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| -𝐿𝑎 𝑖𝑚𝑎𝑔𝑒𝑛 𝑜𝑟𝑖𝑔𝑖𝑛𝑎𝑙 𝑑𝑒𝑙 𝐷𝑖𝑣𝑖𝑛𝑜 𝑛𝑖𝑛̃𝑜 𝐽𝑒𝑠𝑢́𝑠 𝑎𝑑𝑞𝑢𝑖𝑟𝑖𝑑𝑎 𝑝𝑜𝑟 𝑒𝑙 𝑃. 𝐽𝑢𝑎𝑛 𝑑𝑒𝑙 𝑅𝑖𝑧𝑧𝑜 𝑦 𝑞𝑢𝑒 𝑠𝑒 𝑣𝑒𝑛𝑒𝑟𝑎 𝑒𝑛 𝑠𝑢 𝑆𝑎𝑛𝑡𝑢𝑎𝑟𝑖𝑜 𝑑𝑒𝑙 𝑏𝑎𝑟𝑟𝑖𝑜 20 𝑑𝑒 𝐽𝑢𝑙𝑖𝑜 𝑒𝑛 𝐵𝑜𝑔𝑜𝑡𝑎́ (𝐶𝑜𝑙𝑜𝑚𝑏𝑖𝑎). |
De todas
las devociones que han nacido de la religiosidad colombiana, posiblemente la
que se ha esparcido con más rapidez por los diversos rincones del orbe católico
es la del Divino Niño Jesús, venerado en su santuario del barrio 20 de julio de
la capital del país. Su imagen inconfundible de rizos dorados, brazos abiertos
y vestido rosa sujeto con cinturón verde esmeralda se ha transformado en un
icono que trasciende lo religioso y se adentra en lo cultural, que ha viajado
con los colombianos por el mundo casi como una carta de presentación
identitaria, muy similar a lo que ha sido para el pueblo de México la imagen de
la Virgen de Guadalupe, pero que no muchos saben nació como una rencilla entre
comunidades religiosas y que floreció, no gracias a una aparición milagrosa o hecho
sobrenatural, sino a un gran componente social y caritativo que terminó ayudando
a mover la imagen y su fama de los pequeños límites de la idiosincrasia “rola”
para llegar a todos los extremos del país, y de ahí, al mundo.
El
origen: El P. Juan del Rizzo y la devoción sin copyright.
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| -𝐸𝑙 𝑅𝑒𝑣. 𝑃. 𝐽𝑢𝑎𝑛 𝑑𝑒𝑙 𝑅𝑖𝑧𝑧𝑜 𝐵𝑎𝑡𝑡𝑖𝑠𝑡𝑜𝑛 𝑆.𝐷.𝐵 (1882-1957). 𝐷𝑖𝑓𝑢𝑠𝑜𝑟 𝑦 𝑎𝑝𝑜́𝑠𝑡𝑜𝑙 𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝑑𝑒𝑣𝑜𝑐𝑖𝑜́𝑛 𝑑𝑒𝑙 𝐷𝑖𝑣𝑖𝑛𝑜 𝑛𝑖𝑛̃𝑜 𝐽𝑒𝑠𝑢́𝑠. |
El
sacerdote salesiano Juan del Rizzo, nacido en la localidad
italiana de Azzano Decimo, el 16 de mayo de 1882, y bautizado como Giovanni Del
Rizzo Battiston, arribó a tierras colombianas en 1914, en específico a la
ciudad de Barranquilla. Había sido ordenado sacerdote catorce años antes con el
favor del rector mayor de los salesianos de aquel momento, el beato Miguel Rúa,
primer sucesor de San Juan Bosco, pero la profesión de sus votos
religiosos fue retrasada durante algún tiempo mas debido a cuestionamientos de
sus superiores, que veían en su mal carácter un posible tropiezo para su
actividad apostólica.
Con las
primeras dificultades superadas y ya establecido en Colombia, después de un
breve pasó por Venezuela, de su primera casa en Barranquilla fue enviado a
Medellín, de 1927 a 1930, y luego a Ibagué, de 1930 a 1933.
