ahora no le encuentra el menor interés a leer estas páginas, quizás le sirvan de distracción en los días de su vejez y la ayuden también a avivar el fuego del amor, y así no habré perdido el tiempo... Pero me divierto hablando como un niño.” (Ms C, Cap 11)

 


2)     Objeciones contra la forma en que se suscitó la apertura del proceso.

 


·       Objeción respecto a las intenciones muy obvias de los familiares por iniciar el proceso:  Mons. Verde discutía la desmesurada intervención de las hermanas de sangre de la Sierva de Dios en el proceso, su criterio aparentemente nublado por motivos personales y la práctica de citar a la candidata en textos oficiales como si de un personaje de renombre constatado se tratase, además de la evidencia de un inadecuado apego sentimental expresado sin continencia en los testimonios y citando directamente la autobiografía de la candidata ([Sor Francisca-Thérèse / Leonie Martin] admite ingenuamente: «Leer la Historia de un alma también me sirvió para preparar mi testimonio»). Juntamente se señala la falta de espontaneidad que acompañó la apertura de la causa, ya que en la opinión del Promotor de la Fe, había formas de verificar que entre las hermanas los testimonios fueron preparados (más no arreglados) y finalmente la carencia de testimonios de religiosas no tan apegadas sentimentalmente a sor Teresa debido a que ya han muerto o no están en el convento.

 

·       Objeción de poco control previo en cuanto a las diversas traducciones del texto autobiográfico a diversos idiomas antes de que se estableciera el proceso de canonización: El Promotor señaló una falta notable en los antecedentes del proceso de sor Teresa, ya que los traductores que sirvieron para traducir a otras lenguas los escritos de sor Teresa del niño Jesús (otro de los motivos de la arrolladora fama de santidad que llegaba a varios lugares del mundo) fueron designados por el tribunal diocesano de Bayeux/Lisieux para la  causa de canonización, cuando las normas del derecho (implementadas por el papa Inocencio XI) estipulaban que los traductores debían ser elegidos por el cardenal ponente (cabeza de la congregación/dicasterio para los santos designado por el Papa). Esto puede parecer una falta menor pero en realidad es un tema delicado ya que debe ser una autoridad en la Iglesia quien de garantía de que las traducciones que se leen por todo el mundo no solo sean fieles al texto original, sino que sean acordes a la fe católica que profesó la Sierva de Dios.

 

·       Objeción por las numerosas indulgencias que obtuvo el texto (Historia de un alma): Se presentó también critica a las indulgencias dadas a las diversas ediciones y traducciones de los escritos de sor Teresa por parte de cabezas eclesiásticas (monseñores y obispos de variados lugares de Europa) y que pudo llevar a una conclusión apresurada a muchos fieles en cuanto a la heroicidad de las virtudes de la escritora, casi que respaldada por las iglesias diocesanas, solo a la espera de la canonización del obispo de Roma. Aunque se entiende que esto no es algo que sea responsabilidad directa del tribunal del proceso de canonización en Bayeux/Lisieux, sino que corresponde a la carencia de prudencia de varios ministros.

 

·       Objeción de excesivo sentimentalismo que se interpreta como voluntad divina en la difusión de los textos autobiográficos de la Sierva de Dios: Mons. Verde menciona que se atribuye a Dios el hecho de que el libro (Historia de un Alma) se difundiera tan rápidamente y con tanto fervor, y no al talento de la escritora por presentarse así misma de forma tan arreglada y convencedora, lo cual es una percepción personal del Promotor pero que él juzga debe ser tenida en cuenta.