Mientras
estuvo en estos lugares, un signo que acompañó su labor pastoral fue su marcada
devoción al milagroso niño Jesús de Praga, que tiene un
importante santuario en Italia (en Arenzano, en la región de Liguria, cerca de
Génova). Si bien desde su niñez tuvo conciencia de esta devoción al peregrinar
al santuario genovés, no fue sino hasta que en Barranquilla, cuando sus
superiores lo enviaron a pedir limosna para la edificación del templo de San
Roque, se fue a postrar ante la imagen de María Auxiliadora con mucha vergüenza,
pidiéndole le diera valentía para semejante trabajo que humillaba tanto el ego.
Después de mucho pedir sin respuesta, viendo al niño Dios con los brazos
abiertos cargado por su madre se dijo a sí mismo: “Siempre le pido estos
favores a María Auxiliadora, la mamá... pero tal vez si se lo pido directamente
a su hijo mi plegaria sea más rápidamente escuchada.” Contaba el sacerdote
que en ese mismo momento se llenó de tal valor y fuerza que salió con paso
seguro a pedir la limosna, regresando con buenos donativos a casa y con un
renovado y fuertísimo amor a la infancia de Jesucristo.
Un poco
después, y parece que ya estando en Medellín, es donde se dio un pequeño pero
significativo altercado con una comunidad religiosa en torno a la devoción al
niño de Praga, lo suficiente como para obligar al Padre Rizzo a contemplar la
búsqueda de otra imagen de la infancia de Cristo para continuar la devoción.
Aunque en muchas de las biografías del sacerdote o de la historia de la
devoción del Divino niño se omite esta anécdota o se cambia el nombre por una
“antigua asociación piadosa”, se sabe que el encontrón o disgusto se dio con
los frailes carmelitas descalzos, que fueron los primeros en traer a Colombia
la devoción al niño Jesús de Praga (la devoción en sí misma fue difundida en
sus inicios y desde Praga y Arenzano por esta orden religiosa). Parece que a
los religiosos carmelitas no les hacía gracia que apareciera un salesiano a
querer montar devoción con la advocación de Jesús niño que ellos sentían de su
propiedad, tal cual y como hoy en día se reclamarían derechos de autor o
“copyright”.
No hay
total seguridad sobre si hubo algún tipo de petición formal para desistir del
uso de la imagen del niño Jesús checo por parte de los carmelitas o si se trató
meramente de una pequeña queja o comentario. La falta de menciones en el relato
de los acontecimientos, como también cierto sigilo o prudencia entre los
religiosos, no permite ahondar mucho en el asunto pero si se sabe que ante
aquel reclamo por el uso de la devoción, el padre Juan se decidió a encontrar
otra imagen del Jesús niño para propagar y venerar, e incluso se le llegan a
atribuir estas palabras: “Lo importante no es como este vestida la imagen
(refiriéndose a su advocación). Lo que vale es venerar su santa infancia,
los primeros doce años de su vida humana en la tierra. Buscaré otra imagen del
niño Jesús y propagaré su devoción, porque quien hace los milagros no es la
imagen (estatua), el que hace los milagros es Jesucristo que está en el
cielo y que ha prometido: “Tu oración será escuchada si me pides por los
méritos de mi infancia”. (Esta frase que el P. Rizzo pone en boca de Jesús
se cree hace parte de las revelaciones místicas conferidas a una religiosa
carmelita descalza francesa, la venerable Margarita del Santísimo Sacramento,
en 1636.)
El niño
Jesús de Bogotá que nació en “el Vaticano”
En 1933 el padre Juan fue enviado a Bogotá y en esta ciudad permanecería el resto de su vida. De inmediato fue encargado como profesor en el colegio salesiano de León XIII en el barrio La Candelaria, y al mismo tiempo se le encargó la labor de catequesis de los niños en el “campo San José”, un potrero desolado al sur de la ciudad en el que solo había algunas pocas familias pobres y con viviendas muy sencillas a los que los salesianos acompañaban en la educación de sus hijos. Un año después de su llegada se le responsabiliza del Oratorio en el Colegio Salesiano de León XIII, pero aun con todas las nuevas responsabilidades no pierde oportunidad de encontrar esa nueva imagen del niño Jesús que tanto deseaba para propagar su devoción.
En uno de
esos días de paseo por el centro histórico de la ciudad, y dando a la calle
detrás de la Catedral primada en la que se reunía un pequeño pero activo
comercio de imaginería religiosa, es que llega a una tienda de santos llamada “El
Vaticano”, propiedad de un artista italiano, paisano suyo. Al entrar en este almacén, más por curiosidad
que por necesidad, encuentra entre lo exhibido una imagen del niño Jesús
recargado sobre una cruz que le servía para descansar los brazos abiertos. En
su manera descomplicada y jocosa, el padre Rizzo le dijo al vendedor: “¡¿Qué?!
¿Tan pequeño y ya quieren crucificarlo? Quítenle esa cruz y lo llevo.” El
artista habla con él y hace el encargo para las modificaciones de la imagen. El
Padre también le pidió al escultor que agregara las palabras “Yo Reinare” en la
base de la estatua y así se retira.
El artista
hizo los cambios solicitados y así presentó una estatuilla de entre 40 y 50 cm,
del estilo puro de los talleres en Barcelona de finales del siglo XIX, que
representaba al niño Jesús, de mirada elevada y sonrisa tierna, revestido con
una túnica color rosa ceñida a la cintura por un cinto verde pálido, con una
aureola de metal dorado que fusionaba halo y potencias y los brazos levantados
hacia el cielo mientras aparecía erguido sobre una nube con la inscripción “Yo
reinare” a sus pies. El padre Rizzo, maravillado y satisfecho, completó la
compra como prometido y ya libre para venerar a su niño Jesús como mejor le
pareciese decidió llevárselo, no al colegio salesiano donde era rector, sino al
“campo San José” donde, desde 1929, se proyectó la edificación del barrio 20
de Julio (nombrado así en memoria de fecha de la Independencia de Colombia
- 20 de julio de 1810), el mismo barrio que luego daría apellido a esta devoción
y que crecería en torno a ella.
En 1935 el
padre deja su sede en la Candelaria y pasa a residir de manera permanente en
este nuevo barrio “20 de julio” que en ese momento no contaba más que con una
decena de viviendas. Allí también pensó en la edificación de una capilla
dedicada al Divino niño Jesús para entronizar su imagen y, efectivamente,
aunque al principio se trataba de apenas un templete de techo y columnas donde
se celebraba la misa los domingos, él no perdió el tiempo y mandó fotografiar
la estatuilla del Divino niño y cada semana repartía por montones estampas con
su imagen mientras pregonaba el inmenso poder milagroso de este niño, que
repartía gracia y bendición por doquier si se le sabía pedir con fe.
De manera
extraordinaria, los esfuerzos del padre Juan del Rizzo empezaron a surgir
efecto y cada domingo mas y mas personas se acercaban atraídas por la novedad
de la imagen, y muchos otros a dar gracias por los primeros milagros y favores
recibidos al invocar al Divino niño, de esta manera el cielo parecía que
respondía y legitimaba los esfuerzos del sacerdote. En menos de 10 años una
cantidad impresionante de personas se aglomeraba en esos terrenos baldíos del
origen del 20 de julio cada domingo para escuchar misa y rezar ante la imagen,
y aunque el barrio todavía no tenía vías pavimentadas debido a su poca
población, el gobierno de la ciudad tuvo que ponerle vías de acceso a buses y
camiones antes de que aparecieran las casas ya que la cantidad inmensa de
peregrinos hizo que el transporte público agregara a sus letreros la parada “20
de julio” por la demanda de visitantes.
Una casa
para la devoción y los “regaños” al niño Jesús por pan y chocolate
Los
primeros devotos del Divino niño Jesús eran malos para guardar secretos, pues
todas las gracias, favores y milagros que ellos aseguraban recibir de Dios en
ese lugar, incluso los mas sencillo y natural, salían a compartirlo y
ventilarlo en todas partes y a toda hora, actitud que nunca fue censurada por
el P. Rizzo, sino que al contrario, se incentivaba con mucha fuerza. De esa
manera el número de devotos y peregrinos que crecían cada domingo hizo
necesario el proyecto de la construcción de un templo formal que los acogiera.