 

 

·       Objeción de exceso de propaganda en torno a la vida e imagen de la candidata: Finalmente Mons. Verde reporta la forma casi fanática en que se trataba de extender la devoción a la religiosa carmelita en variados y diversos lugares, en formas que no se hace ni siquiera con vidas e imágenes de otros santos ya canonizados. Por ejemplo, hace manifiesto las críticas al Carmelo de Lisieux por parte de otros monasterios carmelitas por los esfuerzos exagerados en torno a una de sus religiosas difuntas ya que aunque la tradición en los monasterios del Carmelo es que, luego de la muerte de una de sus religiosas se comparta un pequeño billete con los apuntes más significativos de su vida y sus virtudes en la comunidad, pero en el caso de sor Teresa se procedió a compartir un libro escrito por la misma hermana fallecida con los detalles más mínimos de su vida (!). Junto a esto el Promotor añade una parte de los testimonio recogido de la Madre Inés de Jesús (Paulina Martin) respecto a labor de difusión de sor Teresa en su tiempo como priora, y que en su opinión ilustra el esfuerzo desmesurado que se llevaba adelante desde dentro del monasterio por difundir la devoción a la Sierva de Dios: «Para dar una visión general de la contabilidad de los libros, imágenes, recuerdos y correspondencia relacionados con la Sierva de Dios, diré que desde la publicación de la Historia de un Alma hasta hoy, el número total de ejemplares impresos de la Vida de Sor Teresita del Niño Jesús asciende a 62.815 para la vida completa y 80.000 para la vida abreviada. El número total de ejemplares vendidos es de 45.715 para la edición completa y 56.405 para la edición abreviada. En cuanto a imágenes y recuerdos, nos piden cada vez más. En 12 meses, es decir, de julio de 1909 a julio de 1910, nos pidieron 183.348 imágenes y 36.612 recuerdos». (A esto el tribunal no dio demasiado peso ya que incluso para ellos era lógico que el monasterio desde donde se inició la apertura de la causa fuera el mismo que se encargara de esparcir el material para promover la devoción a la Sierva de Dios).

 



Las conclusiones:

Inicialmente, para el Promotor de la fe, la santidad de Teresa era algo real y reverenciable, pero no hasta el punto de llevarla a los altares y allí era donde debía trazarse una línea bien gruesa y clara sobre lo que es una santidad admirable pero escondida como la de miles y la santidad que la Iglesia debe tomar en sus manos para llevar a los altares y promover a todo el mundo. Su santidad estaba demasiado escondida en Dios como para hacer de ella una heroína de la fe ya que nadie que la haya conocido en persona pudo notar esa santidad que luego el mundo celebraría. La mayoría de las personas que nunca la reconocieron como santa cambiaron de opinión luego de recibir gracias o escuchar testimonios de otras personas recibiendo gracias de la joven religiosa, pero para el Promotor, la presencia de milagros no es una prueba de la santidad de alguien en sí misma, ya que Dios puede servirse de canales sencillos para obrar entre los hombres y recompensar su fe, según su voluntad. La carmelita puede ser un canal por el que Dios actúa pero no certifica que en su voluntad quiera verla canonizada. Ya que, de nuevo, no hay santidad verificable en testigos que pueda ser sostenida.

El Promotor firmó su caso con todas sus diversas objeciones en torno a Teresa y su proceso el 8 de abril de 1914. Si bien trató de hacer un trabajo inquisitivo bien incisivo en contra de Teresa, tal y como su oficio lo requería, no se opuso a la continuación del proceso luego de que sus objeciones y criticas fueran contestadas y superadas por el abogado defensor de la causa. Posteriormente y ya convertido en secretario de la Sagrada Congregación de Ritos, Monseñor Verde, en 1921, se adhirió a la opinión del nuevo Papa, Benedicto XV, según el cual «la difusión universal de la Historia de un Alma» atestiguaba una santidad indudable. Siguió con verdadero interés las etapas sucesivas del proceso y firmó los documentos oficiales a favor de la canonización, lo cual confirmó que aunque en su momento, y por el oficio que la Iglesia le había encargado, se había presentado como un enemigo de la pequeña santa, en su interior reconocía la veracidad de la santidad de sor Teresa del niño Jesús y del inmenso bien que un testimonio y doctrina como la de ella podía llegar a hacer por todo el mundo.

 

Autor: Jhonatan Alarcón, 2025.

 

(Este texto fue elaborado completamente en base a la información proveída por la pagina web de los archivos del Carmelo de Lisieux, información que fue luego arreglada y resumida para ser presentada en este texto - https://archives.carmeldelisieux.fr/naissance-dune-sainte/les-proces-la-sainte-de-therese/lavocat-du-diable/ )