Con ayuda
de las donaciones de la feligresía se logró poner la primera piedra de la
actual Iglesia del niño Jesús el día de Navidad de 1937 y la Iglesia terminada
fue consagrada el 27 de julio de 1942 (a la ceremonia del traslado de la imagen
e inauguración del templo acudieron aproximadamente unas 60.000 personas).
Aunque en
origen los planes del padre Juan eran para una Iglesia mucho mas grande y
esplendida que albergará la devoción a su Jesús niño, sus superiores de la
comunidad salesiana no se lo permitieron argumentando que un proyecto de esa
envergadura necesitaría un esfuerzo económico demasiado grande de parte de la
comunidad y de los fieles. El P. Rizzo tuvo que conformarse por obediencia con
unos planos arquitectónicos mucho mas sencillos, pero que con el pasar de los
años, y hasta luego de la muerte del sacerdote, se irían agrandando cada vez
mas por la misma necesidad de mas espacio para los peregrinos, dándole
finalmente la razón al fundador de la devoción.
Una vez ya
asentados en el nuevo templo dedicado al Divino niño, y con la obra salesiana
creciendo de forma vertiginosa, se pudo continuar y agrandar la obra caritativa
del padre Juan que se había iniciado desde la época del antiguo templete en el
potrero San José. La costumbre era que antes y después de las misas al Divino
niño, el padre Juan y sus hermanos de comunidad repartían grandes cantidades de
pan y chocolate caliente como desayuno a los niños de las familias pobres de la
zona. Por supuesto, al comenzar a movilizarse las mareas humanas al barrio del
20 de julio para buscar al niño, la cantidad de familias en gran estado de
pobreza y necesidad que acudían al
santuario esperando un panecito y un vasito de chocolate para sus niños también
se multiplicaron de forma exponencial. De esa forma la devoción y la necesidad
crecían juntas y rápidamente.
Los salesianos
empezaron a desesperarse mientras trataban de recolectar la cantidad adecuada
de desayunos y que así ningún niño se fuera del templo con el estomago vacío.
Ante esto el padre Juan del Rizzo, seguramente después de haber tomado ánimos
al buscar la mirada de Don Bosco, su santo fundador (canonizado en 1934),
propuso junto al resto de la comunidad a los devotos del niño Jesús un apropiado
trueque. Aquellos que desearan recibir una gran gracia o milagro de parte del
Dios, debían comenzar una novena que se rezaría el primer domingo de cada mes,
empezando en enero y terminando en septiembre (lo que definiría la fiesta
patronal del Divino niño Jesús el primer domingo de septiembre), y en cada uno
de los nueve domingos, para favorecer el beneplácito del cielo a su petición,
traerían consigo una bolsa de pan y unas pastillas de chocolate para el
desayuno de los niños pobres, o un mercado de abarrotes esenciales para una
familia en necesidad, ropa para niños o adultos nueva o en buen estado y/o
cualquier otra donación pertinente para el bien de los menos favorecidos. El
sacerdote aseguró que quienes así lo hicieran serían seguramente escuchados por
el Divino niño y que en septiembre o antes recibirían respuesta favorable a su
petición. Con el paso de los meses y de los años hasta nuestros días, los
devotos confirman esta propuesta del padre Rizzo y de la comunidad salesiana.
¿Y como no iba a responder ante esto el cielo si en una sola visita se venera
la infancia de Cristo, y luego el mismo Cristo recibía de comer en la persona
de los más pequeños y necesitados?
Sin
embargo, hubo en algunos momentos silencios o grandes demoras de parte del
cielo ante las peticiones que el mismo padre Juan hacía ante su niño rey. Cada
noche antes de ir a acostarse los hermanos veían al padre Juan de pie ante la
imagen del Divino niño en el templo dándole las noches y despidiéndose,
diciendo: “Hasta mañana, si es que das permiso de que nos veamos de nuevo
acá en la tierra. Si no… en el cielo.” Pero cuando una gran necesidad o
problema lo aquejaba, no eran palabras dulces o consentidoras, sino reclamos
muy enérgicos y hasta con voz subida lo que se escuchaba, como un abuelo
regañaría a un nieto necio. Tal vez rezagos del carácter fuerte que le causó
tantas penas al inicio de su vida religiosa.
Un día lo
escucharon diciéndole: “Niño Jesús, hace meses que te estoy pidiendo empleo
para aquel pobre hombre que no tiene con que mantener a su familia. Y tu no se
lo concedes! ¿Y a ti que te cuesta concedérselo? Tú que lo puedes todo… ¡Si te fuera
difícil conceder todo esto yo no te lo pediría!” En otra ocasión se le
escuchó decirle: “Niño querido: Tú me prometiste que trabajaríamos juntos,
pero mira que no tengo como pagar un montón de deudas que se me están
acumulando. Estoy haciendo muchos esfuerzos para poder reunir los 2.000
vestidos para los niños pobres, los que les vamos a dar en Nochebuena, en tu
cumpleaños.” Otro día le decía: “Chinito lindo, mira que si no haces
esos milagros que te están pidiendo la gente ya no va a venir a rezarte. Mira
que esta es obra totalmente tuya. Yo apenas y si soy tu mendigo de pan y
chocolate.”
Después de
escucharlo en esas conversaciones y regaños sus hermanos lo atajaban y le
preguntaban: ¿Y si le hizo el niño Jesús los milagros que le estaba pidiendo? A
lo que el padre Juan respondía con sonrisa triunfadora: “Claro que si los
hizo, y aún mayores, porque Él tiene el poder y bondad para darnos mucho mas de
lo que nos atrevemos a pedir y desear. Él siempre se pasa de bueno, pero a
ratos hay que hablarle “durito”, importunarle y regañarle, porque se hace el
que no oye.”
El ocaso
de “Don Rizzo”: Un santo con una obra milagrosa pero sin proceso de
beatificación.
Fue el
padre Juan del Rizzo un verdadero apóstol enamorado del Divino niño Jesús el
resto de su vida. Veinte años después de haber llegado a América pudo regresar
a su tierra natal en Italia por solo unas cuantas semanas y allí llevó también
estampas y novenas del Divino niño (il divino bambino Gesù della Colombia). De
sus 75 años de vida y 57 de sacerdocio, 24 los consagró a la difusión de la
devoción de su niño Jesús en Bogotá. Al momento de su muerte, en 1957, la inspectoría
salesiana en Colombia publicó una carta luctuosa homenajeando su memoria y
labor pastoral, activa y fructífera como pocas. Por lo mismo es justo
reproducir aquí los últimos párrafos de tal elogio:
“El
trabajo social del Padre Juan es inmenso y es casi imposible poderlo analizar
en las breves líneas de una carta
mortuoria. El oratorio cotidiano frecuentado por más de 2000 alumnos, con
chocolate y pan para todos; las clases de catecismo; los servicios gratuitos de
médico, dentista y barbero; escuela agrícola y colegios; talleres y casa cuna;
ayudas en dinero a los necesitados; comités de beneficencia. Este el campo
inmenso del Padre Juan.
"Yo
fui el primer jefe civil y el primer párroco del 20 de Julio", decía. Pero
sobre todo fue la imagen viva de la caridad de Cristo en medio de aquella pobre
gente. De otro modo sería incomprensible el ascendiente conquistado por aquel
pobre salesiano entre pequeños y grandes, entre pobres y ricos, entre políticos
y comerciantes.
De
aspecto severo, aceptaba las ofertas a veces sin agradecer. A quien se lo
reprochaba, le respondía que las limosnas no eran para él sino para el Niño
Jesús, y que por eso no esperaran de él agradecimiento, Tenía mucha fe. Lo que
para otros habría sido un desorden sin justificación, para él era confianza,
casi diríamos, presuntuosa en la Divina Providencia.
Exactísimo
en las prácticas de piedad, participaba al primer turno de Meditación, en la
cual invariablemente usaba, cuando no teníamos aún libros escritos por
salesianos, la "Preparación a la Muerte" (de San Alfonso María de
Ligorio). La confesión semanal con confesor fijo, la hacía delante de los Salesianos
y el público. Recitaba el Santo Breviario delante del Santísimo Sacramento, del
cual era devotísimo, sellando con un beso la imagen del Niño Jesús al Gloria de
cada salmo: ilimitada e infantil confianza en el Niño Jesús, al cual confiaba
todos sus problemas en alta voz, cuando creía estar solo. Más de una vez fue visto, después de haber
conversado con personas de fuera, correr al presbiterio y dar cuenta de su conversación,
recomendándole al Señor los problemas de sus devotos.
Incansable,
nunca conoció vacaciones. La caridad lo empujaba a darse todo a todos sin
interrupción. Su fidelidad a la bella virtud era como la de Don Bosco, salvaje,
corroborada por mortificaciones incesantes en el alimento, el vestido, el
sueño. Sufrió en silencio los dolores de su enfermedad. Vivió para el Niño
Jesús y para los pobres, olvidándose de sí mismo.
La
devoción al Niño Jesús estaba extendida por toda Colombia, su obra consolidada.
El Padre Juan había cumplido su misión. El Niño Jesús, María Auxiliadora y Don
Bosco lo esperaban en el Cielo.
El 30 de
junio, fiesta de San Pablo, del que era admiradore imitador, último domingo del
mes, consagrado al Niño Jesús y día conmemorativo de San Juan Bosco, a las 4 de
la mañana, cuando las campanas del Templo construido por el Padre Juan
comenzaron a llamar a los fieles a la Misa, el Niño Jesús le susurró
dulcemente: "Ven, siervo bueno y fiel. Entra en el gozo de tu
Señor!".
No se
había visto nunca en Bogotá un funeral tan grandioso, un dolor tan general y
sincero. Una gran cantidad de pueblo y
sobre todo de niños, siguieron a la urna hasta la última morada. Hemos oído a
más de uno de aquellos muchachos, apartado por él del vicio y del hambre,
gritar con acento lastimero: "Padre Juan, no te olvides de nosotros,
continúa ayudándonos!".
Los
periódicos en primera página elogiaron la vida abnegada y la obra admirable del
Padre Juan. Las autoridades emanaron un decreto para tributarle honores especiales.
Por su parte la Inspectoría Salesiana publicará una página conmemorativa de
esta gran figura de Salesiano.”
El padre
Juan del Rizzo se encuentra sepultado a la entrada del Santuario del Divino
niño Jesús en el barrio 20 de Julio, en Bogotá (como no pudiera ser de otra
forma). Y aunque los elogios fueron profundos y edificantes, por algún motivo
la inspectoría de los salesianos nunca comenzó formalmente un proceso ordinario
para su beatificación o canonización. No se tiene registro, al menos público,
de que en algún momento se hayan hecho las averiguaciones pertinentes en la
época de su deceso ni en las décadas siguientes cuando aún vivían muchos de los
sacerdotes y hermanos que lo conocieron.
En todo
caso, y sin necesidad de aureola o altar, la obra del padre Juan siguen tan
viva como nunca. Su templo/parroquia es hoy en día designado santuario
arquidiocesano de la ciudad de Bogotá junto al de la Peña y el de Monserrate.
Las obras sociales salesianas del Divino niño siguen siendo un referente de
servicio y educación como pocos en la capital colombiana y la aglomeración en
el santuario cada domingo llega a contarse hasta en 70.000 personas repartidas
en 20 misas celebradas en cada hora del día y de forma simultánea al interior y
exterior del templo.
Los picos
más álgidos del año en cuanto a movilización de peregrinos son los primeros
nueve domingos de los meses entre enero y septiembre que terminan con la fiesta
patronal del niño Jesús, las novenas de navidad celebradas tradicionalmente
entre el 16 y el 24 de diciembre y los días de la Semana Santa, ya que, según
datos de la Alcaldía Local de San Cristóbal, solamente contando el año 2024,
cerca de 112 mil personas visitaron el santuario para la celebración del triduo
pascual, convirtiéndolo así en corazón devocional de la ciudad y centro del
turismo religioso nacional que ya también recibe peregrinaciones de fuera del
país, especialmente de México y centro América, donde la devoción del Divino
niño ha aterrizado y echado raíces.
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| -𝑇𝑢𝑚𝑏𝑎 𝑑𝑒𝑙 𝑃. 𝐽𝑢𝑎𝑛 𝑑𝑒𝑙 𝑅𝑖𝑧𝑧𝑜 𝑎 𝑙𝑎 𝑑𝑒𝑟𝑒𝑐ℎ𝑎 𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝑒𝑛𝑡𝑟𝑎𝑑𝑎 𝑐𝑒𝑛𝑡𝑟𝑎𝑙 𝑑𝑒𝑙 𝑆𝑎𝑛𝑡𝑢𝑎𝑟𝑖𝑜 𝑑𝑒𝑙 𝐷𝑖𝑣𝑖𝑛𝑜 𝑛𝑖𝑛̃𝑜 𝐽𝑒𝑠𝑢́𝑠 𝑒𝑛 𝑒𝑙 𝑏𝑎𝑟𝑟𝑖𝑜 20 𝑑𝑒 𝑗𝑢𝑙𝑖𝑜 𝑒𝑛 𝐵𝑜𝑔𝑜𝑡𝑎́ (𝐶𝑜𝑙𝑜𝑚𝑏𝑖𝑎). |
“Constrúyeme
un templo”: Madre Angélica y el Divino niño Jesús.
La fundadora
de la red internacional de televisión católica por cable Eternal Word
Television Network (EWTN) y la red de radio católica WEWN (hoy EWTN Radio),
visitó la capital colombiana en el año de 1996 mientras hacía un tour por
diferentes países latinoamericanos con la intención de expandir su red de
televisión católica también a los países hispanohablantes.
Madre
Angélica, que ya había recibido noticias de las importantes peregrinaciones que
se hacían a este santuario del sur de la ciudad, quiso ir a rezar delante de la
milagrosa imagen del Divino niño Jesús acompañada de su anfitrión en Colombia,
el P. Juan Pablo Rodríguez.
La
religiosa contó que algo extraordinario había pasado mientras estaba de pie
rezando ante la urna con la estatuilla del niño Jesús. Mientras oraba le
pareció que vio a la figura moverse al tanto que unas suaves lagrimas de
emoción caían por las mejillas de la madre. Fue el periodista estadounidense Raymond
Arroyo quien tuvo el privilegio de escuchar de boca de la misma madre Angélica
el suceso, anécdota que luego incluyó en su libro “Mother Angelica: The
Remarkable Story of a Nun, Her Nerve, and a Network of Miracles” (Madre
Angélica: la notable historia de una monja, su valor y una red de milagros).
Según
Raymond, la religiosa le contó que al momento de ver la figura moverse ella
escuchó como le hablaba directamente y le decía: “Constrúyeme un templo y
ayudaré a aquellos que te ayuden.” Aunque el mensaje parece bastante directo,
para la madre Angélica se convirtió en un acertijo pues no entendió a que se
refería exactamente con “un templo”. Quedó tan confundida que hasta llegó a
cuestionar todo tipo de interpretación y la veracidad del mensaje, así que
prefirió guardárselo como un secreto por algunos meses.
Algunos
meses después, cuando salía de la basílica de San Pedro en Roma, mientras
llegaba a la puerta vio una inscripción que decía “este templo” y como si una
venda se le hubiera removido de los ojos lo entendió todo: El niño Dios quería
que ella le construyese un santuario. No se refería a un templo espiritual sino
a un templo católico nuevo, esa era su voluntad.”
La madre
regresó a Estados Unidos, al lugar donde ya se adelantaba la construcción de su
monasterio en Alabama y cambió drásticamente los planes de la construcción. Lo
que inicialmente iba a ser una capilla sencilla para la adoración de las
hermanas de su comunidad y unos cuantos visitantes se transformó en un esplendido
santuario dedicado al Santísimo Sacramento y levantado en el estado con menor
población católica de todo el país.
Una vez
terminado ella mandó poner una reproducción del Divino niño Jesús, como lo
encontró en Bogotá, en uno de los altares laterales al interior del santuario,
y otro niño Dios con una iconografía de inspiración personal de la madre en la
explanada del santuario. De esa manera se aseguraba de decirle a Jesús infante
que le había hablado en esa capilla de sur América: “Amén, así sea.”
Para unir aún mas la devoción a la infancia de Cristo en ambos santuarios, actualmente el primer fin de semana de septiembre (en concordancia con el templo del 20 de julio) se celebra en el santuario del Santísimo Sacramento de las Clarisas de la adoración Perpetua en Alabama el “festival del divino niño” para honrar esta advocación de Cristo que habló a madre Angélica y que “fundó con sus deseos” este templo.
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| -𝑃𝑙𝑎𝑧𝑜𝑙𝑒𝑡𝑎 𝑦 𝑓𝑎𝑐ℎ𝑎𝑑𝑎 𝑑𝑒𝑙 𝑆𝑎𝑛𝑡𝑢𝑎𝑟𝑖𝑜 𝑑𝑒𝑙 𝐷𝑖𝑣𝑖𝑛𝑜 𝑛𝑖𝑛̃𝑜 𝐽𝑒𝑠𝑢́𝑠 𝑑𝑒𝑙 20 𝑑𝑒 𝑗𝑢𝑙𝑖𝑜 𝑒𝑛 𝐵𝑜𝑔𝑜𝑡𝑎́ (𝐶𝑜𝑙𝑜𝑚𝑏𝑖𝑎). |
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| -𝐶𝑎𝑝𝑖𝑙𝑙𝑎 𝑑𝑜𝑛𝑑𝑒 𝑠𝑒 𝑣𝑒𝑛𝑒𝑟𝑎 𝑙𝑎 𝑖𝑚𝑎𝑔𝑒𝑛 𝑜𝑟𝑖𝑔𝑖𝑛𝑎𝑙 𝑒𝑛 𝑒𝑙 𝑖𝑛𝑡𝑒𝑟𝑖𝑜𝑟 𝑑𝑒𝑙 𝑆𝑎𝑛𝑡𝑢𝑎𝑟𝑖𝑜 𝑑𝑒𝑙 𝐷𝑖𝑣𝑖𝑛𝑜 𝑛𝑖𝑛̃𝑜 𝐽𝑒𝑠𝑢́𝑠 𝑑𝑒𝑙 20 𝑑𝑒 𝑗𝑢𝑙𝑖𝑜 𝑒𝑛 𝐵𝑜𝑔𝑜𝑡𝑎́ (𝐶𝑜𝑙𝑜𝑚𝑏𝑖𝑎). |
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| -𝐴𝑠𝑝𝑒𝑐𝑡𝑜 𝑎𝑐𝑡𝑢𝑎𝑙 𝑑𝑒𝑙 𝑖𝑛𝑡𝑒𝑟𝑖𝑜𝑟 𝑑𝑒𝑙 𝑆𝑎𝑛𝑡𝑢𝑎𝑟𝑖𝑜 𝑑𝑒𝑙 𝐷𝑖𝑣𝑖𝑛𝑜 𝑛𝑖𝑛̃𝑜 𝐽𝑒𝑠𝑢́𝑠 𝑑𝑒𝑙 20 𝑑𝑒 𝑗𝑢𝑙𝑖𝑜 𝑒𝑛 𝐵𝑜𝑔𝑜𝑡𝑎́ (𝐶𝑜𝑙𝑜𝑚𝑏𝑖𝑎). |
Jhonatan
Alarcón, 2026
Fuentes:
Nueve domingos y novena bíblica al Divino niño Jesús – Apostolado bíblico
católico – editorial salesiana, 2014.
Carta luctuosa
en memoria del P. Juan del Rizzo Battistón S.D.B por el inspector salesiano
Sac. Ángel Bianco. PDF, 1957
La devoción de Madre Angélica por el Divino Niño Jesús – Aciprensa, 1 de septiembre de 2024

















